Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Por Josefina Hernández Téllez


El pensamiento de Gilles Lipovetsky abona a la reflexión sobre la coexistencia de lo nuevo y lo que permanece en relación con el lugar de las mujeres en este siglo.



Gilles Lipovetsky, el sociólogo y filósofo francés, hace dos décadas publicó un libro que da pistas sobre lo que vive la mujer actual y que hoy, más que nunca y a propósito del Día Internacional de la Mujer, es pertinente para la reflexión sobre la coexistencia de nuevas realidades y posibilidades versus las eternas contradicciones y lugares comunes a los que se nos confina y no abandonamos sólo por tener un cuerpo sexuado, lleno de historia y prácticas sociales y emocionales.

La Tercera Mujer. Permanencia y revolución de lo femenino (Anagrama, 2012) es el título de esta obra, escrita hace 20 años y traducida en castellano hace apenas siete años. Las preguntas del autor, que guían y responden sobre el lugar de las mujeres de este siglo XXI son:

“¿Cómo no interrogarse sobre el nuevo lugar de las mujeres y sus relaciones con los hombres cuando medio siglo ha introducido más cambios en la condición femenina que todos los anteriores? Las mujeres eran ‘esclavas’ de la procreación, y han logrado liberarse de esta servidumbre inmemorial. Soñaban con ser madres y amas de casa, ahora quieren ejercer una actividad profesional. Se hallaban sometidas a una moral severa, y la libertad sexual ha adquirido derecho de ciudadanía. Estaban confinadas en los sectores femeninos, y hete aquí que abren brechas en las ciudadelas masculinas, obtienen los mismos títulos que los hombres y reivindican la paridad en política. No cabe duda de que ninguna conmoción social de nuestra época ha sido tan profunda, tan rápida, tan preñada de futuro como la emancipación femenina. Si bien el balance del siglo resulta poco glorioso en materia de respeto de los derechos humanos, ¿quién pondrá en duda su dimensión fundamentalmente positiva en lo que concierne a la evolución de la mujer? El gran siglo de las mujeres, el que ha revolucionado más que ningún otro su  destino e identidad, es el siglo XX.”

Sin embargo y con todo este cisma y revolución social, política y económica, Lipovetsky identifica la inmanencia de roles y estereotipos de lo femenino y lo masculino, lo cultural se resiste y permanece; para este sociólogo representa el fenómeno de estudio “más enigmático y más rico en consecuencias teóricas, más capaz de hacernos entender la nueva economía de la identidad femenina en las sociedades de la igualdad.”

Vaciar de sentido existencial es la clave para eclipsar o anular los códigos ancestrales de lo femenino, de otra suerte, la perpetuación de lo femenino/masculino sólo se recombina con los roles modernos.

Vaciar de sentido existencial es la clave para eclipsar o anular los códigos ancestrales de lo femenino, de otra suerte, la perpetuación de lo femenino/masculino sólo se recombina con los roles modernos.

“En el corazón mismo de la hipermodernidad se reestructura la disimilitud de las posiciones de género. Se creía que la modernidad laboraba por hacer tabla rasa de la división sexual de las normas; en realidad, constituye asimismo lo que reconcilia lo nuevo con el pasado, lo que reconduce bloque de ‘tradición’ al interior del mundo individualista. Modernidad democrática: no intercambiabilidad de los roles sexuales sino reconstitución de las desviaciones diferenciales más sostenidas, menos redhibitorias, no directivas, que ya no constituyen obstáculo alguno al principio de libre disposición de sí.”

El tema de la “emancipación”, del “empoderamiento” femenino, en el análisis de este sociólogo ha acuñado la identidad de “la tercera mujer”, la que ha conseguido reconciliar a la mujer radicalmente nueva y a la mujer siempre repetida. La primera, la madre, la mala de la humanidad, era el “mal necesario”; la segunda mujer fue la mujer “objeto”, valorada y respetada en función de su belleza y de ser esposa de, hija de, madre de, un hombre.

La Tercera Mujer está desarrollada en cuatro títulos que explican los valores y prácticas sociales de las mujeres primeras a las actuales. El primero explica el Sexo, amor y seducción, a la luz de los mandatos de la religión y la oposición y cuestionamiento que hace el feminismo de la condición de las mujeres; el segundo aborda cómo se creó el mito sobre El bello sexo. El tercer y cuarto capítulos desarrollan una exposición-reflexión sobre La posmujer en el hogar y su incorporación en el mundo y actividades públicas, para rematar con la pregunta obligada ¿Hacia una feminización del poder?, y concluir que el poder o el eterno retorno de lo masculino es lo que prevalece.

La Tercera Mujer de Lipovetsky, nos revela cuán lejos estamos de nuestra utopía igualitaria porque “la crisis de la virilidad no es tanto un fenómeno social de fondo como una imagen literaria: el hombre es el futuro del hombre, y el poder masculino, el horizonte insistente de los tiempo democráticos.”

Así las cosas para pensar en el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y la insistencia de continuar en la lucha por nuestros derechos.

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