Por Adiel Martínez Hernández


La paternidad como una de las expresiones más representativas de la masculinidad, es vista ahora por los jóvenes como una exigencia difícil de cumplir tanto por razones demográficas y socioeconómicas como psicológicas y de equidad de género, y por tanto prefieren no ejercer ese rol.



En los últimos años, cuando cuestiono a mis alumnos sobre la posibilidad de convertirse en padres, la respuesta negativa es cada vez más contundente. Algunos me han comentado que sólo si ocurriera de manera accidental el que sus parejas quedaran embarazadas entonces sí asumirían la responsabilidad. Otros, con mucha seguridad, consideran la interrupción del embarazo como una opción para librarse de la paternidad.

Los cambios culturales de los que estamos siendo testigos, sobre todo en las dinámicas de género, nos dan cuenta de cómo la paternidad, una de las expresiones más representativas de la masculinidad, también se está transformando. Los hombres están identificando que ya no hay manera de ejercer los roles tradicionales de género con la misma libertad que antes. En ese sentido, la paternidad se convierte en una opción que pueden descartar.

La no paternidad es precisamente esa posibilidad que tienen los hombres en estos tiempos de no generar descendencia ya sea en condición de soltería o formando parte de una pareja. Aunque también hay que destacar que hay no paternidades involuntarias, es decir, aquellas que por cuestiones fisiológicas impidieron al hombre crear progenie. Si los hombres se resignan a este hecho y no insisten en la reproducción estamos ante dos manifestaciones de la no paternidad.

Los cambios culturales de los que estamos siendo testigos, sobre todo en las dinámicas de género, nos dan cuenta de cómo la paternidad (…) se convierte en una opción que pueden descartar.

La decisión de no ser padres se manifestaba anteriormente en condiciones muy particulares: como en el ordenamiento religioso, el ostracismo, el ascetismo filosófico, la vocación artística y la asunción de una identidad sexual diferente a la heterosexual. Haciéndose metáforas que protegían la masculinidad de estos hombres por ejemplo al decirle “padre” al sacerdote o considerar a la obra artística o intelectual como resultado de una gestación.

Pero ahora las no paternidades son una condición más general que se observa en las generaciones recientes. Que se justifican no sólo por los casos anteriores sino también por una conciencia colectiva cuyos argumentos están basados en los conocimientos ecológicos, demográficos, políticos y psicológicos. Además de las condiciones socioeconómicas que imperan en las sociedades occidentales.

La incursión de las mujeres en el sector económico les dio la oportunidad de ejercer la reproducción y la crianza sin la rigurosa participación de los hombres. En ese sentido, se derrumbó el significado de la paternidad como una función exclusiva del hombre consistente en proveer y proteger. Considerada como responsabilidad y obligación, la paternidad es vista por los jóvenes como una exigencia difícil de cumplir.

En esta decisión también puede hallarse el camino para una transformación cultural que alcance la igualdad entre las personas.

Las críticas al sistema patriarcal y al machismo por sus prácticas nocivas hacia las mujeres, niñas, niños y hombres de rasgos no hegemónicos también hacen tambalear los significados de la paternidad tradicional. Los hombres ya no ven a dicho modelo de padre como opción, por ende, prefieren no ejercer ese rol en tanto no se halle una manera más acorde con lo que pide la equidad de género.

Finalmente, las no paternidades están constituyendo nuevas identidades masculinas. Los hombres tienen la posibilidad de autodefinirse como sujetos que decidieron conscientemente no ser padres y no ser juzgados o discriminados por ese hecho. En esta decisión también puede hallarse el camino para una transformación cultural que alcance la igualdad entre las personas.

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