¿Celebrar el amor o la amistad por decreto?

Por Lucía Rivadeneyra


Tener que ser feliz y quererse mucho el 14 de febrero dejó tan solo en la CDMX una derrama económica de más de 4 mil millones de pesos. Al contrario, hay personas que, con o sin festejos, han sido febriles y han vivido amores intensos.



“Es tan corto el amor y es tan largo el olvido” escribió el infinito poeta Pablo Neruda. Este verso lo han repetido millones de personas en el mundo y seguirá vivo, quizá, por los siglos de los siglos. La fugacidad, la brevedad y el instante amoroso son agua; salada o dulce, pero agua. La memoria aprehende la intensidad de algún momento y guarda el dolor del abandono, del despojo, del desamor, del silencio, de la indiferencia o de la muerte.

Empero, hay otros millones de personas que se entregan con beneplácito y sin reflexión alguna a celebrar el amor y la amistad, aunque sea un día al año. Son quienes colaboran a generar la “derrama económica” que este 14 de febrero de 2019 se estimó, según notas de la sección de finanzas, en 4 mil 793 millones de pesos en la Ciudad de México. Sí, el amor y la amistad hacen milagros.

Hace poco más de dos décadas, desde un balcón del edificio A, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, vi una masa amorfa color rojo que invadía la explanada; ahí se podían ver globos, regalos, moños en las solapas y en las playeras. De pronto, caí en la cuenta de qué se trataba el festejo. Ese día tuve la certeza de que si en esa Facultad se conmemoraba un día como este, el país realmente ya estaba en crisis. He contado esto en más de alguna ocasión porque todavía no se me pasa la sorpresa.

A nadie, en ese espacio académico, se le hubiese ocurrido en los años setenta ni quizá en los ochenta hacer cosa semejante. A muchos compañeros de mi generación incluida yo, por supuesto, nos dan ganas de poner letreros en la casa, en el coche, en el muro del feis… una frase que diga algo así como “No soporto el 14 de febrero. Fin del comunicado”; pero nos invade el temor de herir las susceptibilidades de quienes regalan cartas, ositos de peluche, flores (a precios exorbitantes), chocolates, tarjetas rojas, globos.

Por supuesto que ni esa fecha ni los corazoncitos cambian la esencia de nadie.

En lo personal, se me hace absurdo ver a tantas personas que presumen sus regalos, sus moñitos, sus corsars… y además soportan hacer filas inmensas en restaurantes, tiendas, heladerías, obviamente en hoteles, y todo porque hay que ser feliz y quererse mucho ese día; aunque el resto de la semana o del mes o del año o de la vida sean egoístas, arbitrarios, traicioneros, olvidadizos, carentes de entrega, violentos… Por supuesto que ni esa fecha ni los corazoncitos cambian la esencia de nadie.

Según el escritor Enrique Jardiel Poncela, las cosas importantes de la vida se escriben con H; por tanto, decía, “amor se escribe sin H”, a diferencia del pan que viene de la harina o de la amistad que cuando es verdadera es hermandad. Así, ¿la prueba de fuego del amor sería la duración o la fugacidad? Y, en su caso, ¿la “amistad”  dura hasta que llega la traición? Es claro que no todo el mundo sabe lo que es la hermandad.

El filósofo José Ortega y Gasset asevera que “el amor es eterno deseo insatisfecho”. Por su parte, los maravillosos Les Luthiers, en otro tono, afirman que el amor eterno dura aproximadamente tres meses. Y se podrían mencionar decenas de frases, pero el refrán redondea todo: “Cada quien habla según le fue en la feria”.

No obstante, se pueden leer y recordar versos que se viven directa o indirectamente y que nos pueden reflejar, conmocionar, alterar, entristecer, indignar o activar la memoria. Poetas, mujeres y hombres, de cualquier parte del mundo han escrito poemas que tocan las vísceras más importantes del cuerpo. Seres humanos que han amado y que, con o sin festejos el 14 de febrero, han sido febriles y han vivido amores intensos y, por tanto, han podido escribir versos y poemas que llegan a lo más profundo de la médula. Aquí algunos:

De Amalia Bautista

Déjate

Déjate seducir por sus mordiscos,
siente en tu piel los pétalos de rosa
que saben ser sus labios cuando quiere.
Escucha su llamada y su silencio,
entrégate a sus gestos o a su ausencia
de gestos, y derrítete si puedes,
sin pudor, sin reparos, ni vergüenza,
ante su invitación o ante la tuya.
Quema las normas de comportamiento,
despedaza la buena educación,
destroza las costumbres, rehabilita
por una noche al menos la locura.
Y un último detalle imprescindible
para que todo salga en condiciones:
procura que no sea tu marido.

 

De Rubén Bonifaz Nuño

(fragmento)

Por vez primera, desde que te amo,
sentí que me dejabas.
Con qué seguridad definitiva
me hiciste ver que más que todos
estabas tú remota.
Y el dolor me caló de una manera
que no podré decirte.
De tu mirada invencible
me cayó la amargura como un traje
puesto a raíz, cortado a mi medida,
hecho de espinas hacia adentro.

 

De Iliana Godoy

Cicatrizó el capítulo de fuego
Equilibrio triste sustituye aquelarres
La ausencia enfría igniciones
                                               de lágrimas
Todo ha concluido
Hicimos el amor
nos burlamos de todo
nos sangramos
nos bebimos enteros
Ni llorar los despojos es posible.

De Francisco Hernández

Fantasma

Amo las líneas nebulosas de tu cara,
tu voz que no recuerdo,
tu racimo de aromas olvidados.
Amo tus pasos que a nadie te conducen
y el sótano que pueblas con mi ausencia.
Amo entrañablemente tu carne de fantasma.

 

De Alejandra Pizarnik

Encuentro

Alguien entra en el silencio y me abandona.
Ahora la soledad no está sola.
Tú hablas como la noche.
Te anuncias como la sed.

 

De Gonzalo Rojas

Cuaderno secreto

Lunes, de pronto el mar; el martes
desemboca en un parque; el miércoles
pierdes las flores; el jueves
somos hijos de Júpiter; el viernes
te quiero más; el sábado
te regalo el collar; el domingo
el reloj del andén,
y no llegas nunca.

Se ha comprobado que al igual que en Navidad o en el día de las madres o de los padres y en fechas establecidas para ser felices, hay pleitos inenarrables, azotones de puertas, rotura de cristales, salidas intempestivas de casas u hoteles, borracheras, choques, etcétera. No hay duda, no se puede ser feliz por decreto y menos por decreto empresarial.

Sin embargo, mientras los placeres y los horrores de la vida cotidiana pasan, hay versos en dónde detenernos.