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Domingo sombrío: desesperanza y suicidio





Foto: Brenda Ayala/MujeresNet


Por Aura Sabina
Estudió Ciencias de la Comunicación (FCPyS), es poeta y colabora en varias revistas independientes.

Tristeza profunda, desinterés ante las actividades, dormir mucho, etc., son síntomas que, explica la autora, hacen visible el suicidio, mayormente en mujeres debido a la presión por cumplir con los roles de género.

"Mi corazón y yo hemos decidido terminar con todo.
Pronto vendrán las velas
y las oraciones, yo sé".
Billie Holiday

Media ciudad ha enloquecido con la alfombra lila de jacarandas; las buganvilias se desparraman por las paredes empedradas o las rejas viejas. Hace algunos días, desde su terraza, una amiga te ha convidado a contemplar uno de los más bellos atardeceres. Es domingo, lo sabes, y por eso escuchas a Diamanda Galás; la temperatura marca 25 grados; la luz solar es esplendorosa... y a ti, todo esto te importa un carajo.

Te descubres buscando en internet las maneras más eficaces e indoloras de suicidio. Ves videos e incluso sientes tentación por conseguir el Completo manual de suicidio de Wataro Surumi, que tanto éxito ha tenido (y obvio, no está disponible en tus librerías favoritas). Te han enseñado a disimular lo que sientes, a contestar "muy bien" cuando te preguntan cómo estás. Llevas meses queriendo decir que no, que nada marcha bien y que te sientes confundida. Pero no lo haces, ni siquiera con los más cercanos. O a veces. Mejor, pones cara de paz interior, de felicidad de domingo por la tarde. Alguno que otro amigo te ha leído entre líneas, a pesar de que seas críptica. Te invita a desertar. ¿Tú qué sabes lo que verdaderamente siento?, piensas.

Podrías precisar desde cuándo. Hace dos meses. O más bien, cuatro. Es tanto el tiempo que llevas desencantándote, creyendo menos en la gente, en el futuro, siempre incierto, cada vez más estrecho. Ya no crees en el mañana, en las promesas. En ti misma. Y ni siquiera es que todo lo anterior no tenga compostura. Muy probablemente, sí, pero crees haber perdido , la capacidad para afrontar el mundo, así, tal cual viene. Te sabes responsable de ti misma. Y, aunque leas diariamente esas frases motivacionales que alguno de tus contactos del feisbuc ha puesto, aunque empiecen a abrirse oportunidades, salgas a la calle y te digan ¡guapa!, tengas chance de encontrar, por fin, el trabajo que deseas, aunque te has levantado de otras, peores, y a pesar que de vez en cuando puedas ver a las personas que más quieres, has resuelto no vivir. Y no hay marcha atrás, aseguras.

Un día, sin entenderlo del todo, te abres con una extraña, coetánea, quien te cuenta que desde hace un año ha pensado lo mismo. Y se lo cuentas a una amiga y descubres que también ella lo ha pensado, pero la detiene recordar que su tío se ahorcó en su casa (la misma donde vive tu amiga) hace cinco años y que su familia todavía no lo supera. En realidad, la depresión es más común de lo que imaginamos. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, se estima que entre el 12 y el 20 por ciento de la población mundial la padece. Y que, a causa de ésta se registran 3 mil intentos de suicidios, cada día.

En los últimos 15 años el suicidio se ha incrementado en un 200 por ciento. Es la tercera causa de muerte en jóvenes en México y, aunque los hombres son quienes mayoritariamente logran consumarlo (11, por cada 2 mujeres), es en las mujeres donde se encuentra el doble de ideas y planeaciones suicidas Algunos estudios señalan que al menos 31 jóvenes han intentado quitarse la vida por primera vez; 4 eran hombres y 27 mujeres [1].

Las causas son múltiples; las más comunes: violencia intrafamiliar, falta de oportunidades de progreso económico, depresión post-parto, violencia en la relación de pareja, acoso laboral o escolar, bullying [2]; poco acceso a la educación, incertidumbre en el futuro, decepciones amorosas, desajustes hormonales... Las enfermedades mentales asociadas al suicidio son la depresión y la esquizofrenia.

Y es que es muy fácil determinar que no duele la cabeza, los riñones, los huesos. Pero cuando se enferma nuestra alma ¿en qué ultrasonido sale? Por ignorancia, se confunde la depresión con pereza, gripa, cruda, síndrome premenstrual (¿todo el mes?), falta de vitaminas... Y se prefiere ponerle todos los eufemismos posibles antes que admitir que hay un problema emocional, que casi siempre afecta a nivel orgánico (la producción de serotonina, sobre todo, la cual nos ayuda a disfrutar de la vida y a disminuir la sensación de dolor). Por otro lado, los trastornos mentales siguen siendo, hoy por hoy, un tabú. Muchas personas no se acercan a los y las médicas para su correcta diagnosis. Innumerables religiones han intentado curarla, pero si no se recibe la atención adecuada, es decir, la médica, las consecuencias pueden ser fatales.

La revista JOVENes del Instituto Mexicano de la Juventud, Imjuve, publicó, en 2010, que 3 millones 321 mil 762 jóvenes de entre 12 y 29 años manifestaron tener por lo menos una idea suicida en el año. Sobre todo, mujeres de 15 a 24 años, aunque el grupo de edad de 12 a 14 años también tiene una representación importante. En los hombres el rango de los 15 a los 29 años son quienes manifestaron que lo pensaron alguna vez.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señala que en 2010 se registraron en el país 5 mil 12 suicidios (cifra que duplicó a la que se presentó en 1990), de los cuales 29.6 por ciento (mil 483) fueron cometidos por ciudadanos desempleados de 12 años o más.

Seguramente todas y todos hemos experimentado, por lo menos alguna vez, una tristeza profunda. Creo que es una consecuencia de la naturaleza humana y su dinámica. Pero, ¿qué es lo que distingue a un o una triste por temporada (un duelo, una situación traumática reciente, cambios bruscos en el estilo de vida, un desastre natural) de un o una melancólica per se? Y, de esas personas afectadas por la melancolía, ¿por qué algunas se suicidan? O quizá debo preguntar ¿por qué no todas se suicidan? ¿Qué lleva a una persona a luchar contra su instinto de supervivencia, contra su ego, su apego al mundo? ¿Serán cobardes, como tanta gente insensible (digo yo) se atreve a llamarles? La OMS señala que quitarse la vida es resultado de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociales, culturales y ambientales. Se dice que no es un acto racional (y cómo llamar entonces al acto de cavilar cómo cerrar el ciclo de la vida, cómo despedirse y, finalmente, cómo consumar el acto) y que se debe a la falta de oxigenación en la sangre y, evidentemente, en el cerebro.

En México las cosas no son sencillas. Desde la crisis de 2008 millones de personas se han quedado sin empleo; quienes lo conservan, explican que ahora deben realizar el doble de actividades por el mismo sueldo. La controversia de los comicios del pasado 2 julio, la delincuencia organizada y sus consecuencias, el alza de los precios, las reformas, las contingencias ambientales... Todo ello genera un alto grado de estrés e incertidumbre en la población. Se generan estados alterados, colectivos o individuales, con repercusiones palpables en nuestra salud integral. Y, aunque las enfermedades del cuerpo son las más atendidas, también es cierto que el consumo de antidepresivos y ansiolíticos van en aumento. Sin embargo, no todo termina aquí, pues a pesar de que los medicamentos son de gran ayuda, en muchas ocasiones, lo que más nos saca a flote es hablar. De aquí la importancia de las amistades y de los psicoterapeutas.

La Secretaría de Salud estima que cada año hay hasta 14 mil intentos, sin considerar a los consumados. En el 2011, de un total de 5718 suicidios, 1095 fueron consumados por mujeres. [3] En México, 1 de cada 10 se consuma, lo que nos coloca como el noveno país de muertes autoinfligidas, de una lista de 53 aproximadamente.

En el marco del Tercer Foro "Aportes de la perspectiva de género a la salud mental de mujeres y hombres", convocado por el Centro de Salud Mental y Género el Instituto Politécnico Nacional (IPN), Alejandra Bugs, directora del este instituto, explicó que algunos padecimientos emocionales está ligados a la presión que sufren las mujeres para cumplir con los roles de género. [4]

A las mujeres se nos educa para servir a los demás, para asistirles en sus padecimientos. Y a veces posponemos nuestras propias necesidades en pos de los demás. Nos enseñan a ser buenas madres, buenas hermanas, buenas esposas, buenas amantes, buenas hijas... Por ello, a veces nadie se percata de nuestra irritabilidad, malestar, fatiga. Qué difícil es admitir que lo que tenemos se llama depresión.

Mientras navegaba en la red para documentar este trabajo, me encontré con una colaboración de Tere Mollá (distinguida columnista de esta página), a quien cito, con respecto al suicidio de Ana María, una mujer de 31 años:

"Comienzo a comprender que como sociedad no estamos a la altura para demostrar nuestra solidaridad con muchas personas que sufren. Muchas mujeres que están viviendo infiernos personales y que, en demasiadas ocasiones por falta de habilidades personales, no saben cómo reclamar la atención que sobre sí mismas necesitan. Ana María se ha ido sin hacer demasiado ruido. Es una más de las que se van porque no se sienten bien en este mundo. O porque no las hacemos sentir bien. 

"Cómo sociedad androcéntrica que somos, en demasiadas ocasiones no sabemos cómo tratar los problemas de las mujeres. Pocas cosas sabemos sobre los verdaderos malestares íntimos de las mujeres. Sobre sus insatisfacciones, sus miedos, sus penas... e incluso sobre sus dolores y sus heridas del alma que todas y todos llevamos". [5]

Después de leerlo me sentí profundamente conmovida. Es cierto, todos llevamos heridas. Como diría Miguel Hernández: "la de la vida, la de la muerte, la del amor". Y entiendo que cada ser humano tiene una capacidad única de respuesta ante su entorno. Es difícil hurgar en todos los intersticios de la mente humana. A veces, no conocemos a nuestros y nuestras prójimas. Y en el peor de los casos, ni siquiera a nosotras mismas. No puedo determinar si la ideación de la muerte sea por falta de conciencia o por exceso de ella, por falta de amor propio o por exceso, por gran sentido de realidad o por nulo. Pero sigue siendo un misterio, una real preocupación que el índice de suicidio, sobre todo en jóvenes sea cada vez mayor.

La Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP, por sus siglas en inglés) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), instituyeron el 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Muchas veces se confunde un chantaje (y es que los hay) del típico "si no estás conmigo (o cualquier otra condicionante) me mato", con una verdadera crisis de depresión. Mientras que el primero es sólo por manipular, en la segunda existe un riesgo latente, que suele ser ignorado. Y es que, es tan fuerte pensar en que alguien próximo se suicide, que preferimos minimizarlo: "Si te vas a matar, hazlo: no lo anuncies". En el mejor de los casos, esta reacción puede cimbrar las intenciones, o bien, lograr que el pretenso suicida oculte su inquietud y todo se lleve a cabo en un "armónico" silencio (y luego, hay quien dice "¿Por qué no lo vi venir?", " ¿Por qué no me percaté que hablaba en serio?"). No quiero con esto decir que debemos alarmarnos ante cualquier amenaza. ¿Quién no ha dicho a la ligera: " ¡Me quiero morir!"?, simplemente, ser más observadoras y observadores con quienes nos rodean. Y también con nosotras, nosotros mismos. Hay un conjunto de síntomas que nos hará saber cuándo esta melancolía es genuina.

Si en las últimas semanas has experimentado tristeza profunda, desinterés en tus actividades, falta de empuje para relacionarte con personas, nuevas o conocidas; hastío, duermes mucho o muy poco, has perdido el apetito y te rondan ideas vinculadas con la muerte, quizá sea tiempo de platicarlo con especialistas de la mente. Ellas y ellos están capacitados para hacer un correcto diagnóstico. No hay por qué sentirse mal. Es normal experimentar depresión. Y hay que reconocer que no se puede llevar la cruz a solas. Acércate con las personas que amas (y te aman) y expresa tu sentir. Vendrá la calma. La muerte nos llegará, de cualquier modo. ¿Para qué adelantarla?

Notas:

[1] INEGI
[2] Robles de la Rosa Leticia, "Reportan 5 mil muertes por bullying en un año", Excélsior, 25 de marzo de 2013
[3] INEGI
[4] En entrevista para CIMAC noticias, en enero de 2012
[5] Mollá, Tere, "El adiós a Ana María", CIMAC noticias, México, 20 de febrero de 2007







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