Fotos: María Esther Espinosa Calderón/MujeresNet

Por María Esther Espinosa Calderón y María del Socorro Martínez Cervantes

 


Esta exposición fotográfica de Médicos sin Fronteras tiene como centro a 24 mujeres de 12 países que han sufrido desastres naturales o han sido desplazadas, refugiadas y víctimas de conflictos. Estará hasta junio de este año.



En la plaza Luis Cabrera de la colonia Roma, se encuentra al aire libre la exposición fotográfica de Médicos sin Fronteras (MSF), denominada: Mujeres que no bajan los brazos, inaugurada el 8 de marzo y que estará hasta junio de 2019, compuesta por 24 fotografías de mujeres de diferentes partes del mundo, que han sufrido desastres naturales, han sido desplazadas, refugiadas y víctimas de conflictos. Muchas de ellas, lastimadas de diferente forma, que han recorrido cientos de kilómetros para encontrar refugio y atención de emergencia y salvaguardar sus vidas.

La muestra empieza con dos fotografías de México, una de ellas, captada por la lente de la periodista Consuelo Pagaza, quien  tomó a Verónica, una voluntaria que “trabajó durante semanas cocinando y ayudando a residentes de Atzala, Puebla, que perdieron sus hogares en el terremoto del 19 de septiembre de 2017, aunque su familia no resultó afectada”. La otra imagen de Jordi Ruiz Cirera de MSF, fue tomada a Patrona Salinas, de Oaxaca, cuya vivienda también fue destruida por el sismo, ya que ella, su hijo discapacitado y su hermano tuvieron que vivir bajo unas lonas. “MSF desplegó equipo multidisciplinario en los estados de Puebla, Oaxaca, Morelos, Estado de México y en la Ciudad de México para ofrecer atención de salud primaria a las personas afectadas” por el movimiento telúrico.

Cada una de las 24 fotografías cuenta la historia de mujeres que han tenido la capacidad de adaptarse y salir adelante ante las situaciones adversas  que les ha tocado vivir. Con la ayuda de MSF han enfrentado desafíos complejos. Se encuentran también fotografías de mujeres de Honduras, Colombia, Bangladesh, Afganistán, Nigeria, Ucrania, Yemen, Sudán del Sur, República  Democrática del Congo, y República Centroafricana, entre otros países. Cada una con una historia diferente, pero todas luchando por tener una vida mejor. Mujeres que no bajan las manos. Que sufren, pero que con el apoyo de MSF, su sufrimiento es menor.

Por ejemplo, la foto tomada por Kenny Karpov, refleja un poco de la vida de “Nadiia Pzudskaya de Ucrania, de 79 años espera en el pasillo de un hospital de Mariupol, Ucrania, donde MSF gestiona una clìnica móvil. Nadiia recibe tratamiento médico para problemas cardiacos y renales”. Así como, la de Andrea Bruce muestra a Kashnira quien es una partera tradicional que no tiene entrenamiento formal, es una de las pocas personas disponibles para ayudar a las mujeres a dar a luz en un campamento para desplazados internos en las afueras del oeste de Kabul, miles de personas viven en él, la mayoría son de Helmand o Kandahar, de donde han huido debido a los combates.

MSF señala que las mujeres y las niñas atrapadas en conflictos u obligadas a huir, se enfrentan a riesgos sanitarios y a un mayor peligro en las crisis y durante sus destierros simplemente por el hecho de ser mujeres. Requieren acceso a métodos anticonceptivos, lugares seguros para dar a luz y ser atendidas junto con sus bebés, contención y auxilio después de haber sufrido violencia sexual y además necesitan reponerse para poder seguir cuidando solas a sus hijos.

MSF señala que las mujeres y las niñas atrapadas en conflictos u obligadas a huir, se enfrentan a riesgos sanitarios y a un mayor peligro en las crisis y durante sus destierros simplemente por el hecho de ser mujeres.

Al mismo tiempo, las mujeres son el hilo que mantiene unidas a las familias  en situaciones de crisis, quienes luchan por salvaguardar a sus hijos, quienes también deben tomar decisiones a veces inimaginables y en las situaciones más adversas se niegan a rendirse a pesar de vivir en condiciones de pobreza e inseguridad extremas. Ellas no son diferentes de cualquier otra mujer o niña en el mundo.

“Esta exposición fotográfica busca arrojar luz sobre las historias de algunas de estas mujeres, hijas, madres o abuelas, provenientes de 12 países distintos donde trabaja MSF; y muestra la perspectiva de algunas de las trabajadoras humanitarias mexicanas que todos los días buscan ofrecerles atención médica. Todas ellas son mujeres que no bajan los brazos”.

MSF es una organización de acción médico humanitaria que asiste a personas amenazadas por conflictos armados, violencia, epidemias, enfermedades olvidadas y desastres naturales.  Lo hace sin ninguna discriminación por raza, religión  o ideología política.

“La acción humanitaria es un gesto solidario de la sociedad civil a la sociedad civil, de persona a persona, cuya finalidad es preservar la vida y aliviar el sufrimiento de otros seres humanos: esta es nuestra razón de ser”[1].

“Cada año MSF, envía cientos de profesionales a sus proyectos, quienes colaboran con miles de trabajadores locales para ofrecer atención a millones de personas  -muchas de ellas mujeres- en distintos contextos de crisis humanitaria”.

Las mujeres son […] quienes también deben tomar decisiones a veces inimaginables y en las situaciones más adversas se niegan a rendirse a pesar de vivir en condiciones de pobreza e inseguridad extremas.

Ellas son algunas de las profesionales que forman parte del equipo de MSF,  “han sido testigos de los desafíos que enfrentan las mujeres en contextos de conflicto, epidemias o desplazamientos forzados alrededor del mundo, y al mismo tiempo, han constatado la fuerza, la resiliencia y la valentía con que las mujeres salen adelante en medio de la adversidad”.

Cada una de estas mexicanas nos dan su punto de vista respecto a su trabajo humanitario: Ximena Campos, urgencióloga, ha estado en Haití, Mozambique, Camerún, Siria, Irak, República Democrática del Congo y Yemen. Dice que “mujeres sanas hacen una población más sana”.

Diana Corben, médica general, ha estado en Yemen, Níger, Bangladesh, asegura que “ser confrontada con la realidad de otros, y ocuparse en función de ellos, te pone a prueba contigo misma. Creces al darte cuenta  que eres parte de algo mucho más grande de lo que imaginabas”. Daniela Gabayet, es cirujana y los lugares donde ha participado son Sudán del Sur, Yemen y República Centroafricana, para ella ser trabajadora de MSF “me ha dado la oportunidad de decirle al resto de las mujeres que hay que quitarnos los estereotipos y vencer los obstáculos que se nos han impuesto; porque la realidad es que no hay límites, solo nosotras mismas”.

En tanto,  Margarita Quijano, médica ortopedista, quien ha vivido en Burundi y Haití, dice: “Muchas veces me han preguntado si me da miedo, como mujer, viajar sola a lugares tan lejanos y poco seguros. Yo les respondo que sí, pero el deseo de poner lo mejor al servicio de los demás, me hace superar esos miedos”. Para Tania Marín,  coordinadora médica general, México, “en los proyectos, uno de nuestros principales retos es combatir la desinformación, sobre la salud sexual”. Emma Picasso, pediatra endocrinóloga, ha estado en República Centroafricana, República Democrática del Congo y Líbano: “Entre mujeres nos construimos, cuando unimos fuerzas por el bien común somos imparables”.

Guadalupe García, urgencióloga, quien ha estado en Yemen, dice: “Aunque no veía la plenitud de sus rostros, su mirada siempre transmitía su templanza, paciencia, esfuerzo y dedicación”. Marisol Yglesias, logista, ha estado en  Kirguistán, México y Honduras, asegura que “nuestro norte no es el heroísmo ni la competencia, sino el empoderamiento y ser una voz de cambio”.

Para Altair Saavedra, quien ha vivido en Tanzania, Siria, Yemen, Congo y Níger, “en muchos países, ser mujer significa cuidar siempre de tu vestimenta y gestos sociales. Sin embargo, cuando la acción médica llega, el género no hace ninguna diferencia para nuestros pacientes”. Y Karla Saldívar, ginecóloga, quien ha estado en Irak menciona: “He conocido mujeres con historias inverosímiles, mujeres que lo han perdido todo, que tratan de reconstruir el mundo que les fue arrebatado. Su fortaleza y capacidad es admirable. Soy muy afortunada de poder trabajar con estas mujeres”.

En cada una de las imágenes expuestas es evidente el dolor de estas 24 mujeres del mundo que no se derrumban ante la adversidad y junto con las trabajadoras de MSF no bajan los brazos, sino que siguen luchando por una mejor forma de vida.

Fuente:

[1] https://www.msf.es/conocenos/quienes-somos, consultado el 14 de abril de 2019.

Te recomendamos también:

Menstruación: erradicar los estigmas

Las diferentes formas de parir en México

El grito desgarrador