Foto: Mariana C. Bertadillo/MujeresNet

Por Ma. de Lourdes García Acevedo

Feminista, con licenciatura y maestría en Sociología. Consultora de SICAA S.C., Presidenta de CIMIGE A.C. e integrante del Frente Feminista Nacional.


Ante una esperanza de vida para el 2050 de 83 años para las mujeres y 79 para los hombres, en México no se están dimensionando las necesidades de cuidado de la población mayor y especialmente de las mujeres, volviendo urgente la creación de normatividad y políticas públicas al respecto.



Como resultado de los grandes cambios demográficos experimentados en México durante el siglo XX, la estructura por edad y sexo de la población está sufriendo cambios significativos; entre éstos destaca el inicio del proceso de envejecimiento demográfico que se expresa como un incremento relativo y absoluto de la población en edades avanzadas, ello debido a la disminución de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida de la población y en especial de las mujeres, quienes pueden llegar a los 77 años de edad, mientras los hombres tiene una esperanza de vida de 74 años (datos de INEGI 2012). De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo) se vislumbra que para 2050 las mujeres tengan una esperanza de vida de 83 años y los hombres de 79 años.

¿En qué condiciones llegan las adultas mayores a esta etapa de “juventud acumulada”? Para resumir lo que dicen los estudios y datos estadísticos: muchas llegan con enfermedades crónico-degenerativas, sin pensión, en condiciones de mayor vulnerabilidad y muchas empobrecidas.

Para muestra mencionaré el ejemplo de Angelita, mujer de 90 años de la alcaldía de Iztapalapa en la Ciudad de México, descendiente de inmigrantes españoles de principios del siglo XX. No tiene parientes, no procreó hijas o hijos, su marido murió hace casi 10 años, siempre se dedicó al trabajo doméstico, no tuvo propiedades ni dinero propio, situaciones que hoy la tienen en condición de pobreza, dependiendo de lo que la comunidad le pueda donar para alimentarse.

La tarjeta de la pensión alimenticia donde recibe un apoyo mensual de 1,274 pesos como parte de la política pública para mayores  instaurada en la Ciudad de México, desde que gobernó  Andrés Manuel López Obrador, no le alcanza para alimentarse todo el mes; con ese monto puede comprar los pañales que usa en dos semanas, su medicamento para el corazón y unos pocos alimentos.

¿Cuántas Angelitas hay en la Ciudad de México (entidad con el mayor porcentaje de población mayor), cuántas mujeres hay en el país, con estas o peores condiciones?

¿Qué va a hacer el gobierno de la “Cuarta Transformación” para cumplir  los derechos de las personas mayores,  ya establecidos en la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores (PAM)?

Otra dimensión no considerada por las políticas públicas es el asunto de los cuidados. El incremento de PAM en edades mayores a 70 años, genera necesidades de cuidados de larga duración; estos en la actualidad están a cargo de las familias. Según una encuesta laboral y de corresponsabilidad social (ELCOS 2012), 11.1 millones de personas que realizaron trabajo de cuidado, entre 81.8 y 90.4 son integrantes del mismo hogar, en su mayoría mujeres debido a la ausencia de oferta de personas cuidadoras capacitadas y a la asignación cultural del trabajo de cuidado para las mujeres.

En México las políticas públicas de atención a PAM son muy incipientes y parciales. Se centran en mínimos apoyos económicos y atención a la salud, para quienes cuentan con seguridad social. No toman en cuenta el predominio de enfermedades crónico-degenerativas, la situación de mayor vulnerabilidad de quienes no se encuentran en los esquemas de pensión, las dinámicas familiares donde, debido a la necesidad de mayor incorporación de sus integrantes en el trabajo remunerado, empieza a haber una crisis de cuidados. Menos aún consideran las diferencias en el envejecimiento femenino y masculino, las condiciones de mayor vulnerabilidad de las mujeres, no hay un asomo de incorporar la perspectiva de género. ¿Será que están trabajando en ello?

El trabajo de cuidado debe redistribuirse, los hombres de todas las edades deben participar, el Estado tiene que asumir su responsabilidad.

Andrés Manuel López Obrador ha insistido en que el cuidado de menores lo hagan “los padres de familia” o sea las mujeres madres, hermanas, abuelas. ¿Quién cuidará de las abuelas, o de las que no tienen descendientes?

En la nueva Constitución de la Ciudad de México se incorporó el derecho al cuidado. Para cumplir este derecho se requiere que el Estado y gobierno en turno fortalezcan las instituciones que ya existen para el cuidado de infantes, creen nuevas para el cuidado de personas con discapacidad y personas mayores. El trabajo de cuidado debe redistribuirse, los hombres de todas las edades deben participar, el Estado tiene que asumir su responsabilidad, tener la rectoría en el tema significa destinar suficientes recursos para crear instituciones que ayuden al  cuidado de las personas de todas las edades que lo requieran; vigilar el cumplimiento de las normas, mejorarlas, ampliarlas si se requiere, crear protocolos, mecanismos de vigilancia, seguimiento y evaluación, entre otras cosas. Las mujeres no podemos y algunas no quieren seguir cargando en las espaldas, los brazos y el corazón, todo el desgaste físico y emocional que implica el cuidado. Atenta a nuestros derechos seguir pagando los costos del trabajo de cuidado como por ejemplo dificultades para desarrollo personal, profesional y ausencia de descanso, entre otras.

Todas las personas tenemos derecho al cuidado, aunque la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos aún  no lo reconozca. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha realizado estudios y publicaciones donde recomienda que en el cuidado deben participar: las familias, la comunidad, la empresa y el Estado.

Hay algunos países que han caminado en la creación de normatividad y políticas públicas para el cuidado. México apenas empezaba con la reflexión en torno al tema. ¿Qué podemos esperar en este sexenio? Las declaraciones y errática actuación del Ejecutivo federal en torno al tema de las estancias infantiles, es un mal augurio. No se están dimensionando las necesidades de cuidado de la población mayor y especialmente de las mujeres quienes tenemos mayor esperanza de vida, no así de la calidad de vida.

Tampoco hay una mirada a la necesidad de capacitar y formar para el trabajo de cuidado a hombres y mujeres, no nos referimos sólo a los conocimientos y habilidades relacionadas con el cuidado de la salud, sino a que el cuidado integral de cada grupo poblacional requiere conocimientos y habilidades específicas.

Está muy bien que se tenga en el país una política pública que otorga apoyos económicos a las personas mayores, pero no basta, hay que mirarlas de forma integral, “el día tiene 24 horas” dijo una mujer de 84 años. ¿Qué hacen o pueden hacer para estar mejor las mujeres que aún son independientes, qué pueden hacer las que tienen algún nivel de dependencia de las actividades de la vida diaria? Y ya no digamos las que están dentro de las cuatro paredes de su casa o cuarto, esperando que pase un día más.

México está con retraso en el tema, pero estamos a tiempo, se requiere más que voluntad política para garantizar el ejercicio de TODOS los derechos de las personas mayores y especialmente de las mujeres que son mayoría en ese grupo poblacional. Es un asunto que a todas y todos nos debe importar porque “como te veo me vi y como me ves te verás”, dice un dicho popular que mi padre, que este año cumpliría 100  años si viviera, repetía.