Por Adiel Martínez Hernández


En la actualidad se están llevando a cabo cambios que trastocarán paulatinamente la masculinidad hegemónica, desde la vestimenta y la apariencia física, en el habla, en la manifestación de los afectos, hasta la rotunda transformación en comportamientos y subjetividades.



La diversidad cultural que distingue a la sociedad actual brinda un abanico de posibilidades para generar contrasentido a las exigencias del sistema de género. Aunque sigue imperando la reproducción de roles de género tradicionales cuyo sentido afianza las identidades masculina y femenina de muchas personas, hoy podemos ser testigos de cómo se están llevando a cabo esos cambios que transformarán paulatinamente a la masculinidad hegemónica.

Entiendo como actos contramasculinos a todos aquellos comportamientos realizados tanto por hombres como por mujeres cuya intención es trastocar los significados imperantes de la masculinidad. Lo contramasculino ocurre en el cuerpo en tanto éste es el depositario de los significados culturales atribuidos a la biología del hombre.

Se pueden observar en la cotidianidad en simples modificaciones de la vestimenta y la apariencia física, en el habla, en la manifestación de los afectos, hasta la rotunda transformación que consiguen las personas transgénero, travesti y transexual en su comportamiento y sus subjetividades.

Ejecutar dichos actos tiene repercusiones en la identidad, tanto en el sujeto que las realiza como en aquel que las observa. Especialmente si el propósito es producir un contrasentido, es decir, mover el significado en una dirección opuesta a la establecida.

El propósito es producir un contrasentido, es decir, mover el significado en una dirección opuesta a la establecida.

Son principalmente los jóvenes quienes aprovechan la oportunidad para realizar, consciente o inconscientemente, los comportamientos que en una época anterior se ejecutaban prácticamente en la clandestinidad. La moda en el vestir les ha dado la posibilidad a los hombres de utilizar prendas que se concebían como propias del género femenino. Lo mismo ocurre con los peinados y accesorios que se habían diseñado para resaltar la belleza de las mujeres.

Participar en actividades que socialmente eran asignadas a las mujeres también es una oportunidad que se están dando los hombres. Si bien estos cambios en lo productivo han ocurrido por la flexibilidad laboral, esto ha dado pauta para que tanto mujeres como hombres se apropien de espacios que antes eran vetados para uno y otro género. Abriéndose una puerta para la manifestación de actos contramasculinos.

La afectividad de los hombres es el elemento más controlado por la masculinidad hegemónica. Una reiteración de actos contramasculinos en este orden es quizá lo más urgente para cambiar ese estereotipo del hombre como insensible e incapaz de manifestar emoción alguna. Permitir que dos hombres se abracen, que se besen, que bailen en pareja, que se amen, llevará a transformar esos rasgos negativos de la identidad masculina.

En las relaciones entre hombres y mujeres, permitirse entre ambos realizar actos contramasculinos no solo cuestiona la manera en que se reproducen los roles de género sino permite resignificar la dinámica con posibilidad de construir nuevas identidades.

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