Por Elvira Hernández Carballido


A propósito de este nuevo libro coordinado por Patricia Galeana, la columnista nos habla de su ‘necedad’, compromiso y pasión por estudiar e investigar sobre la participación femenina.



Fue en 1985 cuando una jovencita universitaria respondía segura a su profesora de seminario de investigación, cuál era el tema de su tesis para titularse como licenciada en ciencias de la comunicación: Las mujeres periodistas mexicanas del siglo XIX.

– ¿Y eso a quién le puede interesar?

– Disculpe maestra, pero yo creo que alguien me abrió el camino para estar aquí hoy, deseando ser periodista, quiero saber quiénes fueron esas pioneras.

– Pierdes el tiempo, no es relevante. Además, no hay nada sobre ese tema.

Por supuesto, la chica salió molesta de su salón, maldiciendo muy bajito a la catedrática. Pero la profesora la alcanzó en el pasillo: “No te enojes, mejor me demuestras que de verdad tu tema puede ser original”. La pasión y necedad de la chica le ayudaron a encontrar en la biblioteca el libro de Fortino Ibarra de Anda, escrito en 1936, que recuperaba nombres y fechas de las mujeres periodistas en México. Así, logró encontrar en la Hemeroteca Nacional cuatro periódicos representativos: Las hijas del Anáhuac, El álbum de la mujer, El correo de la señoras y Violetas del Anáhuac. Al finalizar 1986 colocó su tesis terminada encima del escritorio de su profesora, que con humildad y cariño celebró que su alumna pudiera demostrarle la importancia del tema y aportar los datos que daban nombre y presencia a las mujeres periodistas en México.

Esa necedad se volvió entonces un compromiso y desde entonces ella sigue buscando, busca y busca los periódicos, los artículos, los nombres, las fechas, las épocas y los contextos que le permitan afirmar que las mujeres somos protagonistas de la historia. Pero esa búsqueda no sería posible si no hubiera otras mujeres que se empeñaran en descubrirnos y en vencer el olvido, por eso hoy celebro la edición de este libro coordinado por Patricia Galeana, Mujeres protagonistas de la historia.

Y aquí estoy, junto a mujeres que han sido tan significativas en mis pesquisas, tan importantes en mis hallazgos. Entonces, tengo que mencionar, jamás podría omitirlas, a cada autora de esta obra.

Por supuesto, debo iniciar nombrando a doña Patricia Galeana, tantos libros llenos de nuestra historia, tantos datos compartidos, tantas pistas para descubrirnos, mujer de generosidad eterna, que nos invita a abrir espacios para dar voz a tantas mujeres, que nos permite reunirnos en estas páginas y seguir trazando figuras femeninas en la historia.

María de Lourdes Alvarado y Anne Staples han logrado con su generosidad académica, con su pasión histórica, así como su entusiasmo lleno de sororidad, que muchas estudiosas e interesadas en el tema encontremos aliadas en el camino. Sus libros son el punto de partida de muchas de nosotras para empezar alguna investigación sobre mujeres e historia, sus textos son ejemplo e inspiración, los datos aportados la certeza constante de que somos protagonistas de la historia.

Y en la obra participan otras dos mujeres muy significativas en mi vida, tan cercanas a mi corazón. Ana Lau, mi maestra por siempre, a quien cito una y otra vez en mis trabajos, cuyos libros aspiro -o sea me doy toques académicos con ellos- de todas las maneras posibles para que su aroma de historia inunde mis pulmones y pueda respirar para investigar sobre mujeres e historia una y otra vez. Sí, investigar, para buscar nombres de mujeres, y sí, otra vez, comprobar que son protagonistas de la historia.

Mi admirada Sara Sefchovich, que me ha tomado de la mano siempre para encontrar a las escritoras latinoamericanas o a las consortes inolvidables. Que me ha hecho creer que existe el demasiado amor y ahora por su culpa recorro gozosa todito México como recorro el cuerpo del hombre que amo. Sara, la misma que me hace preguntar a cada rato si somos mejores las mujeres y que hace poco me acabó de convencer que nada mejor que la herejía para combatir la violencia.

También descubro entusiasta a otras aliadas que escriben con precisión y que delatan su formación como historiadoras, Guadalupe Jiménez y Alicia Tecuanhuey Sandoval, que abren este libro con sus textos originales, con ritmo histórico. Su discurso va borrando las estampitas “clásicas” de las tareas escolares -¿se acuerdan? Nuestras heroínas de 1810 siempre de perfil y con chonguito- para presentarnos con sus palabras a dos mujeres simbólicas en uno de los momentos más representativos de México: la independencia.

Y ya no sé dónde empieza una y donde termina la otra, quién conquistó a quién, y cuál de las dos insiste en contarnos su historia, Rosa María Valles y Hermila Galindo están juntitas, revueltas y enredadas en esa pasión por escribir, por el periodismo y por nuestras historias de vida.

Y entonces, descubro con orgullo que en este índice está también esa muchachita universitaria que en 1986 hizo su tesis sobre mujeres periodistas del siglo XIX y con la que intenté al inicio de mi texto captar su atención, ella o sea yo, Elvira Hernández Carballido, y mi necedad y mi pasión y mi agradecimiento por estar dentro de este libro con mujeres que admiro, con mujeres que quiero, con mujeres protagonistas de nuestra historia.

Por eso, celebro esta obra, agradezco a Patria Galeana su generosidad y sororidad y brindo por ella, por cada autora, por cada mujer que recuperamos en este libro y por todas las mujeres protagonistas de nuestra historia, así que salud por… Leona Vicario, que escribió con seguridad que el amor no es el único móvil de las acciones femeninas sino también lo es el amor a la patria y la lucha por ese ideal de libertad.

Por Josefa Ortiz de Domínguez, patriota convencida que se adelantó a su época, que luchó por un México más justo y libre.

La Güera Rodríguez y su cajita con el retrato de ella, sus dos rebozos y cada una de sus cartas escritas de su puño y letra, siempre valiente, absolutamente voluntariosa, espíritu de rebeldía.

Margarita Maza, republicana que tenía gran respeto por las cuestiones públicas y participó en todas las formas que pudo: como esposa, madre, colaboradora política y diplomática.

Laureana Wright, periodista mexicana del siglo XIX, quien preguntó y respondió: “¿Qué necesita la mujer para llegar a la perfección? Fuerza de voluntad, valor moral, amor a la instrucción y, sobre todo, amor a sí misma”.

Sara Madero, la inseparable Sarita, esa mujer diferente que decidió acompañar a su marido en su lucha política, la misma que trató de salvar a su esposo y segura respondió a quien le negó ayuda: “Señor embajador, mi esposo no tiene ideas peculiares sino altos ideales”.

Dolores Jiménez y Muro, la poeta apasionada. Todo en ella es certeza y duda, realidad y ficción, heroísmo y flaqueza, fragilidad y fuerza, pasión y sosiego, honor y olvido. Datos inciertos y anécdotas memorables forman parte de su vida. Nuestro mito…

Juana Gutiérrez de Mendoza, que desde las tribunas de su periódico Vésper denunciaba: “No tenemos derechos, pero si los tuviéramos renunciaríamos a ocupar el puesto de Porfirio Díaz. ¡Es tan triste ser como él!”

Hermila Galindo y su periodismo en la Mujer Moderna.

Griselda Álvarez, que hizo historia al convertirse en la primera gobernadora en nuestro país.

Ellas, y cada una de nosotras, y las que faltan y las que van llegando y las que vendrán y las que hoy están aquí… Por eso advertimos:

Somos mujeres.
Que rompen cautiverios para ser ellas mismas.
Y nos hacemos visibles por la fuerza y por cada latido de nuestro corazón.
Mujeres de cabello blanco, nube antigua.
Mujeres de piel lozana, tronco suave.
Mujeres de voz fuerte, discursos de cascada.
Mirada en el horizonte.
Que se levantan con el sol.
Que se mecen en la luna.
Que se llaman como yo, como tú y como todas.
Que tienen una historia como la mía, como la tuya, como la de todas y necesitamos compartirla, denunciarla, reconocerla y transformarla.
Nuestra historia, nosotras, mujeres protagonistas de la historia.

*Texto leído en la presentación del libro Mujeres protagonistas de nuestra historia, martes 14 de agosto de 2018, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.