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Comer, rezar, amar... una
fórmula para estos días, para esta vida
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Por Josefina Hernández Téllez
Periodista, investigadora en estudios de género, profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH)y la UNAM, y responsable del grupo de investigación de Género y Comunicación de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC).
* La autora comenta, a propósito de la película 'Comer, rezar, amar', que como ciudadanía queremos un cambio pero sólo lo pedimos en el discurso.
"Hay un chiste italiano buenísimo acerca de un hombre pobre que va al templo todos los días a rezarle a un santo. Reza a la estatua: Querido Santo por favor, por favor, por favor déjame ganar la lotería. Al final, la estatua desesperada cobra vida, baja la mirada y le dice al hombre: Hijo mío, por favor, por favor, por favor compra un boleto."
Éste es un fragmento de la película Comer, rezar, amar, basada en las memorias de la escritora Elizabeth Gilbert, que se estrenó en septiembre de 2010 y que pasó sin pena ni gloria para los cinéfilos y la cartelera. Tal vez la razón fue que recreó parte de la búsqueda personal, pero que también puede ser social, sobre el sentido de la vida y la existencia.
Hoy, más que nunca, este chiste que nos ofrece Liz (la protagonista, interpretada por Julia Roberts) en su viaje de encuentro y reencuentro consigo misma por tres lugares: Italia, India y Bali, es pertinente a los días que como ciudadanía vivimos, porque queremos un cambio pero sólo lo pedimos en el discurso cotidiano. En los hechos no "compramos" ese boleto para hacer posible y factible ese "golpe de suerte", o ese ansiado "milagro".
Hoy, como nunca en los últimos años, vivimos en nuestro país problemas agudizados de pobreza, analfabetismo, desempleo, delincuencia organizada y corrupción. Una verdadera calamidad, similar a los horrores de una Caja de Pandora, que hace ya unas décadas se abrió ante la adopción de modelos económicos que han polarizado a la sociedad y abierto brechas entre la pobreza y la riqueza.
2012 es clave para convertir las calamidades en oportunidades. Una de ellas es la promesa partidaria que lucra con nuestra buena fe y al mismo tiempo con nuestro desaliento. Vienen, todos y cada uno de los candidatos y la candidata, y nos prometen cambio y solución pero lo cierto es que apelan a nuestra desmemoria como mal social porque quienes hoy se dicen nuestros posibles representantes en su desempeño y trayectoria personal y partidaria poco han hecho realmente por transformar u oponerse a los embates de los grandes poderes, de los que se enriquecen a costa de la concentración superlativa y la pobreza insultante de la mayoría de la ciudadanía.
Cierto que hay corresponsabilidad en este estado de cosas, pero hoy, en estos días "santos", debemos reflexionar sobre las propuestas y sobre los perfiles de quienes hoy se promueven como los promotores del cambio y la solución porque son representantes de estructuras anquilosadas que no se han movido en relación a las necesidades de las mayorías sino de grupos, de intereses y se caracterizan por huirle al enfrentamiento, a la oposición real. Si no ¿cómo explicarse que luchen encarnizadamente por una silla presidencial cuando el país enfrenta retos y problemas mayúsculos? Nadie en su sano juicio querría tamaña tarea, a menos que piense más en su beneficio que en la verdadera situación que significa ser hoy la o el presidente de un país como éste.
Comer, rezar, amar, es una
película que nos ofrece entretenimiento en
estos días de asueto pero al mismo tiempo se
convierte en una oportunidad para darle significado a
funciones básicas como el comer, o a actitudes
sociales necesarias como el rezar y amar, porque como
la protagonista, podemos transformar el conflicto, la
duda y la búsqueda en una oportunidad para
crecer, para encontrar y para reconstruirnos. De
ahí la importancia de la tríada y su
redimensionamiento: comer con devoción para
nutrir el cuerpo y los sentidos, rezar con el
corazón para encontrar el sentido de las cosas y
en las personas, y amar sin miedos ni condiciones.
Requisito para la vida plena y satisfactoria, porque
podremos entonces aprovechar las
"ruinas" porque "la ruina es el
camino a la transformación".
Comer, rezar, amar (2010) Dirigida por: Ryan Murphy, creador del exitoso Glee |




