Por Lucía Rivadeneyra


Con 42 años de instituido el Premio Cervantes, la uruguaya Ida Vitale es la quinta mujer en recibirlo. La columnista nos acerca a su trayectoria y obra poética.



Ida Vitale se ha convertido en la quinta mujer en obtener el Premio Cervantes, considerado el nobel de literatura en castellano. Ida Vitale nace en Montevideo, Uruguay en 1923; por tanto, recibe este galardón a los 95 años. Su trayectoria abarca la poesía, el ensayo y la traducción.

Dice el acta del jurado que este premio se le ha concedido “por su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y hondo. Convertida desde hace tiempo en un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del español”.

Instituido desde 1976, la cifra de premiadas apenas se acerca al 20 por ciento. Las otras galardonadas son las españolas María Zambrano en 1988 y  Ana María Matute en 2010; en 1992 lo recibió la cubana Dulce María Loynaz y, en 2013, la mexicana Elena Poniatowska.

A Ida Vitale, la dictadura la obligó a padecer el exilio. De 1974 a 1984 vivió en la ciudad de México, periodo en el que frecuentó el mundo de la literatura y el periodismo mexicanos. Alternó con Octavio Paz, Fernando Benítez, Huberto Batis, Emmanuel Carballo, entre muchos otros. Desde fines de los ochenta se asentó en Austin, Texas y recientemente se mudó a Uruguay junto con todos sus libros que -dice- aún no termina de acomodar.

Este es uno de sus poemas, sin duda para la reflexión cotidiana, que circuló en redes sociales con motivo del anuncio del premio. Podría repetirse en el coche, en el quirófano, en la banqueta, en las oficinas, en las universidades, en las conferencias:

Sí, no vayamos más lejos
quedemos junto al pájaro humilde
que tiene nido entre la buganvilia
y de cerca vigila.
Más allá sé que empieza lo sórdido,
la codicia, el estrago.

La vida ha sido generosa con ella, la ha dejado llegar a esta edad con lucidez y con posibilidades de moverse por el mundo. Con una capacidad maravillosa para responder preguntas de decenas de periodistas y para contar anécdotas como por ejemplo, en una nota de La razón on line sin crédito, dice:

“¿Trató mucho a Onetti?

“Era muy amigo de la casa, aunque una vez nos peleamos porque él iba a publicar un libro como inédito y yo le dije que eso no era nada nuevo. Se puso furioso, me dijo que estaba loca, que él lo había encontrado en el garaje de la hermana y que lo había arreglado. Le dije que yo reconocía todo el escrito excepto algunos pasajes que le describí. Entonces se hizo un silencio en el teléfono y dijo: ‘Eso es lo que acabo de escribir’. Se calmó y entendió que yo no lo hacía por molestarlo. Luego encontré dónde lo había leído: en la revista Alfar. Ahí le publicaron un primer fragmento de lo que sería ‘Tan triste como ella’.

“En otra ocasión, Onetti vio un perro que yo tenía en la playa. Cuando entró a la casa, quiso saber cómo se llamaba el animal. Le respondí que Macedonio Fernández. Entonces me miró de arriba abajo y preguntó por qué el perro no se llamaba Juan Carlos Onetti. Le dije que sería muy incómodo que coincidieran en el mundo dos Juan Carlos Onetti (ríe).

“¿Tiene razón Pessoa cuando dice que el poeta es un fingidor?

“Con algunos colegas, sí.

“¿Es fan de Sor Juana?

“¡Claro! Santa Teresa también tenía lo suyo.”

La sencillez de su poesía, su visión del mundo y la naturaleza son como una caricia entre la niebla de estos tiempos terribles. Genera muchas emociones gratas saber que ha ganado a pulso, a golpe de tecla, algunos de los premios literarios más importantes como el Octavio Paz, en 2009; el Alfonso Reyes, en 2014; el Reina Sofía, 2015; el Federico García Lorca, 2016; el Max Jacob, 2017; y en este año ¡dos!: el Premio FIL de Guadalajara que le será entregado el 24 de noviembre y el Cervantes que recibirá en abril del próximo año.

Es autora de poemarios como La luz de esta memoria (1949), Palabra dada (1953), Cada uno en su noche, (1960) Oidor andante (1972), Elegías en otoño (1982), Sueños de la constancia (1988), sólo por mencionar algunos; asimismo, entre sus ensayos se encuentran títulos como El ejemplo de Antonio Machado (1940), La poesía de Jorge Lima (1963), La poesía de Cecilia Meireles (1965)…

Alguna vez un reportero le preguntó si la poesía podría ser ese puente que nos une en medio de la desesperanza y ella contestó: “Yo creo que sí. Por lo menos es una gran alegría cuando alguien repara en un poema”.

Ida Vitale está más vital que nunca; decir esto parece frase hecha, pero es una realidad. Ella y su poesía laten, vibran, están en el mundo y es un lujo gozar su quehacer literario, es una oportunidad que la vida pone al alcance de la mano. Y se deja por aquí un poema más, para caer en la tentación de acercarse a su trabajo:

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.

No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.

Ser humano y mujer, ni más ni menos.