Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Por Patricia Karina Vergara Sánchez


La vida cotidiana nos revela la cultura de violencia social que persiste contra las mujeres, explica la autora, y en la que los hombres pueden desentenderse de sus responsabilidades paternas.



Ayer, a la combi del transporte público en donde yo viajaba, subió una pareja con paquetes de un centro comercial. Ella era linda, pero él era muy llamativo. Piel clara, barba oscura de progre, brazos llenos de tatuajes elaborados y coloridos. Cada uno llevaba en la mano un vaso desechable largo y transparente que contenía café frappé o algo así, cubierto de crema batida y lluvia de chocolate. Perfecta pareja en tarde de compras en sábado.

Se acomodan y van charlando en sus asientos. Él le dice a ella que espere un minuto. Saca el teléfono y marca:

-No voy a poder ir, mi amor, me salió mucho trabajo…no, en la semana tampoco. Lunes, martes, miércoles, me necesita mi jefe… cualquier cosa que necesites, me llamas a casa de tu abuelita Rosa…pero sabes que te amo mucho. Cuídate. Te amo, te amo… Pásame a tu mamá.

-…Qué mal, está muy mal, seguro fue en la escuela. Yo no tengo dinero, tal vez hasta el jueves, ya ves cómo es mi jefe. ¿Por qué no le cortas el cabello?… que le quede chiquito, muy chiquito y así se le quitan… entonces dile a su abuela, a ver si ella sabe un remedio… no, dinero no tengo… pues hasta el jueves, pero ni modo que se quede así hasta el jueves, va a ser peor. Ve lo que puedes hacer. Yo digo que le cortes el cabello bien corto… pues bueno… me surgió trabajo en la oficina nueva…no puedo… ya ves. Bueno.

-Ya hablé con tu mamá… ella va a ver qué hacen. Ojalá se te quiten pronto. Deseo que te mejores. Ahora sí te veo la otra semana. Te amo.

El sujeto corta la llamada, voltea y le sonríe a la chica. Le explica:
-La mamá luchona, ya sabes.

Yo lo miro y quiero recordarle que el jabón para piojos cuesta lo mismo que los cafés que van bebiendo, cuando suena su teléfono y contesta.

– ¿Qué hay, putito, cómo vamos? Entonces, ¿llevo refrescos grandes o qué llevo?

Él, no lucha ni resuelve ni es ayuda ni asume responsabilidad, es un papito mediocre. Es un ser ínfimo y mediocre.

La “mamá luchona” se quedó la tarde de ayer a luchar contra los piojos del pequeño o de la pequeña; se quedó a luchar contra la carita triste de su bebé porque, otra vez, le salió “trabajo” al tipo; se quedó sin las horas de descanso que le correspondían ante el pesado trabajo que es la crianza porque el tipo decidió postergar esa semana; si a ella se le ocurre pedir ayuda esa tarde a alguien y salir a bailar, a tomar un café o a tener vida sexual con otra persona, será criticada por su entorno. A lo anterior, hay que sumarle que es constantemente humillada por tener que pedir colaboración económica y ridiculizada por la cultura de violencia social que trata de forma despectiva a las mujeres que crían sin compañero visible.

En tanto, el tipo pasa un brazo sobre los hombros de la chica y sorbe por el popote su bebida.

Sí, ella, la que recibió esa llamada en donde le dijeron que viera cómo resolver el problema, es una madre luchando. Sin embargo, él, no lucha ni resuelve ni es ayuda ni asume responsabilidad, es un papito mediocre. Es un ser ínfimo y mediocre.