#MeToo y el papel de los medios de información

Imagen: MujeresNet

Por Josefina Hernández Téllez


Los medios revelan su profundo machismo patriarcal y su mirada sexista, mostrando el verdadero nivel mental cultural sobre la igualdad y tan ansiada equidad entre géneros.



El suicidio de Armando Vega Gil, puso en evidencia varios temas: la falta de credibilidad de las acciones feministas, la poca conciencia en la sociedad sobre la violencia sexual que existe y se practica en muchos ámbitos y por diferentes personas sin importar condición de clase y el eco sobredimensionado de los medios de una mentalidad patriarcal y sexista.

Entretejidos estos tres aspectos, el tema sobre la decisión del músico mexicano Vega Gil llevó al cuestionamiento sobre la legitimidad, el desbordamiento de las denuncias, el linchamiento mediático y de la credibilidad de #MeToo. Este escenario pone en entredicho la urgente necesidad de acotar y parar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos, pero también refleja la cultura prevaleciente y dominante sobre nuestros derechos básicos mínimos de ser respetadas y miradas como humanas que somos y no objetos del placer del otro.

La periodista especializada Blanche Petrich, calificó al movimiento #MeToo mexicano “hoguera fuera de control”, desde su formación profesional cuestionó la veracidad de los mensajes y cómo es que la plataforma no verificó que los mensajes fueran falsos relatos, de mala fe: “¿Se midieron los riesgos de soltar en las benditas (o malditas) redes sociales todos estos demonios bajo el supuesto de tirar el machismo y el abuso contra las mujeres?” (La Jornada, 3 de abril, 2019).

La periodista y actual directora de la agencia informativa Notimex, Sanjuana Martínez, se atrevió a afirmar que el perfil de Armando Vega Gil no es el de un agresor sexual: “Armando tenía razón, por ser víctima de un linchamiento mediático inaceptable (…) Evidentemente, su corazón noble y sensible no resistió este ataque feroz y tan cruel en las redes; hay que replantear el MeToo” (SDP Noticias, 2 de abril, 2019).

La académica Marta Lamas, declaró sobre el riesgo del anonimato: “Las denuncias anónimas debilitan el movimiento en México y dan cabida a venganzas y resentimientos. Me preocupan las denuncias anónimas, no porque piense que todas son falsas, pero sí pienso que dan cabida a venganzas y resentimientos y que pueden incidir de manera negativa” (Aristegui Noticias, 4 de abril, 2019).

El tono informativo de los medios en torno a este caso de suicidio dio pie a una  perspectiva que no sólo señala la validez de la estrategia del anonimato al recabar testimonios y su difusión, sino a la idea arraigada de que el acoso y hostigamiento son sobredimensionados y que de cara al feminismo se utilizan para “dañar”, “desprestigiar”, “chantajear” a los hombres. Estas mujeres connotadas fueron su portavoz. Informativamente, no consideraron o se discutió desde las feministas y especialistas en violencia sexual por qué es importante el anonimato para estas mujeres. No consideraron, ni entienden, por qué dar nombre y apellido de denunciantes significa una revictimización, porque el entorno social no tiene aún el nivel para reconocer la violencia, y de naturalizada y minimizada es difícil identificarla y menos aún aceptarla.

La idea arraigada de que el acoso y hostigamiento son sobredimensionados y que de cara al feminismo se utilizan para “dañar”, “desprestigiar”, “chantajear” a los hombres.

La información y el enfoque de los periodistas sobre #MeToo centró el foco en el significado del suicidio del músico y no en la violencia sexual y de esta forma se revictimizó a la denunciante. De haber “dado la cara” se le hubiera linchado y no en sentido figurado como se hizo a través de los medios, sino físicamente.

Un aspecto informativamente relevante es que nunca se planteó la posibilidad de saber o conocer, desde la voz de especialistas en psicología o psiquiatría, por qué una persona inocente se suicida. Una pregunta razonable que los medios no plantearon y no respondieron. Sí en cambio, las baterías mediáticas se fueron contra el movimiento #MeToo mexicano y su estrategia de difundir las denuncias bajo el anonimato y el posible “abuso de denuncia” o calumnia.

En este mismo nivel de pensamiento la actriz Carmen Salinas descalificó al movimiento #MeToo y representó la postura de esta cultura machista y misógina: “¿Quién inventó la mamada de #MeTooMúsicosMexicanos que da pie para escribir tanta jalada y para que una pinche loca declarara que la había violado de 13 años el gran músico Armando Vega Gil, él le pidió se lo comprobara y nunca dio la cara. Queremos conocer esta Sra.” (SDP Noticias, 2 de abril, 2019).

La conclusión para muchos luego de estas declaraciones e información es que las mujeres inventamos historias, nos vengamos con “fantasías”, exageramos hechos e inventamos o malinterpretamos hoy en día “galanterías” o “coqueteos”. “Grave”, repitió por dos días seguidos el periodista Ciro Gómez Leyva, expresó tajante: “No queremos esto mujeres. No así”.

¿Acaso la violencia es tersa? ¿El acoso sexual nos fortalece? ¿El hostigamiento sexual nos hace felices?

Con esta mirada y esta embestida contra un desenlace trágico elegido, que no inducido por la denunciante, exoneraron al señalado Armando Vega Gil, como si no tuviéramos evidencia e historia de violadores, acosadores y pederastas dentro de los hombres más reconocidos como Michael Jackson, Woody Allen o Roman Polànsky, señalados antes del #MeToo.

El enojo y descalificación de este movimiento de mujeres es evidencia de una mentalidad patriarcal mediática, activada al obviar información amplia y documentada.

El enojo y descalificación de este movimiento de mujeres es evidencia de una mentalidad patriarcal mediática, activada al obviar información amplia y documentada. Al invisibilizar que el abuso fue contra una niña que entraba a la adolescencia pero que no es todavía joven adulta como lo dijeron las entradas de dos medios, Reforma y La Jornada, al identificar a la denunciante como “joven” de 13 años, o “adolescente”, en lugar de decir niña o púber, lo que era a esa edad la denunciante. Los medios olvidaron que el abuso sexual a menores de edad es una verdadera tragedia en el país porque afecta a la mitad de la población, es decir, a las mujeres.

Los medios revelaron así su profundo machismo patriarcal y su mirada sexista. Desenfocaron el tema a discusión y nos mostraron el verdadero nivel mental cultural sobre la igualdad y tan ansiada equidad entre géneros, que aplica sólo en discurso.

En este panorama adverso, la respuesta de la jurista Alicia Elena Pérez Duarte a Marta Lamas, muestra que el principio básico del feminismo y de la necesidad de la justicia sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres son esenciales para crecer como sociedad: “Marta Lamas, a mí también me preocupan las denuncias anónimas, pero no el #MeToo. Para empezar, la denuncia anónima ha servido de mucho, a pesar de mi preocupación, en situaciones de crímenes de lesa humanidad en México, las propias autoridades promueven la denuncia anónima en casos ‘graves’, como narcotráfico o secuestros. ¿No es lo mismo? CLARO QUE NO. El #MeToo no son denuncias, son testimonios de mujeres que necesitan expresarse de alguna manera. No se trata de un proceso en forma, por tanto, la presunción de inocencia queda a salvo. Nadie va a detener a los que aparecen en las diferentes listas y cada quien puede creer o no, solidarizarse o no. Yo, después de conocer muy bien este problema, les creo a todas y me solidarizo con ellas.”

Una voz, una postura, una visión que desafortunadamente no se comparte porque no se cree en las mujeres, pero que revela el camino que muchas mujeres de este país queremos y soñamos: de justicia.

 

Te recomendamos también:

#MeToo y el anonimato: estrategia de resistencia al poder

Bienvenido el #MeToo