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Buenos modales





Por Andrea García Vázquez
Estudiante de Ciencias de la Comunicación.

Hemos escuchado hablar de buena conducta e incluso felicitado o admirado a las niñas y niños con 'buenos modales', los cuales no son los mismos a la hora de inculcarlos en ellas o en ellos; la autora nos comparte su experiencia y percepción sobre los que 'deben' tener las niñas 'bien portaditas'.

En algún momento de mi vida, pasó por mi mente que cuando fuera "grande", pondría una escuela a la que las niñas irían para recibir educación y buenos modales. Cuando era niña, mi abuelo siempre me decía, "las niñas bonitas, deben estar siempre bien calladitas, quietecitas, sentaditas y sin encorvarse", "las niñas bien educadas, no andan por ahí gritoneando, ni corriendo, ni jaloneándose con los niños", "las niñitas lindas deben usar vestidos bonitos, o trajecitos de chaleco y capita, zapatitos de charol y calcetitas cortas con moñitos, bien arregladitas", "y siempre debes traer una bolsita con una libretita y una pluma para cuando necesite anotar algo". Y así fui creciendo, desde que tengo uso de razón, con esas ideas de las "niñas bonitas y bien portadas".

Infinidad de veces, me quedé sin salir a jugar, sin convivir con otras niñas cuando en reuniones familiares me invitaban a ir al brincolín o a la piñata; y ahí me quedaba, a lado de mi abuelo escuchando sus tantas conversaciones y sólo viendo cómo las bebidas y los cigarrillos se iban consumiendo. A todos lugares que me abuelo iba, yo estaba con él, y siempre le decían "ay qué bonita niña tan quietecita y sonriente", mi abuelo se enorgullecía tanto. Después de muchos años y de insistir tanto, por fin logré que me dejara jugar con otras niñas; pero siempre, recuerdo, tenía que cargar la dichosa bolsita con una libreta y pluma, era bastante incómodo. Además los vestidos ampones y las mallas picaban tanto a la hora en que me sentaba, resbalaba a cada rato por los zapatos de charol y sentía que me asfixiaba y moría de calor con la gran estola o capa que me hacían usar.

El tiempo pasaba, y veía a las otras niñas subir árboles, pasar por el pasamanos, agarrar bichos y lombrices, y yo, las veía mal, decía cómo pueden hacer eso, no son niños, no deben ensuciarse. En parte eran las ideas con las que crecí y por otro lado "todo me aterraba", nunca se lo hice saber a nadie, yo me comportaba como la niña a la que todo le daba asco y hacía menos. Ahora, ya había adoptado y hecho parte de mí todas las formas habidas y por haber de "las niñas bien". Eso me trajo muchos beneficios, pero también sólo me quedaba el mirar a los demás, por ejemplo a mis primos, quienes siempre se divertían, corrían de aquí para allá, y yo, sólo escuchando a los adultos.

Pero después aparecieron "consejos" (por nombrarlos de algún modo) igual por parte de mi abuelo, "debes aprender a cocinar y a hacer bien la limpieza de tu casa para cuando te cases", por otro lado mi abuela "sí no sabes tejer y bordar, es como si no fueras una mujercita", "estudia para enfermera, ellas siempre se casan con los doctores"; y así mis abuelos fueron "enseñándome" según ellos, a cómo ser mujer. Aprendí muchas cosas, y a pesar de que en algún momento me gustaba todo lo que me enseñaron, había algo que no me agradaba: la frase "aprende para que cuando te cases, ya lo sepas hacer bien". ¡Casarme!, ¿pero quién dijo que yo me casaría? Fue en ese momento cuando todo lo que había aprendido, ya no tenía sentido, para qué, para que terminara sirviendo a alguien "como se merece" ... ¡ja!

Tantos años de buena educación, tantas servilletas bordadas a mano, según para conservar las tradiciones; sólo para hacer una esposa espléndida; si ni siquiera mi madre y mi tía son así.

Quise mucho a mis abuelos y les agradezco que hoy por hoy sé valerme por mí misma, pero sus múltiples enseñanzas no las tiraré a la basura, ¡y de eso me encargo yo! Comenzó la disputa entre seguir aceptando su forma de pensar, aumentó cuando no seguí los pasos de la familia y mucho menos los que ellos tenían en mente para mí.

Pero no era justo, por que a mi hermano todo el tiempo lo felicitaban por "seguir su sueño" y yo tenía que hacer lo que ellos me decían. Llegó el momento de enfrentarlos, para lo cual aparecieron otras cosas, por ejemplo, cuando salía en la noche de fiesta con mis amigas, no faltaban los reclamos diciendo "las señoritas decentes tienen que estar en su casa, no en fiestecitas", por qué decían eso, ni que estuviera haciendo cosas "malas", y en eso de lo bueno y lo malo... también es un conflicto.

Algo que me decía mi abuela con sus palabras sabias y llenas de experiencia, era, que las mujeres de la familia no eran felices, y me recitaba toda una lista de la tías que, ya fuera un amor, o trabajo, o hijos, pero que no pudieron realizar, yo me figuraba en esa lista de las mujeres frustradas.

Ahora entiendo que todo se debe gracias a la forma de pensar tan "cuadrada" con la que se formaron. De todo, saquemos lo bueno, los buenos modales no hacen a las niñas perfectas, son una buena carta de presentación pero, no se trata de "amaestrar". Tal vez suene muy idealista, pero hay que disfrutar la vida, hacer lo que se nos venga en gana teniendo en cuenta todo tipo de consecuencias.

Puedo decir que al recibir muchas influencias de "buenos modales" dejé de hacer otras cosas y fastidiarme con otras tantas con tal de seguir con parámetros correctos.









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