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La diversidad sexual y el género en Minería
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Por Aura Sabina
Estudió Ciencias de la comunicación en la UNAM y Creación Literaria en el INBA. Miembra intermitente de la seminaria de Feminismo Nuestroamericano en la UACM. Poeta, psicomaga, indignada y amorosa.
* La autora platica su experiencia en la Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería con la exhibición y ventas de libros y material de erotismo, literatura y crítica lésbica y gay, así como de diversidad sexual, incluyendo, como dice la autora, "la heterosexualidad".
En algún pasillo de la Feria Internacional del Libro, cuya sede es el Palacio de Minería, se puede distinguir una bandera monumental de seis colores. Ahí, Nancy y yo esperamos la llegada de clientes nuevos o distinguidos, que buscan información laica y científica sobre todo aquello relativo a la sexualidad, estudios de género y feminismo. La mayoría de la gente nos mira de reojo, y disimuladamente dan tres o cuatro vueltas, hasta que, finalmente, se acercan. No falta quien se burle de títulos como Madres lesbianas, Ética marica o Papá, mamá, soy gay. Me acerco y les digo de qué vamos. Sonrío. A veces, me corresponden; otras, me siento un poco acribillada por las miradas fulminantes que me dirigen.
"Se vale tocar", les digo mientras señalo los libros del stand. Cuando sonríen, sé que hemos roto el hielo entre el público y nosotras. Evidentemente, hablar sobre sexualidad sigue astillando el pudor de mujeres y hombres de todas las edades. Desde que ven el arco iris de nuestra bandera, nos etiquetan de gays. En realidad, abarcamos toda la diversidad sexual, incluida la heterosexualidad.
Los primeros bateos y caras alargadas me hicieron recordar el motivo por el cual estoy ahí. Independientemente de la cuestión económica, libresca o solidaria, reconocí mi trinchera, mi espacio de resistencia ante el patriarcado, que pretende sostener la represión ante la disidencia, el amor y las nuevas organizaciones sociales. Hacía mucho que nadie me cuestionaba sobre si la homosexualidad es natural, o si la bisexualidad existe; ¿intersexuales? ¿trans... qué? Creo que me confié mucho al asumir que la población conocía esos términos. Pero si ni siquiera conocen y reconocen sus propios cuerpos, preferencias y opciones, mucho menos pueden comprender a las y los demás alrededor.
Me descubrí lesbiana a los 11 años. En la medida en que busqué información y apoyo de sexólogas o terapeutas, y descubrí que no era delito ni pecado, sino una opción más entre tantas, me amé y salí paulatinamente del closet en cada uno de mis círculos. Me parecía, porque en realidad lo es, la cosa más natural del mundo. He experimentado discriminación, obviamente, pero he podido llevar una vida muy feliz, rodeada de mucha gente positiva y amorosa, de todas las identidades y preferencias sexuales. Por eso me importa que la gente tenga a su alcance libros que puedan orientarle. Algunos de nuestros letreros dice: "Libros para los que no entienden, pero quieren entender", o "Es mejor preguntar que vivir con prejuicios". Y justo porque no tengo prejuicios, no tengo inconveniente con relacionarme con gente heterosexual, por miedo a que mi preferencia cambie. Hablar e informar sobre adopción, aborto o matrimonio homoparental me parece perfectamente legítimo, independientemente de que sean o no mis opciones personales, y saber que hoy por hoy muchos y muchas estudiantes buscan bibliografía para sus tesis de licenciatura, maestría o doctorado, me llenan de alegría.
Me gusta cuando preguntan por textos sobre violencia de género, por la construcción y deconstrucción de las identidades a través del cuerpo, por el feminismo latinoamericano, por autoras como Francesca Gargallo, Simone de Beauvoir, Judith Butler, o revistas Debate feminista.
En contraparte, algunos hombres se han acercado, aparentando ser muy abiertos a "esas nuevas tendencias", pero desde el uso del lenguaje era evidente la misoginia, la homofobia y el machismo. Después del intercambio de argumentos, descubrí que se necesita más que razones y textos para cambiar un sistema ideológico y político donde sólo la heteronormatividad y la hombría son légitimos. Con las mujeres es distinto; por lo menos, no pelean por tener la razón; escuchan más, aunque no por eso disimulan el asombro. De cualquier modo, el intercambio de ideas y la superación del pudor y el miedo a lo distinto permiten que fluya la comunicación de manera más natural y relajada. Jung decía que estigmatizamos lo que reconocemos, y se ha demostrado a través de diversos estudios sociológicos y psicológicos que aquellas personas que se dicen o se comportan homofóbicas, muy probablemente esconden su propia homosexualidad.
Si recordáramos (o revisáramos por primera vez) al sexólogo Kinsey (1948), descubriríamos que la homosexualidad y la heterosexualidad francas, en realidad son polos, la desviación estándar hacia uno y otro lado (con un 15%, cada uno, aproximadamente), y el resto de la población (70%) fluctúa en la bisexualidad, a veces igualitaria, o quizá más inclinado hacia la atracción homosexual o heterosexual. Entonces, ¿de qué se espanta la gente?
Y a pesar de (o quizá por) las reacciones negativas, estoy cada vez más convencida de que entre mayor difusión, mayor presencia y sobre todo mayor diálogo, algún día podremos mirarnos como seres humanos, con todo lo que conlleva.
Yo amo mi vulva es el título de un libro. " ¿Y qué es la vulva, señorita?" me ha preguntado una mujer de aproximadamente 35 años. Le explico que es el conjunto de órganos sexuales femeninos: labios superiores, inferiores, uretra, cavidad vaginal (porque muchas y muchos llaman vagina a la vulva. Y si no saben dónde está la vagina, saber dónde está el punto G y cómo estimularlo, ya es asunto de avanzada...) y clítoris; sí, clítoris, ese pequeño botón donde, si es adecuadamente acariciado, brotan sensaciones muy, muy placenteras, a solas o en compañía de otra(s) persona(s).
Uno de estos días, llegó un matrimonio heterosexual a ojear. Se entretenían en los separadores y la agenda erótica femenina. Comenzamos a charlar sobre el sexo, la rutina que a sus siete años, juntos, experimentaban y las variaciones que una pareja necesita siempre para refrendar el deseo. Les sugerí algunos poemarios eróticos para leerse mutuamente al oído, un libro sobre orgasmos en las mujeres, y alguno que otro tip dominguero. Me sentí muy satisfecha de ver cómo sus miradas compartieron complicidad. Un abrazo lúbrico y sus sonrisas me indicaron que logré mi objetivo, que no tenía que ver precisamente con la venta del material.
Otro hallazgo maravilloso, fue un niño de alrededor de seis años, que al dar un vistazo al stand, dijo: "Mmhhh, no hay libros de carros; aquí, todo es de puro amor". Mayor sabiduría no hay. En efecto, nuestro stand es un espacio amoroso; tanto, que queremos que todas y todos sean felices.
Poco a poco la población con mente abierta se abre a las nuevas posibilidades e identidades sexo-genéricas, a los estudios sobre masculinidades y teoría Queer, a la literatura abiertamente homosexual y lésbica (mucha gente se sorprende, de manera positiva, al ver que hay ya crítica literaria lésbica y gay), la antropología sexual, los feminismos y nuevas familias. Sin embargo, hay mucho todavía por resolver, incluso desde la comunidad de la disidencia sexual, pues al interior también existen muchos prejuicios, sentimientos de culpa y estigmatización. Es curioso que 15 minutos antes de que cierren la Feria, lleguen, desaforadas y desaforados, a comprar libros, pues buscan el anonimato que da ver a todos los vendedores, concentrados en el cierre de los stands, y al público, dirigiéndose a la salida.
Mientras tanto, continuaremos sugiriendo la lectura de Oscar Wilde, Luis González de Alba, Carlos Monsiváis, Rina Riesenfield, Rosa María Roffiel, El Marqués de Sade, Virginia Woolf, Juan Carlos Bautista, Odette Alonso, Sara Espinosa, Elena Madrigal, y todes aquelles disidentes y solidarios que a través de sus textos y activismo, su desobediencia, nos ayudan a ayudarnos entre todes, para la construcción de relaciones más sanas, en marcos laico, científicos, incluyentes y felices. Me siento dichosa por saber que existe Egales, editorial española especializada en diversidad sexual, y otras editoriales, mexicanas o latinoamericanas, independientes, que apuestan por la temática.
Y de paso, permítaseme el comercial: la librería que difunde todos estos libros es Voces en Tinta, ubicada en Niza, 23-a, en la Zona Rosa, atendida por Bertha y Nancy de la Maza.



