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Por un reencuentro eterno





Por María Esther Espinosa Calderón y Socorro Martínez C.
Periodista, ha colaborado en diversos medios, entre ellos el Uno más Uno, Mira, El Universal, Etcétera, 'Triple Jornada' del periódico La Jornada, y en la revista Fem. / Comunicóloga, egresada de la FCPyS, UNAM. Ha sido colaboradora en diversas revistas y periódicos; y jefa de Prensa y Difusión en SARH, INEGI y Editorial Océano. Actualmente se desempeña como correctora de estilo en diversas casas editoriales.

Una narración de la vida e ideología de Chavela Vargas, así como un recuento de sus canciones, es lo que hacen las autoras en este bello y musical texto.

Por el bulevar de los sueños rotos
vive una dama de poncho rojo,
pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.
Joaquín Sabina

Así la retrata Joaquín Sabina en una canción, pero fueron muchos los conceptos que pronunciaron músicos, artistas e intelectuales para describir a Chavela Vargas, la cantante vernácula, la chamana, la divina briaga que rompió estereotipos y se adelantó a su época; la amante, la amiga, la que no tuvo piedad para tomarse "todo el agave azul tequilero" y por sus enaguas escogió a México como su patria, aunque anduvo por todas partes y en todas partes la quisieron.

La acogían por igual en España que en Latinoamérica y donde quiera que anduvo se dio el lujo de vivir como le dio su republicana gana y, de morir... seguramente que de igual manera. Así ocurría en los tantísimos duelos simbólicos en los que arremetía y al mismo tiempo, honraba a la huesuda y finalmente, en la cita formal que ambas tuvieron hace unos días, el domingo 5 de agosto, pasado el mediodía, cuando ese anunciado encuentro se llevó a cabo sin que le prolongaran la vida con aparatos invasivos, ¿para qué habría de tolerar intrusos indeseables en su pecho tan lleno de ofrendas dichosas como el medallón de chaquira que le dieron los chamanes de la sierra potosina y con júbilo sostuvo entre sus manos? Eso sí, la irreverente, se fue en domingo, no en martes como ella sugería, "porque el martes es aburrido", sino en fin de semana, anticipando que le dirían ¡qué vieja más necia!", pues orgullosamente lo era.

En uno de los mensajes de su twitter oficial se lee: "Aquí termina mi historia que comenzó de la nada, dame la mano Llorona que vengo muy lastimada", y así, de la mano de la Llorona y de Macorina, a quien sabe Dios cuántas veces le dijo "Ponme la mano aquí", esta señorona se fue al reencuentro de un sinfín de amigos y amigas añorables de la cultura mexicana.

"Yo soy como el chile verde, llorona, picante pero sabroso"... "Aunque me cueste la vida llorona, no dejaré de quererte".

Cómo olvidar su voz y las canciones que volvió clásicas, a las que les dio su propio estilo. "Piensa en mí, cuando sufras, cuando llores también piensa en mí, cuando quieras quitarme la vida, no la quiero, para nada me sirve sin ti". Su vida estuvo en el ojo del huracán por su afición al alcohol y por su preferencia sexual, amiga de grandes figuras de la cultura, la música y la pintura del siglo XX como Diego Rivera y Frida Kahlo. También de personajes más actuales como el cineasta español Pedro Almodóvar, quien le dijo en su carta de despedida "Adiós volcán", y el cantautor Joaquín Sabina sentenció: "Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común".

No le tenía miedo a la muerte, decía que ese día se encontraría con Diego y Frida, que estaría "más fresca que ellos". Fue al rencuentro de su querido Federico García Lorca. A tomarse sus tequilas con José Alfredo Jiménez para volver a cantar juntos. "Tómate esta botella conmigo, en el último trago nos vamos, quiero ver a que sabe tu olvido... "

Platicaba que todos le escondían la botella, pero cuando iba a buscar a José Alfredo y le decía "vamos a echarnos una copa", él contestaba "¿una copa? Echémonos una botella y las que siguen". Ahora estarán juntos, él componiendo, ella cantando con su lamento en la voz. "Ya me canso de llorar y no amanece, ya no sé si maldecirte, o por ti rezar, tengo miedo de buscarte y de encontrarte, donde me aseguran mis amigos que te vas. Paloma negra dónde andarás".

Chavela Vargas, le imprimía sentimiento puro a las canciones o quizá eran las letras de éstas las que la hacían desfallecer en su interpretación, retando jadeante al amor o rindiéndose dolida al desamor: " Qué me importa que quieras a otra y a mí me desprecies, no me importa que sola me dejes llorando tu amor, eres libre de amar en la vida y yo no te culpo, si tu alma no supo quererme como te quise yo".

Intensa, así era Chavela, libre aún más. Cantaba con coraje, valentía, tristeza, decepción Cuestionada y perseguida por su preferencia sexual supo ganarse al público de varias partes del mundo: "Cuando hablen de amor y de ilusiones y te ofrezcan un sol y un cielo entero, si te acuerdas de mí no me menciones, porque vas a sentir amor del bueno".

Isabel Vargas Lizano nació el 19 de abril de 1919 en San Joaquín de Flores, Costa Rica, país que no la quiso y ella tampoco, abandonándolo siendo una adolescente. A los 17años llegó a México, antes de que descubrieran sus dotes de cantante se dedicó a hacer diversos trabajos, entre ellos, a asear casas. A finales de los años 40, empezó a cantar, lo hizo en tugurios y antros de mala muerte, en cabarets de moda como El Patio y otros de renombre. Por sus problemas de alcoholismo dejó por varios lustros su carrera, que afortunadamente retomó en los años 90 con el apoyo decidido de otra guerrera como Jesusa Rodríguez, para dar un segundo aire a su quehacer artístico y cosechar un sinfín de satisfacciones y reconocimientos como la Gran Cruz de la Orden Isabela Católica en Madrid, presentarse en el Olympia de París, cantar en la cinta Frida y dejar la huella de su voz en filmes de Almodóvar como La flor de mi secreto.

Chavela fue una mujer que hizo grandes aportes a la música mexicana, le gustaba convivir con los jóvenes. María Cortina su amiga, albacea y coautora de su biografía Las verdades de Chavela , dice que dentro de esa aparente dureza, era una mujer muy tierna y solidaria.

La chamana, señalaba que se había bebido "todo el tequila", pero que un día dijo "hasta aquí llegué. Me costó mucho, viví un infierno y una resurrección". Los últimos años de su vida los pasó en Tepoztlán, Morelos a donde regresó después de que fue a Madrid, España, en julio pasado a ofrecer un concierto en homenaje al poeta revolucionario Federico García Lorca.

Para Chavela Vargas (Chavela con v no con b, sólo por joder) el amor era algo muy cursi, era sólo un estado de ánimo, algo que se inventa. "El amor no existe es un invento en las noches de borrachera".

Aseguraba, que empezó a sentir el sabor de la vida "porque voy por la muerte. A la vida la llevo, la vida anda peleando por la muerte, que se arreglen ellas y me dejen en paz, uno le tiene miedo a lo que no conoce, esa es la inquietud". Mencionaba que había tenido momentos inmensamente felices y otros inmensamente desgraciados, como todos los seres humanos. Al final siempre estaba la soledad: "Soledad, fue una noche sin estrellas, cuando al irte me dejaste sola, tanta pena y tanto mal. Soledad, desde el día que te fuiste en el pueblo sólo existe un silencio conventual".

Ovacionada en grandes escenarios de Madrid, Barcelona, Argentina, Nueva York, entre otros, "Chavela se fue y lo hizo como las grandes: con su medallón de chamana y con su jorongo rojo puesto. Viva La Chamana". Dice su twitter.

Su canción favorita: "Las simples cosas", de César Isella, que se popularizó en la voz de Mercedes Sosa.

Uno se despide
insensiblemente de pequeñas cosas.
Lo mismo que un árbol
que en tiempo de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas
Esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida
y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo.

En su libro Las verdades de Chavela Vargas señala: "Me encontraré tú a tú con la muerte. No le tengo miedo; le tengo respeto. Señora, aquí estoy cuando usted quiera", mientras tanto, la trovadora decía refiriéndose a la música y poesía que amó, "escuchándolos voy dejando de vivir sin morirme, así dejo de vivir, viviendo".









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