Foto: Mariana C. Bertadillo/MujeresNet

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo


Ante el aumento de casos de abuso infantil y de asesinatos de menores, la autora presenta una propuesta de cinco acciones: integración de información; fortalecimiento de la figura materna y paterna; formación de la madre y el padre; fortalecimiento del menor y su empoderamiento, y seguimiento e identificaciones de delincuentes sexuales.



¿Qué ocurre? Qué cambio se ha dado en la sociedad, en nuestro país para que esos criminales sexuales salieran de sus escondites y no solo abusaran de menores, sino que ahora los/las matan. Algo que en México tenemos presente cada día es el incremento de la violencia con manifestaciones extremas de crueldad que buscan amedrentar a los grupos contrarios en el crimen organizado, pero que terminan impactando a la comunidad.

Sin embargo hay otras formas de violencia que no están relacionadas con los grupos criminales. En las últimas semanas se ha dado difusión a desapariciones de menores, que no quedan ahí sino que días después encuentran el pequeño cuerpo con signos de abuso sexual. El entorno de violencia vulnera a los más débiles: los y las menores de edad.

Es necesario subrayar la escasez de datos confiables y periódicos que permitan marcar tendencias y perfiles del fenómeno del maltrato, negligencia y violencia sexual en menores. Bajo este contexto podemos señalar:

* Se ha dado un incremento del maltrato infantil en México, lo cual se puede deber a que el aumento de la violencia generalizada en el país abrió las puertas a otras formas de agresión generando una permisibilidad para los delincuentes sexuales.

* Se ha dado un incremento en el abuso infantil en México en el ámbito público, esto es, fuera de su familia, de su hogar. Si bien, se ha realizado una importante labor institucional para la prevención del abuso en menores, éste sigue manifestándose de manera alarmante; tanto en la escuela, en la iglesia o en el vecindario el menor se encuentra vulnerable y es consecuentemente una víctima potencial de cualquier forma de abuso sexual, que ahora le cuesta la vida.

* Se ha dado un incremento en el abuso infantil en México en el interior de su hogar, en su familia, ya sea por el padre, padrastro, primos, abuelos, todos aquellos que se encuentran en lo que se llama el primer círculo de convivencia del/la menor. Este incremento en buena medida se debe al innegable proceso de visibilización, esto es, la violencia sexual en menores se identifica y se denuncia, si bien no podemos negar una constante en el aumento de casos.

* Se han incrementado los casos de negligencia del menor, ello se puede deber a que ambos progenitores tienen que laborar, o bien al incremento de madres solteras que no cuentan con redes sociales de apoyo para el cuidado de los menores, por lo que se quedan solos en casa en el completo abandono y descuido, con presencia de accidentes con secuelas permanentes en el o la menor y en el peor de los casos su muerte. Baste señalar que en periodo de vacaciones de los y las menores los accidentes en que son protagonistas se incrementan. En las últimas fechas, a nivel nacional e internacional se ha dado el olvido del menor en el automóvil, lo que termina con su vida al morir por deshidratación y calor.

Estos cuatro tipos de violencia hacia menores son graves; producen importantes afectaciones en su desarrollo físico, psicológico y mantienen -si no le cuesta la vida- una tendencia de incrementarse, lo grave de este fenómeno es que, si bien en todos los casos se trata de maltrato, negligencia y abuso en menores, las características son diferentes, esto es, la relación de víctima-victimario es derivada de un contexto sociocultural e histórico; la recomendación es hacer esta distinción cuya finalidad es desgranar el fenómeno y analizarlo desde la interdisciplinariedad con la finalidad de lograr impactar en la disminución de hechos.

Como se puede apreciar el fenómeno del maltrato, negligencia y abuso infantil es estructural, de amplias dimensiones y afectaciones, por lo que debe de ser abordado de manera interdisciplinaria. Es una problemática que continúa en incremento y las políticas públicas y acciones emprendidas para aminorarlo se han dirigido a la prevención y atención, que dada la gravedad del hecho han sido acciones de gran trascendencia, sin embargo no se ha logrado impactar en su incidencia; de manera paralela, se han presentado cambios en la sociedad y en sus instituciones que propician que se extienda.

La ausencia de información confiable y representativa que permita contar con un panorama fidedigno, lleva a presentar la propuesta de emprender acciones en cinco puntos:

1. Integración de información.
2. Fortalecimiento de la figura materna y paterna.
3. Formación de la madre y el padre.
4. Fortalecimiento del menor. Empoderamiento.
5. Seguimiento e identificaciones de delincuentes sexuales.

1. Integración de información

Se requiere contar con una base estadística y georreferenciada de los hechos de maltrato y abuso sexual en menores que sea confiable y periódica. Esta información permitirá contar con un panorama de la dimensión, periodicidad y localización de los casos. Al disponer de estos datos será posible tomar medidas focalizadas en zonas en donde se presentan más casos, y analizar las características psicosociales del espacio en donde se concentran.

Se recomienda el establecimiento de un proceso de recopilación de información institucional bajo la jurisdicción del INEGI, a fin de garantizar la calidad, periodicidad, veracidad, representatividad de la información y realizar el proceso de georreferenciación de la misma.

Por otra parte, se requiere el establecimiento de una Norma Oficial en México para la identificación y tratamiento de casos de maltrato infantil que se aplicaría no sólo en el ámbito de los centros de salud sino también en los centros educativos, en seguridad pública (los C4, C5), lo que permitirá identificar y registrar los casos con la información integral para su posterior análisis, así como establecer el procedimiento adecuado de la atención, canalización y tratamiento de la o del menor afectado.

En este sentido, es de radical importancia el disponer del perfil de la víctima y del victimario a fin de establecer constantes, no sólo de personalidad, sino del hecho mismo, el lugar en que ocurrió, la relación con la víctima, la hora y fecha, las características de la familia, de la relación y atención del menor en su familia, la tipología, psicología del victimario y de la víctima, esto es, información cuantitativa y cualitativa del hecho, la cual deberá de ser analizada de manera interdisciplinaria, a partir de la integración de un grupo conformado con especialistas de diferentes ramas a nivel nacional que tome la tarea de realizar esta titánica labor y que proporcione un panorama de las constantes y las tendencias de este fenómeno.

2. Fortalecimiento de la figura materna y paterna

Ser padre y madre -como hecho biológico y social- se define histórica y culturalmente y repercute en la persona, en su desarrollo y desenvolvimiento como miembro funcional de la sociedad. En los tiempos actuales estos roles han cambiado de manera importante en su definición y básicamente en su práctica. Se trata de una función combinada con otras, con las que compite y no resulta ganadora. Esta multifuncionalidad de los progenitores impacta en la sana convivencia y cercanía con los hijos e hijas, ya que la responsabilidad de la crianza se acompaña de la preocupación por proporcionar alimentación, vivienda, salud y educación que resultan fundamentales y que absorben su tiempo y atención de manera primaria.

La complejidad de la vida diaria de la familia, se vuelve cotidiana al desarrollarse en la esfera de lo privado; se deja de percibir y se relega, asignándole poca importancia, ya que entre las diversas ocupaciones, responsabilidades de las madres y de los padres, se ha distorsionado la práctica de la crianza de los menores en casa limitándose -las más de las veces- a una figura de proveedor y de asistencia, digamos presencial.

Los progenitores son los responsables directos de la crianza, para lo cual cuentan con un importante apoyo institucional como son: guarderías, centros educativos dedicados al cuidado y desarrollo de la infancia. Ello ha derivado en que esta labor se realice a una prudente distancia -no deseada y posiblemente no intencional- en que las madres y padres son en la actualidad proveedores -en el mejor de los casos- y responsables de la asistencia de las y los menores. Esto ha propiciado que la convivencia, educación y transmisión de valores fundamentales para el sano desarrollo emocional, físico y social se perciban como implícitos; cuando no es así, requieren un esfuerzo adicional.

3. Formación del padre y de la madre

Como complemento al punto anterior está la formación de la figura paterna/materna, a través de la implementación de capacitaciones de los padres y madres, con la finalidad de brindarles los elementos básicos para el desempeño de su rol. Esta actividad debe de iniciar desde la secundaria a población escolar, y fortalecerse con talleres al momento de contraer matrimonio civil, o bien realizar el registro del nacimiento de un o una menor. Hombres y mujeres, desde la juventud y ya con el compromiso de ser padres y madres deben de contar con la formación a partir de talleres, clases y pláticas para lo cual los centros educativos de todos los niveles deben de incluir una materia de la importancia de la familia, en este sentido se puede contar con el apoyo de las diferentes iglesias, de asociaciones civiles y por supuesto de los centros educativos en todos sus niveles.

De manera complementaria se debe de trabajar en el fortalecimiento de la persona para enfrentar dificultades y conflictos, con talleres de resiliencia, sentido de vida (logoterapia) y de resolución no violenta de conflictos. Se recomienda se impartan desde la secundaria, y que se fortalezcan al realizar un trámite de registro civil de nacimiento o de matrimonio y a lo largo de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

4. Fortalecimiento del menor. Empoderamiento

El cuidado de las y los menores en casa por sus madres y padres, es un tema delicado y de gran responsabilidad que requiere de orientación y de mayor apoyo institucional, a fin de solventar el ritmo de vida actual combinado con las cargas de trabajo excesivas y la penuria de los ingresos que han generado y afectado el ambiente y convivencia en las familias.

Hay un nuevo juego de roles que se viven al interior de la familia, en donde la mujer lleva una doble o triple jornada de trabajo, y el hombre inicia con un proceso de involucramiento en las actividades de crianza, que aún no alcanza a cubrir plenamente. Bajo este panorama ¿cómo fortalecer al o la menor? En este sentido se recomienda el enseñar al o la menor al autocuidado, fortalecer sus capacidades, fortificarles como sujetos de decisión que disponen de elementos físicos y mentales para demandar respeto y espacio. Dado que mucho de los abusos sexuales y de maltrato se dan al interior de la familia, es necesario brindar al o la menor herramientas para que desarrolle habilidades de autoprotección. Esto puede resultar complicado, porque esta actividad se debe de realizar por las instituciones, familiar y educativa, las cuales se encuentran debilitadas, por lo que el proceso debe de iniciar de manera paralela, con la reconstrucción de estas instituciones, pero también trabajar en el empoderamiento del o la menor. Finalmente, esta acción de fortalecimiento debe de ir acompañada del desarrollo de resiliencia a fin de que aprenda a enfrentar dificultades y pérdidas, además de la resolución no violenta de conflictos de gran importancia para el desarrollo de habilidades de sana convivencia y de combate a la violencia con énfasis en el desarrollo de tolerancia, y finalmente el inculcar al o la menor la responsabilidad y trascendencia de la familia, con el consecuente desarrollo de los roles de padre y madre.

5. Seguimiento e identificaciones de delincuentes sexuales

Las personas que han cometido delitos sexuales deben de ser identificadas, y establecerse una ficha con su información; está comprobado en su perfil que serán recurrentes en sus delitos, por lo que sus vecinos/as deben de tener conocimiento de su estado de salud mental, y además no debe de estar en contacto o cerca de menores de edad, en otras palabras debe de conformarse un Registro Nacional de Delincuentes Sexuales.

Conclusión

Es urgente abordar el fenómeno social de manera interdisciplinaria e interinstitucional, además de subsanar algunas carencias de información para su análisis. En la práctica vemos estudios aislados que no logran la propuesta que propicie la disminución, o erradicación del fenómeno social estudiado; es una visión parcial, se requiere el abordar el hecho desde diferentes perspectivas y conjuntarlas para dar una respuesta integral al problema social, a fin de tomar las medidas que arrojen los resultados esperados: su disminución y erradicación.

Los y las menores han sufrido históricamente maltrato y abuso sexual, las cifras no son confiables a nivel internacional, o nacional, lo verdaderamente importante es el número de casos -denuncias-. Si bien éstas se han incrementado debido principalmente a las políticas preventivas, el y la menor lo reconocen y avisan. Pero sin importar que las cifras sean confiables o no, es un hecho innegable que el menor sujeto de maltrato y abuso sexual, es vulnerable.

Es responsabilidad de la sociedad -el Estado- el generar prácticas encaminadas a disminuir y erradicar el maltrato y abuso infantil, para lo cual es necesario conocer el fenómeno con la finalidad de aplicar políticas públicas certeras, y principalmente rescatar los roles de padre y madre, brindándoles elementos para que ejerzan esta importante labor con ética, conocimiento y en armonía. Lo cual debe de ir acompañado de la revalorización del y la menor como un ser integral; sí en formación, pero con capacidad de protegerse y opinar. Trabajemos en el empoderamiento de menores; mucho del abuso y maltrato que viven se evitará con menores en un desarrollo integral y sano.

Finalmente, la identificación del delincuente sexual es fundamental para lograr una efectiva protección de los y las menores. Ya que quien comete un delito sexual tiene una alta probabilidad de volver a cometerlos, la integración de un Registro Nacional de Delincuentes Sexuales resulta estratégico.