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Madres activistas: desafíos ante la muerte
Tweet Twitter: @ivonne_delacruz
Por Ivonne De la Cruz Domínguez
Periodista feminista, diplomada en Derechos Humanos por la UNAM y en feminismo por el CEIICH, con más de 10 años trabajando en medios de comunicación. Actualmente dirige y conduce el programa "Matices" en ABC Radio, es directora de www.maticesdemujer.com.mx y editora de la sección "Nosotras" en www.elsoldemexico.com.mx
* Hay algo en común en las mujeres activistas como las de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, las madres del caso Guardería ABC, Eureka, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Soacha, entre muchas más. No es el instinto maternal, como bien explica la autora; es la valentía de levantar la voz, denunciar y actuar.
Madres activistas arriesgan la vida todos los días en México, país que no otorga seguridad a las mujeres que transitamos por sus calles, por los altos índices de violaciones y feminicidios. Mujeres que decidieron dejar a un lado el estereotipo de "abnegada" y se han convertido en feroces investigadoras, incansables marchistas, incómodas del gobierno, tras sufrir un acontecimiento dramático donde su hija o hijo fueron lastimados o asesinados.
Un ejemplo claro son las madres de las mujeres víctimas de feminicidas en Ciudad Juárez. Nuestras Hijas de Regreso a Casa surgió a partir de esa exigencia de justicia y el clamor por la detención de los asesinos de mujeres, donde las autoridades servían, o sirven de tapadera. Sus fundadoras han sido amenazadas, perseguidas, golpeadas, desprestigiadas pero continúan en la lucha y cada vez implementan mejores estrategias y mejores enlaces con la ciudadanía.
"Unos días después, el 21 de febrero, encontraron su cadáver.
Tenía huellas de tortura y violación. La felicidad se acabó
para siempre. Norma Andrade exige justicia para su hija. La maestra de primaria
se convirtió, quizá sin haberlo pensado nunca antes, en activista
social. Junto con Marisela Ortiz, maestra al igual que ella, fundó la
organización civil Nuestras Hijas de Regreso a Casa, para continuar con
su lucha por la justicia, y la de muchas otras madres en la misma situación."
Así nos involucra Irma Gallo en su texto "Activistas
mexicanas: en la mira de la muerte" en la historia y transformación
de Norma Andrade.
Como contadora de historias, la de Marisela
Escobedo es una de las que más ha captado mi atención. Una
mujer que exigió justicia y llevó ante las sordas autoridades
al asesino confeso de su hija, Rubí Marisol. Ella tuvo que descubrir
cómo Rubí fue torturada antes y después de ser asesinada. Marisela
perdió la vida frente al palacio de gobierno de Chihuahua, demostró
con su muerte la incapacidad de las autoridades encargadas de brindar seguridad,
como último grito ante un sistema corrupto.
Rosario Ibarra de Piedra es otro ejemplo fascinante de la lucha de las mujeres.
En 1975 su hijo fue desaparecido por el gobierno y ella, junto con un grupo de
madres y familiares de otros desaparecidos y presos políticos, fundaron
el comité que hoy se llama Eureka.
"Para doña Rosario y las mujeres del Comité Eureka, todos los desaparecidos y desaparecidas son sus hijos e hijas, ellas no confían en aquellas teorías, muy del norte de este continente, que establecen que sólo la madre biológica debe cuidar a su hijo; ellas buscan al hijo y la hija de cualquiera, infatigablemente", narra el periódico La Jornada.
Estas madres no son las únicas luchadoras de la historia actual de México, podemos mencionar a las madres de los menores que fallecieron en la Guardería ABC en Sonora, a las de los mineros muertos en Pasta de Conchos, a las que han perdido a sus hijas e hijos en manos de secuestradores.
Si observamos las historias del mundo encontraremos ejemplos cautivadores. Gran representatividad tienen las madres y las abuelas de Plaza de Mayo. Ellas iniciaron su historia juntas en abril de 1977, en plena dictadura militar argentina, con Azucena Villaflor al frente; 14 mujeres hicieron pública la "desaparición forzada" de sus hijos a través del accionar genocida del terrorismo de Estado.
En Colombia encontré la historia de las Madres de Soacha, una comunidad cercana a Bogotá, Colombia. Luz Marina Porras Bernal, Carmenza Gómez Romero, María Ubilerma Sanabria López, Blanca Nubia Monroy, Edilma Vargas Riojas y Flor Hilda Hernández denunciaron que sus hijos fueron ejecutados extrajudicialmente por las fuerzas de seguridad. Estas mujeres han sido amenazadas, hostigadas y sometidas a vigilancia con el fin de silenciar su voz por justicia.
Tras la denuncia de estas mujeres se han realizado investigaciones. Según la Unidad de Derechos Humanos y DIH de la Fiscalía General de la Nación, en un informe de julio de 2010, hay 1,369 casos de ejecuciones extrajudiciales que han cobrado 2,445 víctimas, de las cuales 2,181 son hombres, 118 mujeres y 126 menores de edad.
En internet Contravía nos muestra el seguimiento de esta historia: dos años después de encontrar los cadáveres de sus hijos, las madres de Soacha pudieron visitar el cementerio clandestino donde enterraron los cuerpos.
En Japón la crisis nuclear ha convertido a un grupo de madres en activistas que exigen alimentos limpios y libres de radiación. A través de las redes sociales se han logrado establecer vínculos entre las mujeres preocupas por ese tema. Mizuho Nakayama es una de ellas, las madres japonesas que son activistas de Internet.
Estas mujeres han transgredido las características sociales adjudicadas a las madres -buenas, formadoras de principios, cuidadoras, entregadas al hogar, hijas e hijos y esposo-, son seres humanas que lograron marcar un cambio dentro de un sistema que busca relegarlas al ámbito privado.
La liga que las une no es un "instinto maternal", es el reclamo
de justicia ante un evento del cual el gobierno es cómplice por acción
u omisión. Grandes distancias geográficas, evidentes diferencias
ideológicas, situaciones de vida diferentes, arraigo a costumbres distintas,
pero todas atravesadas por la valentía de levantar la voz, denunciar
y actuar.




