Foto: Dulce Miranda/MujeresNet

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo


La tecnología se ha desarrollado de manera vertiginosa, mas no así el desarrollo mental y social para afrontarla. La autora aporta datos estadísticos que muestran la relación que existe entre el uso de la misma y el descenso de la felicidad en jóvenes y adolescentes.



Como un personaje más de las relaciones, aparece la tecnología, si bien es un protagonista inerte que se involucra sin importar el ámbito. Está presente no solo como una manera diferente de comunicarse sino también como una forma de interrelacionarse con personas que pueden o no conocer, y recientemente es un intruso al apropiarse de tu información que va desde fotografías, mensajes, documentos y la ubicación o los lugares que sueles visitar. Ciertamente la tecnología es un facilitador del trabajo y de los oficios ya que permite emprender actividades en menos tiempo y de una forma que solo nuestra imaginación pone límite.

Esta tecnología que llevamos -en nuestra mano- como un celular inteligente, o como tableta, permite acceder a información ilimitada, pero también coloca toda la información que por desconocimiento se difunde en las diferentes redes o que guardamos en la nube siendo, por ello, vulnerable en su privacidad. Esto se ha desarrollado de manera vertiginosa, lo que no ha ocurrido con el desarrollo mental y social para tomar las medidas precautorias y de prudencia de lo que se quiere o no difundir.

A esto se suma que las formas de comunicación engendrada en las redes sociales obligan -como sociedad- a plantearse la pregunta si remplazan o bien complementan las formas de comunicarse. La comunicación requiere de un emisor y un receptor; que en este caso el receptor es un número ilimitado y lo que comunicamos no es necesariamente lo que se pretende que se difunda. La comunicación ha cambiado en su contexto. Además este intruso -el celular, la tableta- aparece en todo momento. La persona interrumpe conversaciones, reuniones de trabajo, las clases, o en cines, teatros, conciertos, deportes, que son espacios en que se posibilita la interacción presencial y se sustituye con comunicación no personal a partir de las diferentes redes sociales.

No es necesario traer a colación estadísticas del incremento de la violencia, de los suicidios, y en general de un malestar generalizado de la salud mental que generan o no los diversos trastornos de aislamiento y de tristeza que nos invaden. Si bien estos fenómenos han acompañado a la humanidad a través de la historia su incremento debe preocupar. En estudios recientes del Foro Económico Mundial, en colaboración con The Conversation , que realizó un estudio en un millón de adolescentes de Estados Unidos en cuanto al uso de su tiempo libre y de sus actividades extracurriculares, con la finalidad de conocer el descenso de la felicidad en un comparativo 2000 y 2012 entre adolescentes y adultos:

“El estudio arrojó que los adolescentes que pasaron más tiempo encontrándose con amigos, leyendo, haciendo ejercicio, practicando deporte o participando en servicios religiosos, eran más felices.

“En contraste, los jóvenes que pasaron más tiempo en internet, con videojuegos, en las redes sociales, mandando mensajes, usando diversos chats o viendo televisión eran menos felices.

“Es decir, todo aquello que no incluyera una pantalla estaba relacionado con una mayor felicidad y todo pasatiempo que incluyera una pantalla estaba relacionado con una menor felicidad.

“Las diferencias eran considerables: los adolescentes que pasaban más de cinco horas al día conectados tenían el doble de posibilidades de ser infelices que aquellos que pasaban online menos de una hora al día.

“Esta relación entre felicidad y uso del tiempo resulta un poco alarmante porque la generación actual de adolescentes pasa más tiempo delante de una pantalla que cualquier generación anterior. El tiempo que los adolescentes pasan conectados se ha duplicado entre 2006 y 2016; y un 82 por ciento usan las redes sociales a diario.”

Los estados de depresión a nivel mundial y nacional se han incrementado. Cabe hacerse las preguntas ¿qué tanto va de la mano el incremento de la población que cuenta con un teléfono inteligente y el tiempo que lo emplea? O bien ¿qué uso tienen estos aparatos? ¿Son las redes sociales las que provocan este decaimiento generalizado del estado de ánimo?

Según información de la Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas de Educación Superior, elaborada por la Secretaría de Educación Pública (SEP 2014) en México los y las jóvenes de preparatoria experimentan tristeza (36.5%), soledad (48.4%) que no podía más (34.9%), que su vida es un fracaso (26.4%), que todo era un esfuerzo (58.2%). También se detectó que 76.2% tienen sensación de tristeza o malestar, que se eleva a 80% en las mujeres y 72.2% en los hombres.

Por otra parte, según un estudio de la firma Kaspersky Lab (El Financiero 20-02-18) realizada a 16,750 usuarios/as de redes sociales del mundo, resaltan vivir una situación de frustración y tristeza. Según este estudio, la principal razón de infelicidad es porque se piensa que los contactos son más felices: Entre los resultados se encontró que 42% siente celos cuando sus amigos obtienen más me gusta y muchos experimentan envidia al ver las fotos de sus contactos con sonrisas.

La recomendación se centra en que se utilice la tecnología como una herramienta de trabajo, de estudio, que facilita las actividades y quehaceres diarios, pero no como un mecanismo de remplazo de las relaciones sociales. Los cambios en las estructuras mentales que sustituyan la relación entre personas con relaciones en redes, no se ha dado, y faltaría saber si la sustituirá, por lo que el uso de las redes en el caso de los y las menores y adolescentes -pero también de los adultos- debe de ser regulado en horarios y tiempos. Además sería necesario capacitarlos para su uso, en el entendido de que es un facilitador de la comunicación, no un sustituto. A lo que se sumaría la necesidad de trabajar en el fortalecimiento de menores y adolescentes para enfrentar la envidia y los celos que se derivan del uso de las redes sociales y que su felicidad no estriba en la de las demás personas.

Fuentes:

El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/ciencia/por-que-esta-creciendo-la-epidemia-de-la-tristeza-en-el-mundo (consultado el 20 de febrero de 2018)

Secretaría de Eduación Pública, SEP, Tercera Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas de Educación Media Superior. 2014 http://www.sems.gob.mx/work/models/sems/Resource/11599/5/images/sems_encuesta_violencia_reporte_130621_final.pdf (consultado el 27 de agosto de 2018)

The Conversation, revista digital http://theconversation.com/es