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Patologizando la menstruación
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Por Raquel Ramírez Salgado
Feminista, con Maestría en Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Un sábado cualquiera, una amiga me ofreció un producto novedoso; se trataba de la Copa Menstrual, un pequeño objeto de plástico en forma de capuchón, el cual debe ser colocado dentro de la vagina con el fin de que se acumule la sangre expulsada durante el ciclo menstrual. Debo confesar que, al principio, usar la Copa Menstrual no me pareció tan buena idea (me causó repulsión imaginar cómo caerían, una a una, las gotas de sangre), pero casi al instante me di cuenta de que mi negativa partía de la forma en la que he significado la menstruación, es decir, como un proceso sucio, incómodo, doloroso, desagradable y forzado ("no me queda de otra, soy mujer").
Recuerdo a detalle el primer día que menstrué; jugaba con mi hermano, brincábamos en la cama, él se dio cuenta que mi ropa interior estaba manchada, para mí eso representó el fin de mi niñez (a pesar de solo tener 11 años) y el inicio de una serie de cambios "irreversibles" en mi cuerpo, en mi vida y en mi condición, situación y posición como mujer. Ahora me percato de que el patriarcado escinde a las mujeres de su propio cuerpo, para que lo desconozcamos y rechacemos. Y es que para una niña es complicadísimo saberse expuesta de esa forma: te educan para que las toallas sanitarias sean secreto de Estado (me acuerdo cómo las ocultaba cuando iba al baño de la primaria, para que nadie supiera que pasaba por algo tan "vergonzoso", que me diferenciaba de las niñas que aún no experimentaban esto); los lunes de homenaje a la bandera eran una tortura, y cómo no, si la falda blanca era una amenaza, una vía para evidenciar, para que la sangre roja e intensa se impregnara.
Y cuando una es adulta, las cosas no cambian mucho, ya que, sumado al terror de manchas rojas en la ropa, los eufemismos hacen acto de presencia. "Andrés", "andar así" (¿así cómo?), "andar en mis días" son algunas de las denominaciones eufemísticas de la menstruación. Y qué decir de todo aquello que se le atribuye a la menstruación, como ser la responsable de "bruscos" cambios de estado de ánimo, y aunque es innegable que se produce una alteración y movimiento en nuestras hormonas durante el periodo menstrual, no hay que olvidar la influencia de la significación de éste (bueno, y dicho sea de paso, a veces, sin estar menstruando, quiero "matar" a medio mundo, así que la influencia de las hormonas es una falacia). Quién diría que la cultura tiene este impacto en los procesos del cuerpo.
Debemos detener esta patologización de los procesos orgánicos de nuestros cuerpos; tenemos que conocernos para poder identificar cuando algo no anda bien. Pero lo anterior no se limita a decisiones personales, sino a crearnos estrategias colectivas frente a la expropiación patriarcal y estructural del cuerpo de las mujeres.
¿Debe gustarnos o desagradarnos menstruar? Ni una ni otra, simplemente hay que dimensionar que esto es inherente al cuerpo de las mujeres con ovarios, útero y vagina, pero que no debería causar el menor alboroto. Valdría la pena echar un vistazo a las imágenes captadas por la fotógrafa Emma Arvida Bystrom [1] (la serie There will be blood ), en las que justamente se pretende desmontar toda esta carga peyorativa a la menstruación: ¿Por qué nuestra sangre es motivo de vergüenza pública?
Aún no he probado la Copa Menstrual [2], pero de entrada, mi amiga me hizo ver las posibles ventajas, que van desde el ahorro de dinero, evitar que nuestra mucosa tenga contacto con toallas hechas con algodón lleno de pesticidas, y sobre todo, porque nos obligaría a conocer nuestra vagina, a arreglárnoslas para doblar e introducir un objeto a ese "orificio" que casi nunca exploramos, consentimos ni valoramos. Ya les contaré una vez que me decida.
Notas:
[1] Disponible en: http://www.vice.com/en_au/read/there-will-be-blood/49489
[2] Para informes sobre la Copa Menstrual, visitar el perfil de Facebook: https://www.facebook.com/magas.pachuca




