#MeToo y el anonimato: estrategia de resistencia al poder

Por Guadalupe López García


Esta cronología de los movimientos para denunciar el acoso, el hostigamiento y las violaciones sexuales permite dimensionar no solo el daño estructural por la cultura machista mexicana, sino también la ausencia de políticas públicas y mecanismos legales para garantizar el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia.



A raíz del suicido del músico Armando Vega Gil, el repudio contra el movimiento #MeTooMex se intensificó y se aprovechó para criticar los espacios físicos y virtuales que han recogido los testimonios de muchas mujeres que —haciendo a un lado la vergüenza, la culpa, la rabia, la tristeza, el dolor y el miedo— decidieron relatar el acoso y hostigamiento sexual[1], o una violación que les ocurrió en algún momento de su vida.

Aunque la autoría de esas formas de expresión se atribuye a las “feministas”, se trata de iniciativas colectivas de mujeres diversas, principalmente jóvenes, que tomaron fuerza durante 2016, más allá del #MeToo, como se demuestra en esta especie de cronología —un poco accidentada— de estas acciones que se han extendido por todo el país.

En marzo de 2016, la artista plástica Mónica Mayer instaló un tendedero en la explanada del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México (CDMX), en el que se expusieron escritos sobre acoso callejero y violencia sexual. Más adelante, realizó otras exposiciones. Por ese entonces, el profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Marcelino Perelló, fue exhibido como acosador.

En abril de 2016 se llevó a cabo la marcha contra la violencia hacia las mujeres en varias ciudades del país, con diversos hashtgas: #VivasNosQueremos, #24A, #PrimaveraVioleta, #LaHistoriaEsNuestra, #NoTeCalles. Meses después, en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, se instaló en las paredes de cristales de la cafetería, el Muro de Denuncia al Acoso. “¡No es difamación ni exageración! ¡El acoso en la UAM-X existe y es sistemáticamente silenciado!”, expuso una usuaria de Facebook, ante los reclamos[2].

Entre las críticas estaba la del profesor Carlos Arturo Baños, quien dijo: “Las feminazis (o feministas fanáticas y totalitarias) echan mano del ‘chantaje’ y de la ‘presión política’, y exigen de la sociedad tratos privilegiados […] El ‘Muro de los Lamentos’ de la UAM-Xochimilco me sirve para demostrar, de nueva cuenta, que el feminazismo es socialmente peligroso”[3]. Hizo énfasis en que él sí tenía rostro y nombre y no se andaba escondiendo.

Aunque la autoría de esas formas de expresión se atribuye a las “feministas”, se trata de iniciativas colectivas de mujeres diversas, principalmente jóvenes, que tomaron fuerza durante 2016, más allá del #MeToo.

Los tendederos se retomaron de forma casi simultánea en escuelas de educación media y media superior de diversas entidades, tanto públicas como privadas, como en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, en facultades, preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades), en el Tecnológico de Monterrey, El Colegio de México y el Centro de Investigación y Docencia Económica. Surgieron, igualmente, hashtags en Twitter: #YaBasta, #NoNosCallarán #AquíTambiénPasa #AcosoEnLaU.

Poco a poco, aparecieron otras etiquetas, algunas como réplicas de movimientos internacionales: #MiPrimerAcoso, #SiMeMatan, #NiUnaMás, #YaEstuvo, #Injustificable, #NoEsNo, #NosEstánMatando, #AlertaMujeresMx, #TodasSomosUna, #LaCalleEsNuestra, #NoAlAcoso, #Cuéntalo, #NoEstásSola, #YoSíTeCreo. El mismo Twitter lanzó en 2016 su campaña #FuerzaEnMiVoz; La editorial Larousse, la de #NoEsLoMismo, y #AcosoNo, y ONU Mujeres, #NoEsDeHombres.

Después del #MeToo estadunidense, en 2017, en México se reprodujo de diversas formas: #MeTooMx y #YoTambién. Se abrieron otros enlaces más: #AcosoSexual, #YaEstuvo. Entre los casos, destacó el de la actriz Karla Souza. En ese debate mediático surgió la etiqueta: #YoNoDenuncioPorque.

En 2018, Marta Lamas, una de las feministas más reconocidas en el país y en Latinoamérica, publicó su libro Acoso. ¿Denuncia legítima o victimización? Entre las críticas a su postura, sobresalió el Manifiesto desde los Feminismos Mexicanos sobre el Acoso Sexual y Otras Formas de Violencia contra las Mujeres.

Del acoso en el transporte público, en específico en el Metro de la CDMX, surgieron #AcosoEnElMetro, #ElMetroLosEncubre. En este año se abrió el hashtag #AMíMeRespetas, promovido por el gobierno capitalino, como parte de una campaña contra las violencias hacia las mujeres.

Del #MeTooMx se derivaron #MeTooEscritoresMexicanos, #MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooCineMexicano, #MeTooAcadémicosMexicanos, #MeTooCreativosMexicanos, #MeTooFotógrafosMexicanos y #MeTooMúsicosMexicanos, #MeTooActivistasMexicanos y otras más, como #UnidasFrenteAlAcoso, que revelan los casos de acoso cometidos por un activista.

El 1 de abril pasado, Periodistas Unidas Mexicanas #PUM informó que en nueve días recibieron 312 denuncias, de la cuales se publicaron 242. En ellas, 192 personas (reporteros, editores, fotógrafos, locutores, columnistas, directivos y profesores de periodismo) fueron acusados de acoso, hostigamiento o algún tipo de agresión sexual en el ámbito laboral. De esos casos, 33 estaban reportados ante diversas instancias, pero solo en uno se logró una orden de restricción y en otro la investigación sigue abierta.

Luego del suicidio del también compositor y escritor, la cuenta de músicos mexicanos fue cerrada, aunque —desde el anonimato— surgió #MeTooHombres, para “nivelar las cosas”.[4] A su vez, se anunció #MujeresJuntasMarabuntas, hashtag derivado del de escritores mexicanos, movimiento que aclara que los casos no son anónimos, sino “hechos bajo confidencialidad, y cada uno tiene seguimiento y acompañamiento”.[5]

En todo este proceso, el papel del Estado ha sido el de espectador. En esta coyuntura, la actuación oficial se reduce a la carpeta de investigación que abrió la procuraduría capitalina sobre el suicidio de Vega Gil. El encono social y las agresiones hacia las denuncias anónimas y los ataques sistemáticos a las feministas se han acrecentado no solo por hombres —y mujeres— sino por la aparente neutralidad de las instituciones.

Aunque organismos internacionales y gobiernos han utilizado estas plataformas virtuales, las campañas y otras acciones se centran en la prevención y en hacer exhortos a que se denuncie ante las autoridades competentes. Pero los hechos que narran miles de mujeres no son únicamente por la cultura machista mexicana: reflejan la ausencia —o ineficacia— de políticas públicas y mecanismos legales para garantizar el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, como se establece en el marco normativo correspondiente.

Estos testimonios pueden ser una poderosa herramienta de análisis para diagnósticos institucionales.

Estos testimonios pueden ser una poderosa herramienta de análisis para diagnósticos institucionales. Documentan de manera cualitativa la violencia de género, imposible obtener desde el Banco Nacional de Datos e Información sobre casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) o la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh).

Con su sistematización, se podrían identificar las prácticas de acoso, hostigamiento y agresiones sexuales más comunes y cotidianas en los lugares públicos y privados, los patrones de comportamiento y nombrar aquellas violencias simbólicas que rebasan las tipologías legales, entre otras variables. Los resultados, por supuesto, repercutirían en las acciones de Estado, más allá de las campañas de prevención y difusión.

Cuando empezaron a aparecer los tendederos, pensé que ese tipo de expresiones era peligroso, no por las falsas acusaciones sino porque pensaba que exponían a las víctimas. Ahora, me quedaría corta ante lo que han expuesto recientemente las feministas en pronunciamientos y redes sociales. Por eso, sobre los temas que han predominado en este debate (el anonimato, las denuncias falsas y la presunción de inocencia —un concepto legal—), dejo la opinión de la feminista colombiana Catalina Ruiz-Navarro, impulsora de la campaña #MiPrimerAcoso[6].

La defensa del anonimato es un valor clave para la protesta. Es una estrategia de resistencia al poder. Eliminarlo es un uso machista; incluso, de derechos humanos, pues las primeras que lo sufrimos somos las feministas, porque desde hace tiempo hemos padecido los Trolls anónimos que nos amenazan con matarnos, echarnos ácido en la cara y violarnos. Es el día a día de cualquier feminista que tiene redes.

Las mujeres contando experiencias de sus vidas, son protestas que no tiene estándares periodísticos, y no se les puede exigir si no se les pide a otras protestas. La razón por lo que esto ha salido a borbotones es que por primera vez hay un espacio seguro para que podamos hablar. Pero las mujeres todavía se enfrentan a una situación de poder en donde necesitan el anonimato para protegerse. El movimiento de derechos humanos en México siempre ha defendido el anonimato, pero para las protestas feministas dice que no se vale.

Usar los espacios de MeToo para que los hombres se den golpes de pecho, contándonos sus historias y para que se presenten como buenos tipos, en este momento político tan importante para las mujeres, debe verse como un gesto egoísta y oportunista. El daño que han causado a las mujeres estos abusos de poder que terminan en violencia de género no son daños de horas ni daños reputacionales. El daño es gigantesco y a nivel estructural.

Las feministas estamos pensando en una justicia orientada en prevención y reparación, y eso comienza con que las mujeres podamos hablarlo. Hay denuncias que se hacen con torpeza, pero las mujeres no tenemos que ser expertas. En cuanto a los despidos injustificados por acoso no es culpa de la denunciante sino de la empresa, que no sabe cómo reaccionar, porque no hay protocolos. Hay malos usos y malos castigos de las denuncias que hacen las feministas, pero no podemos irnos para atrás.

Notas:

[1] En el artículo 13 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se definen estos tipos de violencia contra las mujeres.

[2] Tomado de: https://regeneracion.mx/alumnos-de-la-uam-crean-muro-para-denunciar-acoso-de-profesores/

[3] Retomado de: http://www.elarsenal.net/2016/06/08/presencia-feminazi-en-la-uam-xochimilco-por-carlos-arturo-banos-lemoine/

[4] https://www.fayerwayer.com/2019/04/metoo-hombres-twitter/

[5] Pronunciamiento Palabra colectiva del movimiento #MujeresJuntasMarabunta.

[6] El texto se estructura de la entrevista efectuada por Carmen Aristegui en su programa de noticias del 5 de abril de 2019.

Te recomendamos también:

Bienvenido el #MeToo

#MeToo y el papel de los medios de información