Foto: Dulce Miranda/MujeresNet

Por Gabi Revueltas Valle
Maestra en políticas públicas y género. Madre independiente de dos jóvenes.


La cantidad de mensajes y contenidos de odio hacia las mujeres que circulan en las redes sociales colocan al internet como el nuevo vehículo para mostrar lo que ya sabíamos, que somos una sociedad profundamente conservadora y misógina, inclusive desde las mujeres.



Estamos frente a una nueva circunstancia amigas, hace treinta años no existía el internet y las redes sociales. El feminismo, visto en este escaparate, está moldeando comportamientos, formas de pensar y finalmente actitudes. Francamente a mí me entusiasma bastante que las jóvenes de 20 o 16 años de esta ciudad, se ven a sí mismas como “hermanas”, con proyectos de vida poco convencionales o diferentes a los de las mujeres de mi generación…yo tenía 24 años en 1989, fuimos feministas pero diferente.

La cantidad de mensajes y contenidos que circulan en las redes contra el feminismo es brutal, los mensaje de odio hacia las mujeres todavía más: brujas, mal cogidas, feas, putas, feminazis, feminastys, gatas, golfas, zorras, etcétera. Se descalifican nuestras causas. Y se vuelve a mostrar, en otro vehículo, lo que ya sabíamos: somos una sociedad profundamente conservadora y misógina, inclusive desde las mujeres.

En dichos intercambios virtuales podemos sintetizar que la misoginia vertida, implora (una vez más) por el castigo a las mujeres, a lo femenino: castigo a las mujeres que han elegido no ser madres por la circunstancia sea esta cual sea, por pedir que sea legal para no morir y la cárcel la mejor manifestación del castigo. En los hechos también hay castigos e insultos nefastos por denunciar un abuso laboral… casos delicados porque ponen en cuestión el honor y la  reputación de un macho con títulos y privilegios.

En dichos intercambios virtuales podemos sintetizar que la misoginia vertida, implora (una vez más) por el castigo a las mujeres, a lo femenino.

Aquí deseo detenerme un poco: un superior jerárquico fastidia a una mujer cotidianamente con malos tratos y sobrecargas de trabajo, actitudes subjetivas de desprecio, que incluso implicaron la disminución salarial. Mi amiga está decidida a renunciar porque para iniciar una queja es necesario “presentar pruebas” y como han pasado cuatro años el desgaste es infrahumano, se castiga su dicho, carece de “pruebas”. Como otras muchas mujeres su única opción es renunciar, nadie nos obliga a denunciar y ocupar el lugar de la “víctima”, lo vemos cuesta “arriba”, la judicialización aniquila el amor propio, desespera, yo estoy con ella. Sin embargo, como en otros problemas, la rabia surge ¿por qué las castigadas debemos ser nosotras? Mientras que el acosador es premiado y conserva el privilegio de mantener su empleo. El culpable verdadero es premiado… una terrible vez más.

Cuando imparto clases o pláticas para hablar sobre la perspectiva de género o de feminismo, explico que los ataques a los feminismos en nuestros días no son gratuitos. Y los estamos leyendo en varias partes del mundo. En las redes sociales se sataniza a una mujer que expresa su sexualidad, que se burla del machismo, que lo insulta, que expresa su derecho a decidir, que muestra sus senos, que usa groserías, que defiende a otras, que se lamenta y protesta por los abusos y delitos contra las niñas o que reivindica al trabajo doméstico como parte de la economía, con este trabajo subsidiamos al Estado. En las redes sociales también se insulta a una mujer asesinada o violada, comentarios, burlas y descalificaciones que también otras mujeres reproducen y seguramente piensan. Pareciera que no era suficiente con el odio que proviene de los bárbaros.

Asistimos a la nueva edición del castigo dirigido hacia nosotras por nosotras mismas.

Entre la diversidad de feminismos, podemos identificar varios tipos. Como discurso institucional, se concreta en la propuesta para institucionalizar la perspectiva de género. Esta propuesta tiene un impacto nulo en el debate informal y violento de las redes sociales. Acaso las más inteligentes ayudan a contrarrestar, pero para eso ya pasaron insultos y castigos que hieren profundamente. ¿Recuerdan el caso de una mujer que falleció en un accidente en Reforma? Los juicios que se leyeron hacían parecer que murió por puta, por salir sola con otros hombres y no con su pareja, por eso terminó de esa forma…

Castigamos a las niñas pobres por no defenderse, por no huir; castigamos a las mujeres con otras mujeres (lo podemos revisar en el enfrentamiento entre las Hijas de la Mx y las Madres de la Patria, en el twitter), castigamos las propuestas para solucionar los problemas de las mujeres, castigamos a las víctimas, a las muertas y a las víctimas colaterales como lo son sus madres, sus hijas e hijos. Si bien será necesario cuestionar cotidianamente al Estado por todas sus omisiones y al poder judicial por todos sus delitos, invito a cuestionarmos a detalle la última edición de los mensajes de odio entre mujeres que estamos presenciando. Asistimos a la nueva edición del castigo dirigido hacia nosotras por nosotras mismas.