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Oriana Fallaci, un recorrido por su obra
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Por Francisca Robles
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación por la FCPyS-UNAM, docente en los sistemas escolarizado, abierto y a distancia de esa facultad, y experta en análisis narratológico y en metodología en ciencias de la comunicación.
* La autora nos describe a Oriana Fallaci a través de su obra que, como señala, siempre lleva rasgos autobiográficos.
Nacida en Florencia en 1932, la italiana Oriana Fallaci fue mito viviente del periodismo, oficio que le permitió vivir la historia en el instante mismo de su devenir. El periodismo, decía, es un privilegio extraordinario y terrible. "No es raro, si se es consciente, debatirse en mil complejos de ineptitud. No es raro, ante un acontecimiento o un encuentro importante, que sienta como una angustia, el miedo de no tener bastantes ojos, bastantes oídos y bastante cerebro para ver y oír y comprender, como una carcoma infiltrada en la madera de la historia".
Autora de memorables entrevistas entabladas con los políticos más poderosos del mundo entre 1969 y 1972 a quienes presentaba con la intención de descubrir cuál era la diferencia entre ellos y nosotros. Partía de la hipótesis de que en una entrevista lo que contaba no eran las preguntas sino las respuestas. Si una persona tiene talento, decía, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo: siempre responderá de modo brillante y profundo. Si una persona es mediocre, se le puede plantear la pregunta más inteligente del mundo: responderá siempre de manera mediocre. Advierte que hay personajes inventados, encumbrados más por su imagen que por sus hechos y la imagen es construida también por los periodistas.
Entre los personajes que aceptaron, aunque algunos después se arrepintieron, están:
Henry Kissinger, principal impulsor de la guerra de Vietnam y primer derrotado por la misma, a quien hizo decir que los Estados Unidos necesitaban un cowboy como él.
Nguyen Van Thieu, dictador de Saigón con la ayuda norteamericana y victimario de los vietcong refugiados.
El general Giap, vencedor de los Estados Unidos en Vietnam.
Golda Meir, la única pacifista que ha tenido el Medio Oriente.
Yaser Arafat, el guerrillero más famosos del Medio Oriente.
Indira Gandhi, hija de Jawarhalal Nehru y discípula de Mahatma Gandhi.
Ali Bhutto, dictador de Pakistán.
Hailé Selassié, rey de Africa, dueño de un país oprimido por el hambre, las enfermedades y la ignorancia.
Oriana Fallaci en el prólogo de Entrevista con la historia, aclara que a la solicitud de una cita oponían helados silencios o negativas y si luego respondían con un sí, había que esperar meses para que concedieran una hora o media hora. Sin embargo, una vez allí era un juego tocar la verdad y descubrir que ni siquiera un criterio selectivo justificaba su poder. Concluye que: quien determina nuestro destino no es realmente mejor que nosotros, no es más inteligente, ni más fuerte, ni más iluminado. En todo caso, es más emprendedor, más ambicioso.
Sólo en rarísimas circunstancias tuvo la certeza de encontrarse ante criaturas nacidas para guiarnos, pero esos casos eran los hombres que no se hallaban en el poder: es más, lo habían combatido y lo combatían con el riesgo de su propia vida, tal es el caso de Alejandro Panagulis, quien inspiró su novela Un hombre, en la que detalla cómo se enfrentó a la junta militar griega y atentó contra la vida de Papadopolus, cómo fue torturado, liberado y asesinado en 1976 por el mismo poder al cual combatió. Recrea la lucha de su amigo, su hombre, su hermano, su amante. Lo presenta como héroe y víctima, como valiente y frágil, como coherente y contradictorio. Relata la leyenda y la tragedia siguiendo el camino del recuerdo propio y de él, obedeciendo el mandato de su conciencia.
También su conciencia se explaya libremente en Carta a un niño que nunca nació, donde la protagonista enfrenta la maternidad sin pareja a costa de sufrir y morir, pues es un embarazo de alto riesgo. Oriana entabla un diálogo con su feto sobre la duda de nacer o no, sobre el amor y el desamor, sobre el dolor y la muerte. Lo prepara para enfrentar la vida, le expone las ventajas y desventajas de ser hombre o mujer. Le habla sin contemplación de la hipocresía, de la guerra, de las injusticias, todo esto mientras el feto crece y se desvanece en su vientre.
En Pénelope en la guerra aborda la homosexualidad, utiliza un personaje femenino para evidenciar los miedos masculinos. Se conjuntan la feminidad y la agresividad con la ternura y la voracidad. Los mundos incociliables de nosotros y los otros, son expuestos a la luz de una historia de amor entre tres. A través de un personaje, sentencia "No hay otra medicina para sobrevivir más que la que nosotros hemos inventado: hacer sucumbir a los más débiles para salvar a los más fuertes, matar a los demás para vivir nosotros. No hay lugar entre nosotros, para el amor y la piedad. O yo o tú: ésta es la ley que nos rige".
Nada y así sea es un testimonio de su trabajo como reportera de guerra. Relata cómo vivieron la guerra de Vietnam y el fin de la misma, tanto un grupo de periodistas como un grupo de soldados norteamericanos y vietnamitas del norte y del sur. Un soldado dice "debe haber algo que falla en el cerebro de los que se divierten haciendo la guerra, encontrándola gloriosa o excitante. No tiene nada de gloriosa, nada de excitante: es sólo una puerca tragedia sobre la cual sólo se puede hacer una cosa: llorar". Dedica una parte a narrar su experiencia de octubre del 68 en México, donde fue testigo de una matanza peor que cualquier matanza vista en la guerra, porque en la guerra, argumenta, la gente armada dispara contra gente armada, mientras en una matanza la gente armada dispara contra gente indefensa:
"En la guerra hay refugios, trincheras, agujeros, qué sé yo, a donde correr a guarecerse, aquí no hubo nada. Vi a muchos jóvenes morir. Vi a un niño ser degollado a bayonetazos y a una mujer encinta le abrieron el vientre. Vi muchos heridos, mucha sangre, hasta que me hirieron a mí y permanecí en un charco de mi propia sangre cuarenta y cinco minutos. Un estudiante junto a mí repetía: Valor Oriana, valor. El tiroteo duró más de cinco horas.
"En el hospital éramos muchos, algunos estaban destrozados. A una muchacha le quedaba sólo media cara y de esta mitad le colgaban los labios; un médico le aplicaba paquetes de gasa que inmediatamente se empapaban en sangre y decía ¿Qué hago? ¿La dejo morir? Yo dejo que se muera.
"Algunos médicos tenían lágrimas en los ojos. Uno pasó junto a mí y me susurró: Escriba todo lo que ha visto, escríbalo."
En Inshallah, con personajes e historias imaginarias, relata en tres actos, acontecimientos auténticos vinculados con la guerra civil libanesa. Los actores dice ella, como en toda guerra son reemplazables, están los niños que la guerra mata, los rufianes a los que la guerra favorece, los bandidos a quienes la guerra protege. Los escenarios de la guerra son eternos, los protagonistas también.
La rabia y el orgullo deja plasmada su visión de periodista y narradora sobre lo acontecido el 11 de septiembre en Nueva York. Aunque su libro generó críticas negativas, pues abiertamente declaró su posición a favor del ataque de Estados Unidos a Afganistán, tenía razón, se gestaba un malestar entre los países que recibían a los migrantes de los países árabes y por su parte los migrantes no tardarían en empoderarse y exigir sus derechos.
Oriana Fallaci se entrevista a sí misma es su obra póstuma, en ella habla de lo que le ocupa y le preocupa: la guerra de Medio Oriente, que asegura tal vez nunca acabe y su batalla personal con un enemigo interno: el cáncer.
Es importante para comprender la naturaleza de los
trabajos periodísticos y literarios de Oriana
Fallacci, tener presente que su producción
siempre lleva rasgos autobiográficos, son
testimonios de la forma en que enfrentó cada
uno de los retos personales y profesionales que la vida
le deparó.




