Por Lucía Rivadeneyra


‘Una mujer-pincel que supo del exilio, de fronteras, de pasiones, de mares, de amistades’, así nos invita nuestra columnista a disfrutar de la exposición de esta artista en el Museo de Arte Moderno, que estará abierta hasta febrero 2019.



¿Qué haríamos sin aprehender los sueños?

Cómo imaginar un gato helecho, una mujer saliendo del psicoanalista, un mimetismo insólito, la creación de las aves, una naturaleza muerta resucitando o una presencia inquietante, entre muchas otras sorpresas. Sólo una mujer que sueña, que emigra, que ama y vuela es capaz de transportarnos al mundo onírico de una realidad que altera. Sólo Remedios Varo (1908-1963), a quien el surrealismo atrapó para siempre, pudo lograrlo. Una mujer-pincel que supo del exilio, de fronteras, de pasiones, de mares, de amistades.

Adictos a Remedios Varo. Nuevo legado, 2018 es la exposición que se puede apreciar en el Museo de Arte Moderno (MAM), la cual brinda un panorama inquietante y terso de la artista. Bajo la curaduría de Marisol Argüelles, se ofrecen siete temas a los ojos y al sistema nervioso de los asistentes: “Poner pies en polvorosa”, “Adictos a Remedios”, “Cámara de las maravillas”, “Bestiario”, “Ahí viene el exhibicionista”, “La invención del mundo” y “Remedios, la leona de Madrid”. Con el primer cuadro, “La huida”, empieza la conmoción.

Ver sus manuscritos, su certificado de nacionalidad, sobres rotulados por ella, las cartas a sus amigos y las respuestas, con la bella letra que todos tenían, la llamada palmer, es algo que conmueve, que hace sentir al alcance de la mano a semejante artista; es como entrar a su casa sin permiso, es una emoción extraña. Hay cartas de Gunther Gerzso, César Moro, Edward James, Octavio Paz…  Una cédula dice que son “cartas absolutamente personales, escritas sin el menor afán de pasar a la historia”. Sin embargo, su grandeza pasó no sólo a la historia sino al corazón de miles, por no decir millones.

También se pueden apreciar libros, bocetos, pinturas. Gozar su agenda donde tiene anotado el nombre y la dirección de Benjamín Péret, en París, y en el mismo espacio el nombre del plomero, el de la señora Panchita y el teléfono de las persianas. Conmueve ver algunos billetes y monedas sobrantes de algún viaje; aretes, collares, dijes, pequeñas piezas arqueológicas; sus fotografías con el inevitable cigarro, quién no fumaba entonces.

Su trabajo en la Casa Bayer es maravilloso. No se pueden perder sus promociones publicitarias como “Pócimas contra el insomnio” o contra el dolor reumático o la vejez o el anuncio de la neomelubrina.

Aunque los visitantes no tengan debilidad por el surrealismo, éste reta siempre y los pinceles de Remedios son una grata provocación a la estabilidad emocional de muchos.

Respecto a su obra pictórica, se comenta en la exposición, tiene “las condiciones propias de los transterrados: el tránsito, la nostalgia y el reencuentro”. Por eso es común ver la constante representación de embarcaciones, bicicletas, monociclos y naves.

Se menciona, también en la exposición, que el sello de Remedios Varo se fraguó con el contacto de los grupos surrealistas; primero, con el catalán Gerardo Lizárraga y luego con André Bretón. Y que los asilados de esta corriente estrecharon filas para hacer llevadero el exilio. Al referirse a México, al que llegó en 1940, la pintora dice: “En esta tierra que sinceramente amo con todas sus fallas, defectos y calamidades”.

La curadora de Adictos a Remedios Varo es Marisol Argüelles y se puede advertir su pasión por la artista. El MAM anuncia que la muestra estará abierta al público de octubre de 2018 a febrero de 2019. Aunque los visitantes no tengan debilidad por el surrealismo, éste reta siempre y los pinceles de Remedios son una grata provocación a la estabilidad emocional de muchos.

Por múltiples motivos habría que correr, que digo correr, volar al MAM -que en cierta forma es la casa de Remedios-, sólo así se podrá constatar el porqué la obra de Remedios ayuda a soñar.