Inclusión de género en la política de educación, ciencia y tecnología

Foto: Mariana C. Bertadillo/MujeresNet

Por Norma Blazquez Graf

Investigadora Titular del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Coordinadora Fundadora de la Red Mexicana de Ciencia, Tecnología y Género.


La ciencia y la tecnología son productos sociales e históricos que se articulan con relaciones de poder que subordinan a las mujeres en los espacios universitarios y de investigación. Por ello el acceso creciente de las mujeres al saber del más alto nivel es un asunto de equidad social, de desarrollo humano y de aprovechamiento de recursos económicos.



Los tiempos que estamos viviendo actualmente ante el cambio de gobierno permiten pensar en un nuevo modelo del sistema de educación superior, ciencia y tecnología del país, en el que se puedan continuar, dar seguimiento e incluir propuestas para eliminar las relaciones de poder que subordinan a las mujeres en los espacios universitarios y de investigación. Asimismo, se requiere la integración de las perspectivas de las mujeres, sus modos de conocimiento y actuación en la construcción de paradigmas científicos y tecnológicos enriquecidos y comprometidos con el logro de una real articulación social.

Para acelerar, potenciar y lograr el desarrollo científico, económico y social en México, el acceso creciente de las mujeres al saber del más alto nivel es un asunto de equidad social, de desarrollo humano y de aprovechamiento de recursos económicos. Por ello son necesarios esfuerzos y planes a corto, mediano y largo plazo, que lleven a cambios profundos en las relaciones de género y su expresión en el ámbito de la educación superior, la ciencia y la tecnología, contribuyendo a la eliminación de las persistentes desigualdades entre hombres y mujeres. Ello creará nuevas oportunidades económicas y científicas al diversificar los puntos de vista, potenciando y optimizando el talento científico con un conocimiento más amplio y profundo de la sociedad.

La definición de un nuevo modelo del sistema de ciencia y tecnología nacional debe considerar a las instituciones, los recursos económicos y grupos de personas que llevan a cabo esas actividades. Un componente muy importante son las mujeres y los hombres que se dedican a estas actividades, su formación y calificación profesional, dedicación y evaluación, su reconocimiento y los ámbitos de estudio que se deben impulsar.

Por ello, es necesaria la inclusión del análisis de género para construir nuevos indicadores y fuentes de datos, así como parámetros especialmente elaborados que permitan el diagnóstico, la elaboración y seguimiento de planes, programas y políticas científicas para eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres en el acceso a la formación, producción y gestión de conocimientos en los espacios universitarios y de investigación del país.

Desde esta perspectiva, la igualdad y equidad de género es considerada como un camino para promover excelencia científica y tecnológica, además de mejorar las oportunidades de las mujeres en estos campos…

La idea es que a nivel de organismos de gobierno e instituciones de educación superior e investigación, sociedades científicas, comunidades académicas y organizaciones no gubernamentales y feministas, se pueda estimular cada vez más la participación de las mujeres en condiciones de igualdad, mediante planes y políticas para el desarrollo de la ciencia y tecnología con equidad de género, que se consoliden como políticas de Estado a largo plazo, generadas por consenso e independientes de las exigencias y los cambios de gobierno. Ello demanda modelos de comunicación, diálogo y gestión eficaces así como la articulación con políticas educativas y científicas armonizadas con perspectiva de género, a nivel nacional y de cada estado del país.

El análisis con perspectiva de género de la educación superior, la ciencia y la tecnología se ha vuelto un tema de creciente importancia en todo el mundo, para lo cual se cuenta  con un marco internacional que desde la década de los años setenta ha elaborado un cuerpo legislativo para el avance de la igualdad de género en educación superior, ciencia y tecnología, que es de obligatorio cumplimiento para los Estados que lo han suscrito y ratificado.

Entre los principales acuerdos internacionales suscritos por México, se establece la no discriminación hacia las mujeres, la transversalización de género en todos los procesos de toma de decisiones y en la ejecución de políticas y programas, que promuevan el empoderamiento de las mujeres y el reconocimiento de sus capacidades para la participación en condiciones de igualdad. Asimismo, se enfatiza en promover a las mujeres en la educación superior, eliminar todos los prejuicios de género y consolidar su participación en todos los niveles y las disciplinas en que estén poco representadas, reforzando su intervención en la toma de decisiones.

Desde esta perspectiva, la igualdad y equidad de género es considerada como un camino para promover excelencia científica y tecnológica, además de mejorar las oportunidades de las mujeres en estos campos, señalando la urgencia de acciones como: 1) El fomento de la participación de las mujeres en las carreras de ciencia y tecnología e investigación y desarrollo, 2) La incorporación de necesidades tanto de hombres como de mujeres en la investigación, 3) La recolección de datos en ciencia, tecnología y género, 4) La promoción de investigación rigurosa dirigida a mejorar la comprensión de las cuestiones de género en la ciencia.

En el país se han llevado a cabo diversos mecanismos de interacción entre el gobierno y autoridades encargadas del desarrollo científico, con las organizaciones de mujeres académicas y científicas feministas que desde hace 35 años han trabajado sistematizando y fundamentando propuestas de política científica y género con el fin de lograr la equidad de género en la educación superior, la ciencia y la tecnología.

Los intereses sociales y políticos así como los prejuicios de género, tienen un impacto importante en la producción de conocimiento científico  y tecnológico.

El resultado ha sido el inicio de la inclusión de género en los planes y acciones de gobiernos anteriores y del sistema de ciencia y tecnología nacional, como: el desarrollo de acciones afirmativas para incrementar la inclusión de las mujeres en el Sistema Nacional de Investigadores; el impulso de acciones afirmativas en becas de posgrado para la integración de mujeres en carreras científicas y técnicas e ingenierías; la promoción de medidas a favor de la paridad en los cargos directivos de los centros educativos y de investigación; la eliminación del lenguaje sexista y excluyente en la comunicación gubernamental escrita y cotidiana. Asimismo, en 2013 se añadió al Artículo 2 de la Ley de Ciencia y Tecnología: “promover la inclusión de la perspectiva de género, así como una participación equitativa de mujeres y hombres en todos los ámbitos del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación”.

Por ello, el momento actual es una gran oportunidad para retomar avances anteriores y diseñar una política de género que explicite desafíos y resultados de forma permanente, con carácter progresivo en el tiempo y en sintonía con perspectivas e indicadores reconocidos en el país en los que se incluya: hacer diagnósticos sobre el grado y el modo en que se ha incorporado la preocupación de la equidad de género en las leyes de ciencia y tecnología; evaluar cuantitativa y cualitativamente el impacto nacional y estatal de programas y planes de promoción de la equidad de género en educación superior, ciencia y tecnología; conocer los mecanismos institucionales y los alcances de las políticas contra la discriminación y por la promoción de la igualdad de género en estos campos; registrar y promover tendencias y ejemplos de buenas prácticas, programas y políticas estatales y nacionales novedosas y/o exitosas; conocer el progreso y los resultados de planes de acción que se deriven de la política de género en ciencia y tecnología asegurando sus recursos financieros y técnicos mediante un sistema de monitoreo y seguimiento.

La ciencia y la tecnología son productos sociales e históricos, que se articulan con relaciones de poder, contribuyendo a sostenerlas y en muchas ocasiones a perpetuarlas. Los intereses sociales y políticos así como los prejuicios de género, tienen un impacto importante en la producción de conocimiento científico  y tecnológico y es por eso que la inclusión de género en las políticas de investigación implica un gran desafío al poner en duda y cuestionar creencias y supuestos establecidos, introduciendo nuevas estrategias de análisis.

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