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La construcción del amor
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Por Ivonne De la Cruz Domínguez
Periodista feminista, diplomada en Derechos Humanos por la UNAM y en feminismo por el CEIICH, con más de 10 años trabajando en medios de comunicación. Actualmente dirige y conduce el programa "Matices" en ABC Radio, es directora de www.maticesdemujer.com.mx y editora de la sección "Nosotras" en www.elsoldemexico.com.mx
* ¿Qué es el amor para las mujeres? ¿Esa idea romántica existe en realidad? La autora explora este tema y una de las respuestas la encuentra en Marcela Lagarde: Las mujeres hemos sido configuradas socialmente, culturalmente, para el amor, por lo que vivimos el amor como un mandato.
Para nosotras el amor se ha convertido en una razón de ser, un motivo que nos mueve y nos mantiene en una búsqueda constante, es en uno de los muchos cautiverios de los que somos presas, pero de lo que no estamos conscientes, como lo menciona la Dra. Marcela Lagarde en "Claves feministas para la negociación en el amor":"las mujeres hemos sido configuradas socialmente para el amor, hemos sido construidas por una cultura que coloca el amor en el centro de nuestra identidad. (…) Las mujeres vivimos el amor como un mandato".
Esta entrega, que nos despoja de nuestra personalidad, nos hace ver una forma de amor encerrada en sufrimiento y sacrificio, un sentimiento ambivalente que nos lleva de la alegría extrema y al dolor intenso.
A nosotras se nos ha enseñado que la felicidad se encuentra en ser "buenas", mujeres entregadas a nuestras características femeninas o lo que nos han dicho que es lo correcto, dóciles, pasivas, delicadas, sumisas, serviciales y no debemos sentir placer sexual, como lo menciona Graciela Hierro en "La condición femenina": "la mujer se encuentra controlada sexualmente por las fuerzas culturales que la destinan a la procreación a través de la supresión del impulso sexual femenino y de su capacidad orgásmica. Todo esto, en nombre de la monogamia y al servicio de una civilización centrada en el hombre."
Es decir, se borra la idea de que las mujeres tenemos derecho a experimentar sobre nuestra sexualidad y se ha diversificado, al mismo tiempo, el concepto de que un hombre debe experimentar para saber cómo "llevar" a su mujer al placer. Estableciendo ese poderío y convirtiéndonos en objetos, nosotras no opinamos, sólo recibimos.
Este tipo de conceptos e ideas fijas son lo que han contribuido a que se desvanezca el amor, estamos esperando siempre "algo" y de ello depende nuestra sensación de un "falso concepto de plenitud"; de ahí el miedo al abandono, a la descalificación y al desprecio; de ahí la aceptación de la sumisión, así como el desapego de nuestros placeres. Así pues, no nos es suficiente nuestra propia existencia sino que "sentimos" que tenemos que buscar el amor, materializado en la figura de una persona, ese amor ideal que nos "haga sentir plenas".
La psicóloga Roberta Flores Ángeles, en la entrevista para el programa de radio Matices, nos explica que el amor tradicional en las mujeres tiene una línea directa con el amor maternal "que significa que todo lo da, que todo lo puede, es altruista, es un amor dependiente que va en detrimento de nuestra autonomía".
No es gratuito que desde pequeñas se nos hayan creado el apego a las muñecas, tacitas y hornitos, es el prinicipio de la cultura del cuidado del otro, llámese novio, esposo, padre, hermano, hijo o hija, madre, pareja, amiga, etc., todas las personas antes que nosotras. Cito nuevamente a la Dra. Lagarde, ahora en "Mujeres cuidadoras: entre la obligación y la satisfacción": "La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectiva y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno, y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional."
Así pasamos la vida queriendo encontrar el amor, relacionándolo con ideales de "La bella durmiente" o "Blancanieves", es decir, un príncipe que nos cuida y nos hace sentir mariposas. Un hombre o mujer que idealizamos y que se convierte en el eje de nuestra felicidad. ¿Y cuando éste llega? ¿Qué pasa cuando descubrimos que hubo infidelidad, violencia o excesos?
Nos vemos involucradas en relaciones que no nos satisfacen; nos enfrentamos a rupturas que no podemos aceptar o nos desgastamos tratando de encontrar una respuesta de ¿por qué, si le di todo, no se quedó conmigo?
El vacío que nos causa no tener pareja es uno de los más grandes
miedos de las mujeres, pero si giramos un poco la vista podremos observar que
el amor se tiene que vivir de una forma diferente y para ello, hay que romper
con esos "hábitos", resignificar el amor como una experiencia
fortalecedora dejando atrás las cifras de mujeres violentadas de manos
de sus parejas, borrando los golpes de aquellos que en su momento dijeron amarnos,
quitándonos las vendas que nos permiten la experimentación. Como
nos sugiere la psicóloga Roberta Flores, dejar de pensar que "casi
todos sabemos querer pero pocos sabemos amar", hay que ser creativas
y aceptar el reto, disfrutar de nuestro propio ser.




