La Cuarta Transformación: ¿regreso al modelo MED (Mujeres en el Desarrollo)?

Por Guadalupe López García


Con los casi cien días de gobierno de López Obrador, se están perfilando años difíciles para las mujeres y niñas en su acceso a la justicia; ya que se las está mirando otra vez desde los papeles tradicionales, sin cuestionar las relaciones de poder entre mujeres y hombres, ni la violencia, desigualdad o discriminación contra ellas.



Feministas: activistas, integrantes de organizaciones, académicas, periodistas, representantes populares, entre otras, han expresado su rechazo a ciertas medidas del presidente Andrés Manuel López Obrador que afectan a las mujeres, las organizaciones de la sociedad civil —entre estas, las que trabajan para nosotras— y las políticas públicas que responden al cumplimiento del marco normativo —internacional, federal, estatal— en materia de derechos humanos de las mujeres.

De igual forma, a las expresiones y actitudes del mandatario. Desde el “corazoncito” y el beso para dos reporteras, a la ayuda que solicita a las “madrecitas” para que cuiden a sus hijos y no se conviertan en delincuentes. O las omisiones de imágenes de mujeres en el logo oficial de la Cuarta Transformación (en adelante, 4t).

Además, por contratar a las “abuelitas” para que cuiden a sus nietos pequeños, ante la desaparición de las estancias infantiles (un proyecto necesario, pero mal planeado y ejecutado por los sexenios del panista Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto), dándoles 30 pesos diarios.

Y porque el gobierno federal les está repartiendo a las personas adultas mayores —por medio de los programas sociales— ocho millones de una Cartilla Moral, preámbulo de una constitución ídem, para que se fortalezcan los valores y “lleven a sus hijos y nietos la emoción de ser solidarios y generosos con los demás”, dice un tuit de la cuenta @bienestarmx.

Se suma el proceso para designar a la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el organismo rector de las políticas públicas para la igualdad entre mujeres y hombres, y el anuncio para desaparecer las Unidades de Género, un área que tiene la función de trabajar hacia dentro de las dependencias para incorporar la perspectiva de género en aspectos como el clima laboral y el lenguaje incluyente.

Aunada, la pelea que se dio en diciembre pasado por los presupuestos para las mujeres y la desaparición de programas que finalmente permanecieron. Incorporándose el debate para considerar los feminicidios como delitos graves, lo que ameritaría prisión preventiva. Situación compleja, porque también esta medida (no punitiva) es cuestionada por ser violatoria de los derechos humanos.

Lo más reciente: la suspensión de una convocatoria para dar recursos públicos a los refugios de mujeres que viven violencia (después del anuncio del presidente de que se dejarían de dar recursos a las organizaciones). Ante la ola de protestas, finalmente se emitió la convocatoria, un documento de 30 páginas con una serie de requisitos y trámites para acceder a los recursos.

Todo, en medio de la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres. Bueno, dijeron que eso era mentira, pues se transformaría en Secretaria de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres. De hecho, las funciones del extinto organismo público descentralizado quedarán en la Subsecretaría para la Transversalidad de la Perspectiva de Género que, junto con una dirección general, una unidad y otras direcciones, atenderá a los grupos “excluidos”: jóvenes, migrantes, indígenas, personas con discapacidad y de distintas orientaciones y preferencias sexuales [i].

La diputada local Mara Robles ha sido una ferviente defensora de esa especie de canasta institucional en la que se está metiendo a los siempre considerados “grupos vulnerables”. No es un cambio administrativo de mayor rango sino un viraje de la visión política del nuevo gobierno estatal, aunque se diga que el instituto anterior no haya cumplido con su cometido.

También se atravesó la polémica transformación del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México en Secretaría para la Autonomía de las Mujeres. Igualmente, en algunos municipios se anunció la desaparición de sus institutos/instancias de las mujeres. En otros, parece que su nivel se elevará.

Y más: las declaraciones de figuras públicas, funcionarias/os de alto nivel y representantes populares —igual que el exgobernador de Chihuahua, Francisco Barrio—, responsabilizando a las mujeres de la violencia sexual y de los feminicidios. No olviden (al margen) el debate que ha generado la película Roma (2018) y la actuación de Yalitza Aparicio Martínez. ¡Ufff!

Las protestas a todo esto se reflejaron en pronunciamientos, comunicados, conferencias de prensa, presentación de diagnósticos e investigaciones, uso de plataformas de peticiones y #Hashtag, la marcha contra el acoso sexual en varias ciudades del país, la manifestación por la desaparición de las estancias infantiles o las rodadas nocturnas ante las declaraciones de una diputada del estado de Veracruz quien propuso el toque de queda para las mujeres.

Asimismo, están las propuestas e iniciativas de diversos grupos. Desde el año pasado, las feministas de todas las entidades —organizadas en redes, frentes, grupos u observatorios— presentaron sus agendas para ser consideradas en los nuevos gobiernos y en los congresos estatales y de la Unión.

En el proceso electoral federal pasado, las militantes de Morena lanzaron su Femsplaining, una agenda de género para la 4t. Antes, varias propuestas para la “equidad de género”, se recogieron en el Proyecto de Nación 2018-2024, la plataforma electoral de López Obrador.

El Congreso de la Ciudad de México (antes Asamblea Legislativa del Distrito Federal), a través de la Comisión de Igualdad de Género, convocó a un Parlamento de Mujeres en la que intervienen activistas feministas, académicas y especialistas quienes analizarán propuestas legislativas.

En medio de todo esto, están las iniciativas de gobierno, como las estrategias contra la violencia de género, la aprobación del feminicidio como delito grave, aunque la perspectiva de género quedó fuera del proyecto para crear la Guardia Nacional (una propuesta de la mesa alterna a los foros oficiales).

Como propuesta de nación —con todo y la felicidad—, la 4t está sustentada —al igual que el capitalismo y el neoliberalismo— en el trabajo no remunerado (o mal pagado) de las mujeres.

Así han sido los casi cien días de López Obrador en la presidencia de la república. Pese a las polémicas, es defendido con vehemencia. En las redes sociales del ciberespacio se han generado intensos y extensos debates, aunado a los ataques que siempre ha recibido. El presidente también responde a sus detractores: “conservadores”, “radicales de izquierda”, “abajo firmantes”, “mal informados”, les falta “baños de pueblo”, “ternuritas”, con sus alusiones a pasajes bíblicos.

Estos sucesos —que pudieran parecer ocurrencias, hechos aislados, errores o malentendidos— reunidos reflejan lo que dijo nuestra colaboradora Karina Vergara Sánchez: López Obrador está fijando una postura política en relación con las mujeres. Con ello, se están perfilando años difíciles para el acceso a la justicia para las niñas y las mujeres, para nuestras vidas y para mantenernos con vida [ii]. Además, agrego, para el derecho al aborto.

Como propuesta de nación —con todo y la felicidad—, la 4t está sustentada —al igual que el capitalismo y el neoliberalismo— en el trabajo no remunerado (o mal pagado) de las mujeres. La austeridad republicana no solo afecta a la burocracia o a las políticas públicas, repercute en la vida cotidiana, en las familias, y ahí están las mujeres, soportando —desde la primera transformación o desde mucho antes— los efectos de las crisis económicas y sociales y de las decisiones de Estado.

Estamos regresando al modelo MED (Mujeres en el Desarrollo), con el cual se nos integraba al crecimiento económico de una manera funcional, en nuestro papel reproductivo, mirando por nuestras necesidades prácticas (servicios, acceso a salud, educación, trabajo asalariado), desde nuestros papeles tradicionales, sin cuestionar las relaciones de poder entre mujeres y hombres ni la violencia, desigualdad o discriminación contra las mujeres.

En contraposición, con el modelo GED (Género en el Desarrollo), que se dio a partir de la segunda mitad de la década de los años 70, se buscó el empoderamiento de las mujeres y la atención de los intereses estratégicos de género (ciudadanía, participación política, derechos sexuales y reproductivos, por ejemplo).

No significa que estas figuras (MED y GED) estén encapsuladas, hayan sido progresivas o hayan desaparecido, ante otros modelos explicativos o ante diversos contextos, como el caso de América Latina y México, pero nos dan un referente de cómo el Estado mira, utiliza y acomoda a las mujeres.

Y en medio de todo esto, llegamos al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, símbolo de lucha feminista, el primero en la era de la 4t. Paramos, marchamos y nos organizamos, #PorqueNosSobranRazones, #HuelgadeTrabajoCuidadoyConsumo, #VivasNosQueremos, son los lemas del 8M 2019.

Ahí gritaremos más fuerte. La 4t nos tiene que escuchar. Ojalá y lo entiendan las feministas que defienden a López Obrador: las voces críticas —no las que insultan, destruyen o descalifican— contribuyen a la democracia, no la destruyen. Marchemos juntas.

Notas:

[i] Pueden consultar el link: https://www.jalisco.gob.mx/es/gobierno/comunicados/igualdad-sustantiva-para-vencer-la-discriminacion-en-jalisco.

[ii] Del muro de Facebook de Karina Vergara Sánchez, 30 de enero de 2019.