Conversan especialistas sobre situación de costureras y trabajadoras textiles

Foto: Elsa Lever/MujeresNet

Por Redacción


Desde la Colonia hasta el siglo XXI, las mujeres que laboran en este rubro han tenido muchas formas de explotación, que han quedado evidenciadas tras los sismos de septiembre de 1985 y 2017.



Ciudad de México /MujeresNet.- El 12 de septiembre de 2018 se llevó a cabo la conferencia “Costureras y trabajadoras textiles. Conversación histórica sobre la explotación laboral (en el aniversario de los sismos del 19S)”, en la que académicas integrantes del Seminario de Estudios de Indumentaria y Moda en México se reunieron en el Museo de la Mujer con el fin de hacer un recorrido por las distintas etapas de la historia de México, para demostrar que hay muchas formas de explotación de  las mujeres en este rubro y que esto no es exclusivo de esta ciudad ni de los últimos años.

La presentación, moderada por la maestra Martha Sandoval Villegas, representando al Museo de la Mujer, tuvo como eje a las trabajadoras textiles, “estas mujeres que han sido explotadas de múltiples maneras y que quedó nuevamente evidenciado”, dijo, refiriéndose no solo al sismo de la ciudad de México que ocurrió el 19 de septiembre de 1985, sino también al del año pasado, cuando se “abrió nuevamente la herida tras la caída del edificio de Chimalpopoca y Bolívar”.

La conferencia contó con la presencia de la Dra. Cristina Sánchez Parra, egresada de El Colegio de México; Martha Saldoval Villegas, maestra en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Claudia Tania Rivera Mendoza, socióloga y maestra por la UNAM; Mónica Cázares Castillo, egresada de El Colegio de San Luis,  y la restauradora Verónica Kuhlinger, quienes desarrollan investigaciones académicas de distintos periodos históricos y desde diferentes perspectivas.

El recorrido histórico inició con Martha Sandoval Villegas, especialista del periodo colonial, quien habló sobre las “Tramas entre división sexual del trabajo y abuso histórico de mujeres tejedoras en México”, haciendo hincapié en cómo las mujeres han sido, históricamente, las encargadas de la producción textil, teniendo en sus manos “la posibilidad de fabricar dinero, sin embargo lejos de ser algo que las benefició, más bien propició la explotación”. Sandoval Villegas narró cómo en Mesoamérica la fabricación de todos los textiles que se empleaban salían de manos femeninas, arraigando la asociación de “la buena tejedora con la mujer virtuosa”; incluso se recomendaba a las mujeres “reiteradamente” ejercer las labores textiles para poder ser amadas y merecedoras de “comer y decir”.

La académica comentó que a las niñas al nacer se les asignaba como destino el oficio textil y las labores domésticas, tal como lo muestran algunos ritos de bautismo del siglo XVI, en los que se daba identidad y se establecía la división sexual del trabajo, colocando objetos simbólicos de acuerdo al sexo, en el caso de las niñas  un huso, una escoba y un huipil.

Prueba de la sobreexplotación, continuó, son los restos óseos de mujeres encontrados en excavaciones en los que se aprecian huesos muy desgatados, especialmente de las falanges de la columna vertebral por la posición de los telares y las condiciones de trabajo que,  con la cultura hispana, no mejoraron, más bien se acercaron a la esclavitud.

Para hablar sobre el siglo XIX, durante el Porfiriato, estuvo Mónica Cázares Castillo, quien estudia un doctorado en El Colegio de San Luis. Su tema “Sin tregua ni ‘abandono de combate’: las costureras de munición 1876-1905”, abundó en cómo las mujeres catalogadas en este rubro  textil quedaron al margen del desarrollo industrial de la época, donde las máquinas de coser que comenzaron a comercializarse eran un lujo para ellas. La académica destacó las condiciones de trabajo del gremio de la munición, que lo convertían en un trabajo sacrificado, mal pagado y que perjudicaba la salud –incluso hasta la muerte- al pasar las costureras largas jornadas y sin comer.

Asimismo, mostró datos estadísticos de los bajos pagos que recibían y que revelaron, entre otras cosas, que al generalizarse el uso de la máquina de coser se desvalorizó el trabajo de las costureras de munición, quienes elaboraban a mano los uniformes militares, de las divisiones de caballería, artillería, infantería, enfermería, etc.

Cristina Sánchez Parra, quien realiza un postdoctorado en la Universidad Autónoma Metropolitana-Cuajimalpa,  abordó el tema “El ‘trabajo de la aguja’ en la Ciudad de México a inicios del siglo XX”, explicando la precariedad de vida en las costureras, quienes trabajaban a destajo. Habló también sobre la fuerza y organización de estas mujeres, quienes consiguieron crear el Sindicato de Costureras –impulsado por la Casa del Obrero Mundial-, y sobre la huelga que levantaron y que se extendió dos años, evidenciando las deplorables condiciones de salud e  higiene, así como el ambiente de violencia de género en que trabajaban.

En su turno la restauradora Verónica Kuhlinger, quien trabaja en el Castillo de Chapultepec, en su presentación “Conservación y restauración. Entre el regateo y la mezquindad” conversó sobre la importancia del arte textil indígena, el respeto y la valorización del trabajo de los y las artesanas, pues “regatear no es sinónimo de ahorro”, sino que revela el desconocimiento de lo que se contrata o compra, así como el tratar de sacar ventaja de las condiciones de discriminación, pobreza extrema, racismo y marginación en que viven los grupos indígenas. La especialista abundó, además, en los casos nacionales e internacionales de empresas que han plagiado imágenes de textiles indígenas –como las marcas Isabel Marant, Intropia, Rapsodia, Mara Hoffman, Nike, Pineda Covalin, entre otras-, y resaltó la urgencia de exigir el alto al despojo cultural de los pueblos indígenas.

Por último se contó con la participación de Claudia Tania Rivera Mendoza, quien realiza un doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su presentación “19 de Septiembre: las costureras y la memoria colectiva. Los sismos de 1985 y 2017 en la CDMX”, consistió en explicar las diferencias en los casos de los talleres textiles de los edificios que se derrumbaron en  San Antonio Abad y Chimalpopoca, en los sismos de 1985 y 2017, respectivamente. La académica argumentó que el número de costureras víctimas del sismo del año pasado debe ser menor a lo que inicialmente se calculó, pues se hablaba de la existencia de un sótano donde laboraba una gran cantidad de mujeres clandestinamente. Esto resulta equivocado, explicó, ya que el edificio de Chimalpopoca y Bolívar no tenía sótano, sino era un almacén de telas y un taller de diseño de corte, y las mujeres que ahí se encontraban trabajando posiblemente eran muy pocas, ya que el proceso de producción y confección del vestido ha cambiado.

Ahora, continuó explicando, se trata de microempresas,  los talleres están separados de donde se diseñan las telas, y éstos cuentan ya con máquinas láser que cortan la tela sustituyendo la mano de obra, así como con máquinas ensambladoras; asimismo, mucho del trabajo es en casa, debido a que la dinámica de las microempresas es el trabajo a destajo. Esto, junto a las  innovaciones tecnológicas, han desplazado a las costureras, razones por las que muchas de estas mujeres trabajadoras “probablemente estaban en sus casas; ya no es la gran concentración”.

De acuerdo con Rivera Mendoza, si bien las costureras no tienen en la actualidad mejores condiciones de trabajo, hay una exageración de las consecuencias trágicas del sismo de 2017, debido a la “remembranza” social que hace “eco” a la magnitud de lo ocurrido en el terremoto de 1985, memoria histórica que ha quedado registrada en el Monumento a la Costurera, en San Antonio Abad, y en el mural en la barda de Chimalpopoca y Bolívar con la consigna “Una costurera vale más que toda la maquinaria del mundo”.

La conferencia finalizó con una ronda de preguntas por parte de quienes asistieron.  El Seminario de Estudios de Indumentaria y Moda en México, del que forman parte las ponentes, sesiona en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.