Foto: Dulce Miranda/MujeresNet

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo


Frente a los cambios que las madres han tenido en cuanto al rol ‘propio de su género’, el de los padres también se ha transformado, trayendo con ello la participación en el ámbito de la familia no sólo como proveedor, sino en la crianza y las actividades en el hogar.



Los niños y niñas de hoy tienen la oportunidad de vivir nuevas formas de familia y de los roles de sus padres y madres. Es cierto que las mujeres desde hace algunos años disponen de espacios negados a generaciones precedentes, como es el  estudiar lo que desean y trabajar en lo que aspiran sin importar si son mujeres. Quizá nuestras madres estudiaron y trabajaron en lo llamado propio de su género. Esto ha cambiado;  las mujeres de fines del siglo XX y principios del XXI son ingenieras, astronautas, conductoras de camiones, trabajadoras de la construcción, soldadoras, fontaneras, pilotos de avión, y cualquier actividad o profesión que deseen.

Sí, es cierto que el ser madre es inalienable a la mujer –si desean serlo, claro-, pero se le suman nuevas actividades y espacios. Paralelamente el rol de padre también se ha transformado. Ahora los hombres tienen oportunidad de participar en el ámbito de la familia, no solo como proveedores, sino en la crianza y realizando actividades en el hogar.

Las familias son diferentes, por tanto la crianza también lo es; veremos los resultados de esto en unas generaciones.

Ciertamente se ve aún como una concesión para la mujer y para el hombre, la  incursión en actividades fuera del hogar y su irrupción al interior de los hogares, respectivamente.  Pero el cambio es evidente, ahora somos testigos/as de hombres solos con sus hijos en el cine, en el súper, llevándolos al parque y en caso de divorcio muchos hombres buscan obtener la custodia permanente de los hijos/as. La razón es que no pueden vivir sin ellos/ellas, lo que es una derivación de la convivencia y por tanto no soportan la separación.

Podemos afirmar que los padres de ahora son diferentes, buscan sus espacios para ejercer su rol, conviven y participan en las actividades del hogar y cuidado de los/las menores. Las familias son diferentes, por tanto la crianza también lo es; veremos los resultados de esto en unas generaciones. Son padres que cocinan, lavan y además siguen siendo proveedores. Las mujeres ahora conviven con nuevas masculinidades y aprenden a compartir esa difícil labor de la crianza y de las labores del hogar. Es cierto que los roles tradicionales siguen vigentes, pero ahora son matizados y se deben de ir gestando cambios.

Es cierto que los roles tradicionales siguen vigentes, pero ahora son matizados y se deben de ir gestando cambios.

Por otra parte, veremos cómo las estructuras sociales buscarán mantener vigentes los roles tradicionales dado que por siglos han funcionado en la sociedad para mantener lo que no es otra cosa que lo biológico que busca posicionarse por encima de lo social: la reproducción de la especie. La procreación y crianza deben de continuar con el fin de garantizar nuevas generaciones, si bien este ya no debería de ser un tema que preocupe a la especie humana –sino más bien el control natal- pero el deseo se mantiene y la integración de una familia continúa como una razón de vida para los y las jóvenes.

No olvidemos que hombres y mujeres realizan sacrificios personales, de aspiraciones, de sueños para integrar una familia. No son solo las mujeres las que renuncian y limitan sus expectativas profesionales, que en este caso sería lo esperado social y culturalmente (rol de madre); en el caso de los hombres (rol de padre) poco se conoce de la renuncia de sus anhelos, a lo que desisten por su trabajo que es el sustento de la familia (rol de proveedor) y por la convivencia familiar que va ganando terreno en la figura paterna del siglo XXI. ¡Feliz día papás!

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