Foto: Dulce Miranda/MujeresNet

Por María Esther Espinosa Calderón y María del Socorro Martínez Cervantes

 


En India, como en otras partes del mundo y de México, el primer periodo menstrual marca el inicio de la ‘impureza’ y activa la violenta tradición de exclusión y reclusión, ya que se les aísla y prohíbe entrar a las casas, cocinas y templos, y tener contacto con otras personas, con las plantas, ganado, comida, agua…



Días antes de que  Period. End of Sentence, ganara el Oscar que otorgó la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas  a la categoría de mejor Cortometraje documental en 2019, varios medios de comunicación dieron a conocer la noticia de que, en una población cerca de Nepal, en la  India, Amba Bohara, de 35 años y sus dos hijos de 12 y 9 años murieron intoxicados por el monóxido de carbono que respiraron producido por el fuego que encendieron para protegerse del frío, en el lugar donde se refugiaron junto con su madre debido a que ella estaba menstruando. Esta mujer, al igual que otras miles de  la India,  se sometía a los mandatos de la tradición para cumplir la antigua práctica llamada “Chhapuadi”, de mantener aisladas a las mujeres en unas chozas pequeñas, sin ventilación y sin servicios, mientras tienen la regla.

A pesar de que diversas organizaciones de la sociedad civil y mujeres activistas luchan por acabar con esta costumbre que por siglos ha perdurado denigrando a la mujer tan solo por su biología, los estigmas en torno a su sexualidad y todo aquello que se asocie a ella, se siguen imponiendo en el mundo. Desde que comienzan la etapa de la menarca, las niñas son sacadas de su hogar y recluidas durante su periodo menstrual en lugares que las ponen en peligro, por considerarlas impuras. Se les prohíbe entrar a las casas, a las cocinas y a los templos; se les impide también tocar a otras personas, a las plantas, al ganado y la comida. Asimismo se les limita el acceso a las llaves de agua y a los pozos. Existe la creencia de que la mujer que está reglando no debe tocar los frutos, porque éstos se caerán antes de que maduren; tampoco debe ir a traer agua del pozo, cual si fuera ave de mal agüero, ya que lo secaría.

Para algunas personas fue inesperado y sorprendente que uno de los máximos galardones del cine se lo llevara, por primera vez en la historia, un documental sobre el tema de la menstruación. Ni las mismas realizadoras lo podían concebir, la cineasta  Ryaka Zehtabchi subió llorando de alegría al escenario a recoger la estatuilla dorada.  “No estoy llorando porque esté en mi periodo. No puedo creer que un filme sobre la menstruación haya ganado un Oscar”.

Rayka Zehtabchi y Melissa Berton, dedicaron el premio a todas aquellas mujeres que en la India se están empoderando, así como a las organizaciones que apoyaron el documental.

En estos tiempos la menstruación debería de comprenderse como un suceso biológico y natural de la anatomía femenina, pero no es así, sigue rodeada de tabúes y mitos. Period. End of Sentece explora el sentimiento de vergüenza que experimentan esas mujeres durante el ciclo menstrual y cómo el acceso a las toallas sanitarias puede cambiar significativamente sus vidas cotidianas no solo en materia de higiene, salud al evitar infecciones, seguridad y confianza para realizar diferentes actividades sin temor, sino también en su economía al fabricarlas para sí y para su comercialización.

Culturalmente siguen prevaleciendo muchos prejuicios y estigmas en torno al ciclo menstrual como un evento nocivo, impuro, sucio y pecaminoso.

En el documental se señala que solo 10 por ciento de las mujeres de la India que viven en comunidades rurales, usa toallas sanitarias. El resto no tiene dinero para comprarlas y utiliza cualquier trapo a su alcance  sin importar si está sucio o carece de absorción y poco le ayudará. En tales circunstancias, la menstruación les ocasiona muchos problemas al manchar sus ropas y no poder cambiarse de trapo sin sentirse expuestas y debiendo alejarse de la mirada inquisitiva de los hombres y del resto de la comunidad.  De las mujeres, 28 por ciento no asisten a la escuela cuando están menstruando porque no tienen a su alcance productos que absorban el sangrado, usan telas tan delgadas que no las protegen y  se les dificulta estarse cambiando a cada rato. Además les avergüenza que al enterrar las toallas sucias, los perros las olfatean, las sacan y andan jugando con ellas a la vista de los hombres.

Culturalmente siguen prevaleciendo muchos prejuicios y estigmas en torno al ciclo menstrual como un evento nocivo, impuro, sucio y pecaminoso. Las niñas y las mujeres de Hapur, India, donde se desarrolló el cortometraje, no son capaces ni siquiera de pronunciar la palabra menstruación, ni decir “periodo”.  Les avergüenza. Las y los entrevistados no saben qué es  y la califican de enfermedad, “se trata de un problema que tienen las niñas” dijo un adolescente con esa connotación de adversidad, defecto o deficiencia que pertenece a las mujeres. Ciertamente, ellas también lo asumen como una circunstancia que deben ocultar. “Estudié hasta la secundaria, pero cuando comencé a tener periodos todo se volvió más difícil”, porque tenía que cambiar la tela a cada rato, buscar lugares donde hacerlo, que no hubiera hombres ni niños, dice una de las entrevistadas. “Esperé un año a ver si las cosas cambiaban, pero como no cambiaron y como para mí era difícil dejé la escuela”.

Esta película fue financiada por un grupo de estudiantes de la Oakwood School de Los Ángeles, California, que junto con la organización The Pad Project  compraron una máquina para producir toallas sanitarias y apoyar a las mujeres de Hapur, India. Durante  el transcurso de la cinta, se muestra cómo las enseñan a fabricarlas, tanto para su propio abasto, como para ofrecerlas en el pueblo a bajo costo. Ellas aprenden el proceso y se convierten en emprendedoras. Salen a las calles a vender el producto, en un acto que se puede ver como desafiante ante un pueblo donde hablar de la menstruación da vergüenza y donde persisten las costumbres ancestrales de que la mujer que está menstruando es nociva para su entorno y debe apartarse de ciertas actividades.

En las entrevistas, las mujeres hablan del estigma, la vergüenza y la falta de protección sanitaria que padecen cada mes y cómo la oportunidad que tienen de fabricar sus propias toallas a un bajo costo y venderlas a otras mujeres les abrió un mundo de posibilidades.

No es casualidad que a partir de 2013 se instauró el 28 de mayo como Día Internacional de la Higiene Menstrual impulsado por la ONG alemana Wash United con el objetivo de romper el tabú y generar conciencia sobre el tema de la menstruación para hablar copiosamente sobre los desafíos y dificultades que muchas mujeres enfrentan, y abrir el diálogo sobre proyectos y políticas públicas en torno a la gestión menstrual a nivel mundial, ya que es causal de ausentismo escolar, entre muchos otros problemas.

Las circunstancias que describe el documental no es distinta a lo que ocurre en varias partes del mundo y en muchas localidades de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y otras partes de nuestro país con arraigadas creencias que impiden vivir la sexualidad y la menstruación con naturalidad.