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La vida misional y el papel de las mujeres en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Juchitán, Oaxaca





Foto: Brenda Ayala/MujeresNet


Por Francisco Javier Valdivieso Alonso
Comunicólogo, Antropólogo social y estudiante de Psicoanálisis.

El autor expone la vida misional de los mormones de Oaxaca, al igual que el rol que la mujer desempeña en este grupo religioso: la mujer ideal es la esposa y madre.

El presente texto es la síntesis de una experiencia de campo llevada a cabo en la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, pretende exponer la vida misional de los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tradicionalmente conocidos como mormones, el llamamiento para la ejecución de este servicio y su proceso y, por último, exponer el papel jugado por las mujeres de este grupo religioso.

La vida misional

En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el sacerdocio es el poder y la autoridad de Dios. Por medio de este poder el universo se mantiene en orden perfecto. Dios, Padre Celestial, comparte el poder del sacerdocio con los varones dignos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que les permite actuar en nombre de Dios para la salvación de la familia humana, para predicar el Evangelio, administrar las ordenanzas de salvación y gobernar el reino de Dios sobre la tierra. Otra de las razones por las cuales es necesario el sacerdocio sobre la tierra es para que los varones puedan comprender la voluntad del Señor y llevar a cabo sus propósitos. Dios revela su voluntad a su representante autorizado del sacerdocio sobre la tierra: el profeta. El profeta, quien es a su vez el Presidente de la Iglesia , sirve como portavoz de Dios para todos los miembros y para todos y todas quienes vivimos en la tierra.

"Cuando un hombre utiliza el sacerdocio 'por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero, puede bautizar y confirmar, administrar el sacramento de la Santa Cena y bendecir a los enfermos. Puede dar bendiciones del sacerdocio a los integrantes de su familia para alentarlos y protegerlos cuando tengan necesidades especiales. Puede también ayudar a otras familias con esas ordenanzas y bendiciones cuando se le pide que lo haga". (Doctrinas y convenios 121: 41)

Siguiendo con la administración y organización del sacerdocio, éste se divide en: sacerdocio de Melquisedec y sacerdocio aarónico, conocidos como sacerdocio mayor y menor, respectivamente. El sacerdocio aarónico es un estado preparatorio para recibir el sacerdocio mayor a la edad de 18 años, cuando a un joven se le confiere el sacerdocio aarónico se le ordena a un oficio: diácono, maestro, presbítero y obispo. Cada uno de esos oficios tiene deberes y responsabilidades propias, pero en general, sus funciones son las siguientes: repartir la Santa Cena, actuar como acomodadores en los servicios, mantener en orden los edificios de la Iglesia y sus alrededores, actuar como mensajeros de los líderes del sacerdocio y cumplir asignaciones especiales tales como recolectar las ofrendas del ayuno (diácono), visitar las casas de los miembros de la Iglesia, exhortarlos a vivir los principios del Evangelio, preparar el pan y el agua para el servicio sacramental (maestro), hacerse cargo de las reuniones cuando no haya un poseedor del Sacerdocio mayor presente (presbítero); administrar las finanzas y los registros y dirigir el cuidado de los pobres y los necesitados. Un varón avanza en estos oficios cada vez que la máxima autoridad considera que es momento de adquirir nuevas responsabilidades y se realiza por medio de la imposición de manos. Los oficios del sacerdocio mayor son Élder, Sumo Sacerdote, Patriarca [i], Setenta, Apóstol y Profeta. En Juchitán, Oaxaca no existe ninguna persona que desempeñe alguno de los últimos cinco oficios.

Todo varón mayor de 18 años que reciba el sacerdocio mayor recibe un llamamiento a ser misionero de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, estos misioneros reciben el nombre de élderes (que significa anciano), se les nombra así por el valor de sus consejos y guía. En México, a diferencia de Estados Unidos y otros países, los élderes inician la vida misional a los 18 años, edad promedio en la que egresan de la preparatoria. El primer paso para ingresar a la vida misional es el llenado de un formulario que incluye lo siguiente: datos personales, resultados de exámenes de orina y sangre, rayos X de tórax para confirmar que están sanos de los pulmones y del corazón, además se aplican vacunas contra el sarampión y la rubiola y se realizan un examen odontológico minucioso. Esto tiene como finalidad verificar la buena salud para el rendimiento eficaz de los candidatos por los siguientes dos años. Estos documentos se envían a las Oficinas centrales en la Ciudad de México, quienes a su vez, las hacen llegar a las Oficinas Centrales de la Iglesia en Salt Lake City, Utah, donde el Profeta personalmente revisa cada expediente y por revelación designa el lugar en el que cada joven realizará su misión. Posteriormente se regresan estos documentos, el tiempo que transcurre oscila entre los 3 y los 6 meses y al llegar a sus destinatarios, éstos conocen el "llamamiento" a la región en la que realizarán su obra. Se especifica además cuando iniciará la misión y el dinero que requieren para trasladarse. Si el joven no es de la Ciudad de México se le pide estar presente un día antes, un comité de la Iglesia los recibe en el aeropuerto y los trasladan al Centro de capacitación misional (CCM), generalmente llegan jóvenes de todo el continente americano y en algunas ocasiones proceden de Europa. En este centro, inmediatamente, se les asigna un compañero por las tres semanas que vivirán en las instalaciones del Centro. Cada tres semanas se realiza el entrenamiento y pueden recibir entre 30 hasta 200 jóvenes por generación.

El itinerario de actividades consiste en levantarse a las seis de la mañana, realizar una oración individual y después una con su compañero de habitación, los minutos restantes los emplean para el aseo personal, a las siete se sirve el desayuno, a las ocho inicia formalmente la capacitación: el aprendizaje de principios y lecciones para el ejercicio misional es el eje retórico fundamental. De 10:30 a 10:45 toman su primer receso. De 10:45 a 12 continúa la capacitación. A las 12 se sirve la comida y después toman un descanso de la 1 a las 3 pm. De 3 a 5:50pm prosigue la capacitación, de 6 a 7:30 toman la cena y de 7:30 a las 9pm nuevamente se entrenan. A las 9pm deben dirigirse a sus dormitorios y queda prohibido salir de las habitaciones después de esa hora.

A la capacitación se les tiene restringido un equipaje mayor a 40 kgs., libros recreativos no procedentes de la editorial de la Iglesia. Al final de la capacitación de 20 días, se les entrega una credencial que los acredita como miembros fieles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. De ahí se dirigen a los estados asignados previamente y comienza el proselitismo, es decir, la misión.

Los objetivos de la misión son: proselitar (intento y esfuerzo activo de conversión) y convertir a la mayor cantidad de personas al mormonismo, como comúnmente se le conoce a esta religión. La vida misional sugiere una serie de reglas a seguir, ya que la misión es un prototipo de vida, haciendo hincapié en la autonomía económica. Aunque básicamente los misioneros usan pantalón oscuro, camisa blanca y corbata, ellos consideran que su vestimenta no es un uniforme y se presentan de esta manera con el fin de agradar a las personas a quienes visitan. No pueden tener novia o ir al cine para no distraerse de la obra que están realizando. Entre semana, los misioneros se organizan con los miembros de sus capillas o iglesias para realizar actividades recreativas como jugar fútbol o basquetbol, especialmente los días miércoles. Tienen prohibido nadar, la explicación es la siguiente: "Satanás tiene poderío sobre las aguas del mundo, entonces nosotros estamos aquí al Señor Jesucristo, Satanás se querrá deshacer de nosotros, estando en el agua sufrimos de ahogamiento y podemos morir" (Élder Olivares, comunicación personal). Existen muchas historias de misioneros muertos por ahogamiento que avalan este argumento. Otras reglas que deben llevar a cabo son: iniciar el día con una oración individual y una más con el compañero. Estar junto al compañero es una condición para ayudarse mutuamente a cumplir la obra, ya que como siervos de Dios también están sujetos al Diablo. La vida misional es una preparación para la vida posterior en matrimonio, por lo que se les pide que paguen los gastos de su misión, el costo depende del estado de la República en el que son asignados, por lo que la mayoría trabaja previamente antes de salir a la misión. En otros casos las familias tienen que depositar el dinero a las oficinas centrales una vez que sus hijos estén en la obra. En torno al compañerismo, la idea de estar acompañado es porque se espera que posteriormente al contraer nupcias se tendrá una compañera para el resto de sus vidas. El matrimonio civil, y posteriormente el religioso, en los adultos, es una precondición para ser miembros de la Iglesia o haber nacido en el evangelio y/o estar soltero. Los miembros de esta iglesia consideran que Dios bendice a las familias a través del matrimonio, aunque sí existe el divorcio civil, pero para Dios unirse en matrimonio en la tierra es también "sellarse" en los cielos. Salvo en caso de muerte de uno de los cónyuges, el matrimonio en los cielos se disuelve y se aprueba que se vuelvan a casar, sobre todo los varones, la mayoría de las mujeres que enviudan permanecen en este estado hasta su muerte. Otra regla de la vida misional es el manejo racional y moderado de la economía, ya que se les deposita quincenalmente para cubrir los gastos de transporte, ropa y comida, ellos se pagan los desayunos y cenas, los otros miembros de la Iglesia se turnan para ofrecerles las comidas. Los misioneros en Juchitán reciben alrededor de $1,700 hasta $2,200 mensuales, pero esto depende del incremento o la baja del dólar, lo que sugiere que están insertos en una lógica económica capitalista/neoliberal. El pago de la renta de la casa y servicios como luz, agua y gas lo cubre la Iglesia. En Juchitán hay 9 casas para misioneros, en ella viven de dos a cuatro élderes, no más, ellos mismos son los encargados del quehacer doméstico. En esta misma localidad desde hace poco más de cuatro años no han llegado a proselitar mujeres misioneras. En Ciudad Ixtepec, aproximadamente a treinta minutos de Juchitán, en el año 2009 habían dos de ellas, en los últimos tres años no se ha contado con la presencia de misioneras. Respecto a los cambios de residencia, los élderes tienen una movilidad continua, las estancias oscilan entre seis y dieciocho semanas en cada lugar asignado. Y deben cubrir de una a dos áreas dentro de un mismo estado si hay pocos misioneros en la localidad, cada área incluye a por lo menos tres colonias.

Las actividades formales de los élderes comienzan de 9 de la mañana a 9 de la noche, los días lunes son días libres para ellos, generalmente se presentan a las capillas con el Obispo para recibir la correspondencia que les envían sus familiares y amistades. Se espera que diariamente actualicen su agenda personal y la carpeta de área, la cual es una base de datos de las colonias que cubren, deben incluir los datos de las y los nuevos "investigadores" -personas no miembras de la Iglesia que son contactadas por referencia de otros miembros o contactos hechos en la calle y que se mostraron interesadas en aprender acerca de la Iglesia-. Deben actualizar la información de las y los recién conversos, mapas del área, información del barrio, información de las condiciones de las viviendas y las dinámicas de sus inquilinos/as.

Habitualmente, los élderes brindan tres lecciones, la primera se titula "la restauración de la Iglesia de Jesucristo", que incluye información acerca del Evangelio, la restauración de la Iglesia por su líder carismático: José (Joseph) Smith; la segunda venida de Jesucristo y el Libro de mormón: el libro más correcto sobre toda la tierra, ya que según refieren, es el libro que contiene la Verdad. La segunda lección encierra tres preguntas: ¿de dónde venimos, en qué estamos y a dónde vamos? En el que se enseña la "Gloria telestial, la terrestre y la celestial" (por razones de espacio no se describirán). Y la tercera lección se titula "El Evangelio de Jesucristo", que habla acerca de las cinco cosas que se espera que se hagan en este mundo: la primera es vivir por fé; la segunda versa sobre el arrepentimiento; la tercera gira en torno al bautismo; la cuarta es la llamada Don del Espíritu Santo y, por último: perseverar hasta el fin.

A las personas (investigadores/as) que se les están brindando las lecciones se les hace una invitación a ser bautizadas en la segunda lección, además se le exhorta, por lo menos en dos ocasiones, a la capilla brindándoles un panorama del quehacer de la iglesia y evaluar si es o no de su agrado. A partir de los compromisos de la oración y seguimiento de las lecciones y mandamientos se esperan cambios en las y los posibles conversos, este proceso puede llevarse a cabo, incluso, en dos semanas. Se promueve que la decisión de cambiar sea inmediata; esta inmediatez en el bautismo al mormonismo plantea el desafío a recibirlo (el bautismo) para abrazar el don del Espíritu Santo, que es un compañero fiel y perenne que auxilia en los momentos más crudos y en las aflicciones de la vida cotidiana. Cabe señalar que incluso las personas no miembras de la Iglesia , según refieren los élderes, cuentan con la compañía del Espíritu Santo, pero se reduce a una influencia. Sólo mediante el bautismo por imposición de manos se puede gozar y morar con él además que él otorga instrucción, guía al/a la bautizada. La conversión sólo se puede dar por libre albedrío, se sugiere que el bautismo se realice a partir de los ocho años, edad que consideran en la que cualquier persona posee cabalidad de sus actos y pensamientos y puede distinguir que no se trata de "un lavado de cerebro". Los élderes buscan establecer relaciones de confianza con las personas miembras y no miembras de la iglesia, muestran acciones de interés real en ellas. De acuerdo con un misionero el objetivo de involucrarse con las personas es "que ellas sientan que no llegamos nada más a bautizarlas, porque ven misioneros ¿y qué dicen? Pues quieren que se bauticen cuando realmente sólo queremos que se acerquen a Jesucristo, entonces ésa es la intención... que la persona sienta que no estamos nada más para bautizar a mucha gente sino que ella siente, pues, queremos conocerle y queremos apreciarle, queremos amarle como a un hermano, ¿no?" (Élder Vázquez, comunicación personal).

Los misioneros deben poseer la capacidad de percibir el interés de sus contactos, si estiman que estos contactos no tienen el afán de compromiso, el deseo de cambio, los abandonan, ya que estiman que no deben invertir tiempo y energía en aquellas personas que no se constituyan como conversos/as potenciales. Al respecto un misionero refiere lo siguiente: "claro, no vamos a tomar el cambio repentino de un día para el otro, ya dejó de tomar, ya dejó de fumar, por ejemplo, 'ya no fumo al día siguiente, ya paré'. No, porque hay una dependencia, pero pues si vemos que en una semana el chavo pues no dejó de tomar ningún día y aún así pues le pusimos una meta para que dejara de tomar unos días y no trabajó en ella pues lo dejamos porque vemos que no quiere cambiar" (Élder Olivares, comunicación personal). El empleo del término meta es un lugar común en la jerga de la vida misional, se plantean metas a las y los 'investigadoras/es', buscando algo que se pretende lograr, trabajando y perseverando en ello.

Cuando los élderes extienden la invitación al cambio, es decir, a bautizarse, se espera que sean las personas, quienes usando su libre albedrío decidan los cambios en sus vidas, mediante los compromisos y metas que los primeros promuevan. "Cuando uno le hace la invitación, pues no es luego luego para que se bauticen, puede pasar todavía otra semana, otras dos, pero se le sigue enseñando y se le invita a la persona a que sea mejor" (Élder Sánchez, comunicación personal).

El papel de las mujeres en la Iglesia

Se calcula que alrededor de 5,000 misioneros están activos al año en el área México, de los cuales menos de 30 son mujeres, que en términos porcentuales indica que la participación de las mujeres mormonas en su calidad de misioneras representa tan sólo el 0.60% del total de misioneros. Esta segregación se debe, en primera instancia, a que no se fomenta que las mujeres miembras se enrolen como misioneras; su función primordial es realizar trabajo reproductivo al interior de las familias y de la iglesia; el tercer punto es que las mujeres no reciben los mismos nombramientos y llamamientos que los varones, ellas no poseen el poder del sacerdocio, lo que desvela la desigualdad estructural al interior; el cuarto punto a considerar que no se aliente la realización de este servicio por un lapso de dos años es por la creencia de los riesgos de la misión y la afectación directa para ellas, que van desde condiciones adversas en relación al clima o contexto de los destinos hasta la exposición a la violencia social de género o por la intolerancia religiosa de miembros de otros grupos religiosos; otro factor es que se considera que las solteras deben estar estudiando o bajo el resguardo de su familia nuclear; todo lo anterior visibiliza la segregación de las mujeres en la promoción y toma de decisiones al interior de la iglesia; por último, su presencia en las iglesias y capillas es más importante ya que dan cohesión al grupo, a las familias y a las comunidades.

[...] al estudiar la religiosidad podemos partir de las experiencias personales de los creyentes, como los milagros y las experiencias místicas, pero la participación grupal, la comparación de creencias, normas y comportamientos generan sentimientos e ideas de unidad, y cada persona percibe que no se encuentra sola, que hay otros iguales a ella. La mayoría de los grupos religiosos basan su fuerza espiritual en los rituales colectivos: la colectividad religiosa define, marca y establece las normas y las adecuaciones al mandamiento religioso histórico. (Tinoco, 2005:33).

Podemos entender el papel de las mujeres en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días si nos planteamos cuáles son los valores que se esperan de ellas. Estos valores son prescripciones rígidas o sutiles, pero evidentemente no siempre son cumplidas. Es importante resaltar que para los grupos protestantes o cualquier otro no católico en nuestro país, la conducta de sus miembros y la vida en sí misma es una forma de predicación. Su testimonio primordial no son sus discursos sino sus prácticas. "Hay un reconocimiento de que el individuo debe ser un símbolo viviente de lo que debe ser un creyente" (Garma, 2004: 180).

La explicación del por qué las mujeres no poseen el poder y la autoridad del sacerdocio se justifica en que ellas son "coherederas de Dios", es decir, que pueden dar vida, son las reproductoras de la familia humana. Este hecho encuentra su origen, según refieren los miembros de esta iglesia, Dios lo sugirió así para establecer la equidad sexual, de acuerdo a los códigos que los rigen. Las disciplinas del comportamiento humano nos han enseñado que las religiones están cimentadas en relatos míticos, en el sentido que se construyen a partir de narraciones y alegorías que explican el origen del mundo y de la humanidad, creando un sistema jerárquico de orden político, de esta manera asignan a sus miembros, hombres y mujeres, roles, actividades y posiciones por desempeñar, siendo los varones los detentadores del poder religioso y de la conducción de los grupos.

Desde el punto de vista de la significación, la religión constituye un "sistema modelante secundario de la cultura y un núcleo privilegiado de elaboraciones simbólicas en donde la participación diferenciada por género nos ofrece un espacio de observación para el estudio de estas expresiones culturales. Este tipo de análisis nos permite subrayar las formas de interacción social a partir de la diferenciación sexual expresando relaciones de poder y de significación relacional, apoyadas por las estructuras básicas de la sociedad y las elaboraciones ideológicas y simbólicas". (Ortiz, 1999: 79).

Entre las normativas de este grupo se espera que las mujeres mormonas cuiden su apariencia, evitando dar una imagen de excesiva sensualidad; sin embargo, no poseen ningún veto en relación a los códigos indumentarios y tienen la posibilidad de recurrir a cualquier artificio para embellecerse. Los días domingos en el servicio sacramental, es común observar que todas las miembras de esta iglesia asistan maquilladas, aunque evitan el uso de escotes y faldas por arriba de la rodilla. Es responsabilidad de las mujeres que sus hijos e hijas asistan al servicio dominical con limpieza y vistiendo agradablemente. Se fomenta que mujeres y varones miembros no asistan a fiestas, bailes o a otra clase de eventos recreativos en los que medie el consumo del alcohol o que consideren profanos. A ellas se les pide que muestren recato cuando en público, si no cumplen esta última regla son duramente criticadas, tanto por los miembros como por los no miembros de la iglesia.

Respecto a la salud reproductiva, existe un consenso regular entre las y los miembros a aceptar el control de la natalidad con métodos naturales, rechazan el uso de anticonceptivos, ya que el objetivo del intercambio sexual es reproducirse para poner hijos e hijas al servicio de Dios y no por fornicio. La práctica sexual se reduce a la esfera del matrimonio, se prohíbe toda clase de actos sexuales fuera del matrimonio. En relación al uso y conducción del cuerpo, féminas y hombres deben cuidar su cuerpo, ya que se trata de "un préstamo de Dios", realizando exclusivamente acciones y funciones naturales, por lo que la ingesta de alcohol, el consumo de tabaco y otras drogas, la realización de tatuajes o perforaciones están mal vistas, con excepción de la perforación de los lóbulos en las mujeres. Y por supuesto, se oponen a la transgresión de los códigos indumentarios por parte de hombres y mujeres.

El ideal de la mujer es la mujer casada. Aunque las esposas no deben tratar de sobresalir por encima de sus maridos ni usurpar sus funciones, por lo que son subordinadas de sus parejas y segregadas en distintas áreas del desarrollo, sostenido en los códigos éticos de este grupo. Como es de esperarse, rechazan toda manifestación espontánea de la sexualidad, por lo que condenan prácticas sexuales como la homosexualidad y la lesbiandad. Todo esto crea una disonancia cognitiva en Juchitán, una comunidad caracterizada y mitificada por ser una sociedad matriarcal y permisiva respecto a la diversidad sexual. Para Estela Serret, "la religión crea una representación sagrada de la femineidad que puede leerse en la conjunción de figuras-modelo, preceptos y lecciones dictadas por la palabra divina. Las mujeres, en el espacio de lo profano, han de regirse por esa representación, procurar perseguir su modelo y abandonar su ser. La verdad revelada les enseña que son femineidad, que eso es malo, y que para aspirar a ser buenas -para entrar en el ámbito de la salvación- deben negarse a sí mismas, negar su verdad esencial" (Serret, 2006:127)

La práctica religiosa, tradicionalmente considerada como un asunto que las mujeres viven con mayor intensidad, es una práctica con instancias tanto públicas como privadas. "La ortodoxia religiosa [...] excluye al sector femenino del magisterio y gobierno de la Iglesia, reduciendo su papel y participación pública a ser receptora de los códigos y normas que impone la jerarquía masculina institucionalizada, excluyéndola de las instancias de decisión". (Montiel citada por Ortiz, 1999: 80). Las mujeres se ocupan de grupos auxiliares en la iglesia, desempeñan cargos como presidenta y consejeras de la Sociedad del Socorro, la esposa del Obispo no necesariamente es la presidenta de la Sociedad del Socorro, estos cargos se designan por "revelación", así como la asignación del área en la que los jóvenes élderes realizarán su misión. El único papel protagónico que viven las mujeres mormonas es ser maestras en la escuela dominical, "llamamiento mayor" y típico que reciben, fuera de éste su acción y posición es marginal.

En su discurso moderno, las iglesias mantienen su posición tradicional y entran en conflicto respecto al papel de igualdad social que la sociedad moderna le reclama, sometiendo a las mujeres al cumplimiento de un papel específico: el de madre y esposa, y a una sola función: el cuidado del hogar, restringiendo de manera discursiva la participación femenina en los ámbitos públicos de participación igualitaria y en las actividades productivas económicas (Mensaje a las mujeres, Concilio Vaticano II, 1986). En el ámbito de participación privada, la mujer es quien se encarga principalmente de mantener la socialización de la cultura religiosa al tener como encomienda la transmisión de normas, valores y conductas emitidos por la institución religiosa de pertenencia. Así, se vuelve la reproductora de su propia alineación que le impone su participación eclesial genérica. (Ortiz, 1999: 80).

Desmantelar los discursos y las prácticas de la discriminación de las mujeres en el contexto religioso, comunitario, familiar e interpersonal, planteando la importancia del involucramiento real y la participación activa de las mujeres, su acceso a los oficios y funciones en la toma de decisiones y de mando de las iglesias a partir de desestabilización de los hechos legitimadores del poder patriarcal y de la promoción de las figuras-modelo del imaginario religioso para las mujeres (las encarnaciones de la santidad y la malignidad), deben ser los desafíos de las mujeres mormonas (y de otros grupos religiosos). Por su parte, los hombres deben fomentar la equidad sexual, desarticular las normas opresoras contra las mujeres, de esta manera construirán una iglesia más respetuosa, igualitaria y justa, de cara a los cambios del nuevo siglo.

Referencias Bibliográficas

1992 Church of Jesus Christ of Latter Day Saints. Doctrinas y Convenios. Versión castellana. Editorial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Utah (USA).

2004 Garma, Carlos. Buscando el Espíritu, Pentecostalismo en Iztapalapa y la ciudad de México. Universidad Autónoma Metropolitana-Editorial Plaza y Valdés, México.

1990 Lerner, Gelda. La creación del patriarcado, Editorial Crítica, Barcelona.

1999 Ortiz Echániz, Silvia. "Las relaciones de género en el ritual espiritualista trinitario mariano" en: Alteridades, número 18, año 9, enero-junio 1999, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, México.

2006 Serret, Estela. El género y lo simbólico. La constitución imaginaria de la identidad femenina, Editorial Instituto de la Mujer Oaxaqueña , México.

2005 Tinoco Amador, Josué. "Psicología social de los conflictos religiosos" en: Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, número 59, año 26, julio-diciembre 2005, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, México.

[i] No parece fortuita la elección de la nominación de este oficio. Gelda Lerner en su obra "La creación del patriarcado" define que el término patriarcado es "la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general" (Lerner, 1990: 11). A quien ejerce este dominio se le denominada patriarca. Como sabemos, la religión es una de las instituciones patriarcales que tienen por finalidad determinar el papel que las mujeres deben interpretar en la sociedad. Estela Serret argumenta que la religión entraña una especialización de los discursos: produce saberes sólo asequibles a un grupo de iniciados y distingue, con ello, entre los poderes religiosos y los civiles, aunque esto no implique la separación radical entre ellos (2006: 123).







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