| |
La infidelidad no tiene sexo
Tweet COMENTARIOS

Por Ivonne De la Cruz Domínguez
Periodista feminista, diplomada en Derechos Humanos por la UNAM y en feminismo por el CEIICH, con más de 10 años trabajando en medios de comunicación. Actualmente dirige y conduce el programa "Matices" en ABC Radio, es directora de www.maticesdemujer.com.mx y editora de la sección "Nosotras" en www.elsoldemexico.com.mx
La infidelidad es un concepto social abstracto, sexuado y lleno de estereotipos, miedos, dudas y encantos. Aun cuando cada persona y cada pareja delinea los parámetros que enmarcan conductas que son permitidas o desaprobadas en las relaciones, la idea de permisión está fielmente ligada al sexo de las personas.
Para algunas y algunos la fidelidad se rompe con mensajes o coqueteos a través
de las redes sociales,
por intercambio de mensajes de celular, a través de cartas, aún
cuando este tipo de contacto no implique demostraciones de cariño físicas
o sexuales; para otras u otros la infidelidad se presenta únicamente
cuando hay contacto físico con otras personas, relaciones sexuales, besos,
caricias; y algunas más creen que las personas son infieles al imaginarse
con alguien que no sea su pareja. Parámetros permisivos, confusos, y
distantes.
Dentro de estas realidades, existe una colectividad, que gracias a la permanencia
de estereotipos, creencias, religiones misóginas y del machismo, considera
que las mujeres debemos ser más penalizadas si rompemos ese voto de exclusividad.
Creencias e ideas que han permeado el mundo de las
leyes, y bajo el concepto de “naturaleza” se ha permitido solapar
crímenes contra las mujeres que deciden extender sus deseos, pasiones,
intereses, como cualquier varón lo hace.
Las mujeres infieles han sido cruelmente desprestigiadas, señaladas, las heroínas infieles de la literatura como Madame Bovary o Anna Karenina, han sufrido crueles castigos. Incluso en las historias contemporáneas, si las mujeres desarrollan una sexualidad abierta son castigadas, como en el caso de la telenovela "Mirada de Mujer", que en principio se dijo que rompía estereotipos sexuales, aunque al final Paulina, el personaje de Margarita Gralia, terminó infectada con VIH- Sida. El castigo que merecía por tener disfrutar de relaciones sin estar casada..
¿Quién es más infiel, mujeres o hombres? ¿Porqué
se observa diferente la infidelidad si eres hombre o mujer?
Si partimos de la idea de la
propiedad privada, invariablemente caeremos en la necesidad de descubrir
las atrocidades que en nombre del amor y la descendencia, se han cometido contra
el desarrollo de la sexualidad plena y disfrutable de muchas mujeres. Un concepto
que ubica a las mujeres como objetos de procraeción de los niños
o niñas de los hombres que buscan dejar descendencia.
Por otro lado, a partir de la creencia de que los hombres cuentan con necesidades sexuales diferentes a las nuestras, se justifica como “natural” la infidelidad, dejando en un apartado diferente el amor, es decir un hombre puede amar y ser infiel, es socialmente admitido, mientras nosotras somos observadas como seres extraños, que no concordamos “con lo que debe ser una mujer en el amor”.
Las mujeres que aman no pueden ser infieles porque va en contra de “su naturaleza”. Cuando en realidad hablar de amor y de fidelidad son dos conceptos separados, como nos explica la antropóloga feminista Marta Lamas “Aunque en algunas sociedades la acentuación de la igualdad social entre los sexos está borrando la diferencia de sus actuaciones sexuales, aún nos encontramos con códigos amorosos femeninos y masculinos.”
Así, se afirma que los hombres son infieles por biología, por un “gen” que los impulsa a la reproducción y que las mujeres somos fieles a partir de nuestro “instinto materno”, ese deseo que “nos impulsa a buscar intercambio sexual sólo por tener hijos”. Un instinto que nos ubica en la categoría de animales, pero racionales, ya que si flaqueamos y cometemos una infidelidad somos antinaturales. ¿Confuso no?
Las teorías biologicistas fueron revocadas desde que Simone de Beauvoir escribió El Segundo Sexo, en 1949, no obstante la cultura ha permitido la permanencia de estas creencias. Es simplista querer analizar el fenómeno social de la infidelidad desde un argumento biológico, el cual únicamente tolera y difunde las conductas machistas.
Todas y todos interactuamos en las dinámicas sociales de compartir sentimientos,
emociones, pensamientos, creencias e impresiones, todas y todos tenemos necesidades
físicas, amorosas e intelectuales, depende de cada persona desahogarlas
sin transgredir los tratos sociales establecidos con las personas más
cercanas. Los motivos por los cuales mujeres y hombres son infieles no son diferentes,
la distinción radica en la justificación que recibe socialmente.




